24 de Septiembre de 2018

Opinión

Medicina y Literatura

Muchos hombres han transitado por ambas rutas: los médicos haciendo de escritores y los escritores recreando a los médicos, con resultados muy saludables.

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La Medicina y la Literatura son dos caminos diferentes que conducen al mismo destino: al arte de preocuparse por los demás; la Medicina curando enfermedades y la Literatura enseñando a ser mejores seres humanos; por eso muchos hombres han transitado por estas dos rutas simultáneamente: los médicos haciendo de escritores y los escritores recreando  a los médicos, ambos con resultados muy saludables. 

La Biblia aporta un ejemplo  de médico escritor en San Lucas, quien  ejerció la Medicina sin el carisma de la curación otorgado por Cristo a los apóstoles y  fue uno de los cuatro autores de los evangelios, por eso es el protector de la Medicina, aunque el de la Dermatología es Santo Tomás por aquello de “hasta no ver, no creer”.  Antes de Cristo, los libros de Hipócrates establecen las bases de una medicina racional y humanística. 
En pleno oscurantismo europeo  de la Edad Media, el islam tiene en Avicena  a un médico  y filósofo de conocimientos enciclopédicos, cuya obra  iluminó esa etapa de la historia. 

El médico escritor es quien, ejerciendo la Medicina, escribe creativamente sobre temas diferentes a su profesión; el contacto con los enfermos lo coloca en una posición privilegiada para conocer mejor la naturaleza humana, desde su grandeza hasta sus miserias, lo que hace un campo fértil  para la Literatura.

Arthur Conan Doyle, creador del detective más famoso de la literatura, Sherlock Holmes, y de su inseparable -su alter ego- Dr. Watson, ejerció como oftalmólogo, actividad que abandonó por su éxito literario. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, dejó grandes ensayos sobre Dostoievski, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Edipo y Moisés; Oliver Sacks,  neurólogo y escritor, es autor de “Despertares”.

Los poetas Schiller y Keats abandonaron  la Medicina por la pasión literaria. A.J. Cronin, autor de  “La ciudadela”, decía: “No habría escrito los libros que publiqué si no hubiera ejercido 11 años de médico”.

En México, Mariano Azuela, autor de “Los de abajo”,  fue un comprometido médico de la revolución. El inspirado poeta Manuel Acuña murió siendo estudiante de Medicina, víctima de la enfermedad que marchita las flores siendo aún capullos.

Cervantes es un  ejemplo de escritor médico, demuestra su  gran conocimiento de la Medicina en: la histeria  del “ Licenciado Vidriera”, la celopatía  del “Celoso extremeño” y una amplia gama de enfermedades en el “Quijote”, destacando sus “lúcidos intervalos”.

Mary Shelley con su Dr. Frankenstein, el Dr. Moreau de H.G. Wells y el Dr. Jekyll de Stevenson, quienes no quisieron curar, sino manipular la vida, fueron superados en la realidad por el Dr. Menguele  en los campos de concentración nazis.

Antón Chéjov, dramaturgo y  mejor cuentista ruso,  dijo: “La Medicina es mi esposa legítima y la Literatura mi amante; cuando me canso de una, paso la noche con la otra y ello termina mejorando mi relación con ambas”. De médico, poeta… un poco.

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