17 de Diciembre de 2018

Opinión

¿Millennials o bajo la psicopolítica? (II)

Cuando Erich Fromm, en sus ensayos sobre el buen vivir, hace una crítica...

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Cuando Erich Fromm, en sus ensayos sobre el buen vivir, hace una crítica a la idea de libertad con la que actuamos, lo que expone es parecido a la experiencia de libertad que sirve de control al neoliberalismo. Sin duda las cadenas que sujetaban los tobillos desaparecieron de nuestra vista, lo que no queda muy claro es que cambiaron de forma y dirigieron la presión hacia la mente.

Para el filósofo Byung-Chul Han la psicopolítica son las nuevas técnicas de poder que el neoliberalismo -sistema del que sabemos nadie modera los límites del libre comercio- ejerce a través del condicionamiento de la psique, lo que a su vez propicia la existencia de este poder, como si se tratara de un círculo vicioso. Más que de imposiciones físicas, hablamos de una mentalidad que no es consciente de que está siendo sometida.

Nos creemos libres porque no somos obligados mediante control físico a ejercer la voluntad de otro, cuando de hecho sí lo estamos en la experiencia liberadora del sistema neoliberal. Han lo afirma textual: “La libertad del poder hacer genera incluso más coacciones que el disciplinario deber. El deber tiene un límite. El poder hacer, por el contrario, no tiene ninguno (…). El sujeto del rendimiento, que se pretende libre, es en realidad un esclavo. Es un esclavo absoluto, en la medida en que sin amo alguno se explota a sí mismo de forma voluntaria”.

La psicopolítica tiene registro de patrones de conducta que sus propios canales de control han producido, es por eso que puede llegar a predecir reacciones individuales y colectivas frente a acontecimientos políticos, ambientales e incluso en la esfera íntima. No en vano las redes sociales le son de gran utilidad.

Ante la falta de visibilidad de la relación explotador-explotado, dice Han, es el sujeto quien se explota a sí mismo, lo que tiene como consecuencia la aspiración del éxito demostrado en posesión de bienes materiales o reconocimiento social y que al no cumplirse origina ansiedades y depresión.

Al no haber una “oposición” clara, la lucha desiste, pues no hay una figura a la cual rebelarse. Así lo diagnostica Han mientras la inconformidad es menguada y movida a expresarse en las redes sociales. En ese espacio virtual es donde se empieza a promover la división generacional: baby boomers, generación x, millennials y centennials; haciendo de estos dos últimos objetos de odio de otras generaciones. La desunión sería una técnica más de control y purga de los que piensan diferente a la opinión pública.

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