17 de Noviembre de 2018

Opinión

Mercedes Sosa, la voz de Latinoamérica

Que se levanten todas las banderas de Latinoamérica ante la voz de la negra Mercedes Sosa, cantante de música folcklórica argentina...

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Que se levanten todas las banderas de Latinoamérica ante la voz de la negra Mercedes Sosa, cantante de música folcklórica argentina.

Fue la voz de las razas de los imperios del sol, donde el grito alza su llama en la canción de las largas lunas. Ella fue el canto de la tierra, hermana de los humildes sembradores de esperanza. Se definía a sí misma como “cantora” antes que “cantante”, en lo que fue una distinción fundamental de la nueva canción latinoamericana de la que ella fue una de las iniciadoras: “cantante es el que puede y cantor el que debe”.

Mercedes Sosa viene a mi mente cuando escribo para niños, en su canción “Ay, este azul”, que a la letra dice: “sólo quiere quedarse en mi voz, como un duende mojándome, este azul es un niño tal vez, con campanas de asombro tal vez, habitando lo que nunca fue, como un breve puñado de sol.

Mercedes subió al escenario y cantó Canción del derrumbe indio de Fernando  Figueredo,   acompañada sólo por su bombo, contrastando con la discriminación, política, social y étnica a la que fue sometida por las autoridades; el público estalló en aplausos y vivas aún antes de que finalizara la canción.

Ella nos da un bosquejo de los indígenas que fueron minimizados en “El indio toba”, “Sombra errante de la selva, pobre toba reducido, dueño antiguo de las flechas. Viejos brujos de los montes, no abandonen a sus hijos, gente buena, gente pobre”. 

Como expresaba en sus canciones: “uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas, lo mismo que un árbol que en tiempo de otoño se queda sin hojas. Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”. Y es así como exiliada seguía cantando como una cigarra para luego volver a su patria.

Mercedes llega como el rio, llega cantando y sin que nadie lo sepa se va llorando, su destino fue piedra y camino, fue un sueño lejano y bello, fue peregrina de la vida. Querida en todo el mundo y exiliada en su tierra. Por ello, para los cantantes radicales  que son exiliados cantaba, serenata para la tierra de uno: “porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy, por todo y a pesar de todo, mi amor, yo quiero vivir en vos”. Como afirmaba en su canción “Sólo le pido a Dios”, desahuciado está el que tiene que marcharse a vivir una cultura diferente.

Mercedes sigue siendo la voz que canta en el fondo obscuro del mar. Arrullada por las caracolas, es una voz antigua de viento y de sal, vestida de mar como Alfonsina. 

De la voz de Mercedes aprendimos “Canción para todos”, donde une a los latinoamericanos en un himno: “sol de alto Perú, rostro Bolivia, estaño y soledad. Un verde Brasil besa a mi Chile, cobre y mineral. Subo desde el sur, hacia la entraña América y total, pura raíz de un grito, destinado a crecer y a estallar.

“Todas las voces, todas, todas las manos, todas, toda la sangre puede, ser canción en el viento, libera tu esperanza, con un grito en la voz”.

En los años noventa del siglo pasado, Mercedes Sosa se consagró como una de las mejores cantantes del mundo y comenzó a ser llamada La Voz de América. Continuó dando recitales exitosos, actuando en estadios y en los escenarios más grandes y prestigiosos como el Lincoln Center, el Carnegie Hall, donde recibió una ovación de 15 minutos. 

Muchos como ella y como Violeta Parra, la Chilena, decimos: ¡Gracias a la vida! Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco, y en el alto cielo su fondo estrellado, y en las multitudes el hombre que yo amo. Gracias a la vida que me ha dado tanto, me ha dado el sonido y el abecedario,  con él las palabras que pienso y declaro: “madre, amigo, hermano y luz alumbrando, la ruta del alma del que estoy amando”. 

¡Gracias a la vida! Por darnos una voz con los latidos de la tierra, como la negra querida,  Mercedes Sosa.

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