20 de Noviembre de 2018

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Vasconcelos siglo XXI: esbozos en luz y sombra

Abogado, político, escritor, educador, funcionario público y filósofo oaxaqueño...

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Abogado, político, escritor, educador, funcionario público y filósofo oaxaqueño, José Vasconcelos Calderón fue más que eso, representa una genialidad del siglo XX, para esbozar a este célebre “Maestro de la juventud de América” hacemos un recuento de su vida y obra desde sus primeros años; como destacado integrante del Ateneo de México, simpatizó con el maderismo; los amores, exilios y búsqueda de sentido; su cosmología como misionero cultural siendo rector de la entonces Universidad Nacional de México y creador de la Secretaría de Educación Pública; así como las sombras que le provocaron hasta sus últimos días, el fraude a la presidencia de 1929. Acompañado por un vistazo a cien años de distancia en los cuatro capítulos que integran este artículo, donde, de forma fugaz, hacemos el ejercicio de entender parte del reflejo de nuestra historia, desde el fraude de 1988 hasta el triunfo del licenciado Andrés Manuel López Obrador el pasado 1 de julio y atrevernos a ver un poco más allá.    

Tal vez si el Maestro Vasconcelos hubiera ganado en 1929, nuestro presente sería distinto, ya que era el intelectual de Madero, fue demócrata, liberal y tenía la firme convicción de que la educación fuese acompañada de la ética, su trabajo político lo basó en principios, admiraba nuestras raíces y entendía el mundo. Fue en ideología un mestizo cultural, el artesano de lo intangible, revolucionario demócrata y un artista en materia de gobernanza.

 

Capítulo I: Desde el principio. El origen…

Nació en una familia muy católica, su padre Don Ignacio Vasconcelos Varela fue un boticario que llegaría a trabajar para la Dirección General de Aduanas, fueron nueve hermanos, sus abuelos tuvieron cierta cercanía con Porfirio Díaz, y su madre, Carmen Calderón Conde, le heredaría ese profundo sentimiento místico que acompañaría a José Vasconcelos Calderón toda su vida.

Oaxaca fue su cuna, pero debido al trabajo de su padre, se enlistaría en diversas escuelas en la frontera norte, el Estado de México, Campeche o en la Escuela Nacional Preparatoria de la capital mexicana, sitios que despertaron el interés de este joven por la ciencia, la literatura, la metafísica y los derechos universales. En los primeros años del siglo XX, recibe la terrible noticia de la muerte de su madre, hecho que solo logró superar con el amor de quien sería su primera mujer, Serafina Miranda.

Recordemos que la educación de aquellos tiempos era positivista, influenciada por el 

afrancesado grupo intelectual llamado Los Científicos (los “niños bonitos del porfirismo”) quienes detallaban el modelo que actualmente domina al mundo, ellos, en resumen, promovían el conservadurismo, la oligarquía y la tecnocracia, lo cual, por supuesto, Vasconcelos criticó cuando cursaba su licenciatura en derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, de la que se graduaría en 1907.

-¡Por los años de Don Porfirio!

En 1982, el Presidente de la República era el teniente militar Manuel González Flores, un personaje impuesto por el verdadero mandatario, el General José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, quien ocuparía la silla presidencial nuevamente en 1984, desde aquellos tiempos el gobierno mexicano actuaría bajo el interés de la aristocracia extranjera, los indígenas eran desterrados de sus lugares de origen y las tierras de los campesinos eran arrebatadas por los hacendados europeos amigos de Don Porfirio.

En algunos sectores –los menos-, si se contó con cierto progreso por la ampliación de las líneas férreas, la creación de lujosas arquitecturas, la alta cultura con sus bellas artes, entre otros avances tecnológicos de aquella época, pero también la gran mayoría sufría marginación y pobreza.

En fin… fue hasta que James Creelman con su entrevista al general en marzo de 1908, cuando enciende en el foco mediático una declaración que cambiaría el rumbo de México, Díaz mencionaría en la entrevista de 47 páginas Presidente Díaz, héroe de las Américas, publicada por la revista británica Pearson’s Magazine, lo siguiente:

“He esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado…”

Capítulo II: La Revolución para una era de lo mismo

-El ateneo de las juventudes...

Bajo el pensamiento de libertad de cátedra, el libre pensamiento y las ideas de democracia, el Ateneo de México es fundado por Vasconcelos, Antonio Caso, Pedro Enrique Sureña, Alfonso Reyes y otros jóvenes pensadores, mientras que una transformación política se fraguaba en contra de la reelección.

Francisco I. Madero invita a Vasconcelos a sumarse al Club Antireeleccionista en 1909, el joven abogado acepta y es enviado como secretario de asuntos externos a Washington, para 1910 el Club se convertiría en el Partido Nacional Antireeleccionista, que en las votaciones del 10 de julio de aquel año, Madero participara como su candidato presidencial, al enfrentarse al viejo Díaz por el Partido Reeleccionista y el Partido Nacional.

El resultado: fraude, lo que desembocó en el alzamiento armado del Plan de San Luis que diera inicio a la Revolución de 1910, Díaz frente a este escenario de guerra civil decide renunciar y abandona el país el 31 de mayo de 1911. El gobierno provisional llama a elecciones en 1911, en las que triunfa Madero.

En este proceso, Vasconcelos funda el seminario Antireeleccionista, se deja llevar por la pasión hacia “Adriana”, una enfermera de la Cruz Roja, que su nombre real era Elena Arizmendi Mejía y se postula a una candidatura como diputado, la cual pierde, refugiándose en su despacho.

En la decena trágica de febrero de 1913, Victoriano Huerta traiciona a Madero, quien junto a Pino Suarez son acribillados a manos del militar Francisco Cárdenas Sucilla, a un costado del Palacio de Lecumberri.

Vasconcelos se exilia en los Estados Unidos, poco tiempo después se alía con Venustiano Carranza, quien lo nombra agente confidencial en Europa y en el país vecino del norte con la misión de lograr el reconocimiento para el gobierno constitucionalista. Para 1914 se acerca a Villa y Zapata y en la Convención de Aguascalientes acepta realizar las reformas sociales de la Revolución, asume el cargo de secretario de Instrucción Pública por un periodo breve y tras las inconformidades por el régimen de Eulalio Gutiérrez, el Ateneo decide alejarse de México en 1915.

El exilio de 1915 a 1920 fue Nueva York. Rodó  los clásicos sugeridos por Justo Sierra, pulir una filosofía que incluía a autores como Plotino, Kant, Schopenhauer, Nietzsche o Bergson, mientras que la masonería le servía de foro para expresar sus descubrimientos y una intensa búsqueda espiritual que integraba principios orientales, hinduismo, así como la decepción amorosa de “Adriana” con uno de sus amigos ateneístas, Martín Luis Guzmán.

 

Capítulo III: Nuestra misión

-La cosmología del misionero cultural

Nombrado como rector de la Universidad Nacional de México por Adolfo de la Huerta, el filósofo del exilio, llega a México en 1920, donde como escritor expresa el romanticismo de sus textos como El Fusilado, donde refleja que las decepciones revolucionarias y las traiciones amorosas, encuentran la redención en la muerte.

Obregón lo invita a su gabinete, pero antes dejaría el lema del escudo universitario “Por mi raza hablará el espíritu” y en su genialidad comenzaría a escribir su obra maestra: La raza cósmica, texto que profundiza sobre los valores hispanoamericanos, ve a Latinoamérica como una gran mezcla de valores, cultura y filosofías que hace llamar: la quinta raza, la cósmica, la cual se funde con el mundo, resalta la mexicanidad, las raíces indígenas, donde entiende a la educación como una herramienta para lograr la igualdad, el motor que nutra las conciencias y el arte como el instrumento para pulir la inteligencia desde lo intangible, lo emocional. Así el hombre nuevo, el cósmico triunfa en el espíritu, que es lo perdurable y pone lo material en segundo plano, por ser algo inconsistente.

En su brillantez filosófica, el artesano de lo inmaterial, funde sus conocimientos aplicados a un programa gubernamental: la ciencia como el recurso técnico; promueve la escuela ética basada en valores; el aprendizaje con reflexión para que los individuos forjen su propia filosofía desde un método de pedagogía intelectual; donde los eslabones de sus misiones culturales tendrían tres componentes prioritarios: el libro, el artista y el maestro.

Bajo esta visión, en 1921 funda, en la administración de Obregón, la Secretaría de Educación Pública, la cual, entre sus primeros programas, desarrollaría las cruzadas educativas y culturales llamadas misiones, cuyo término en el periodo de la colonia utilizaran los sacerdotes ibéricos para hacer llegar la fe cristiana, solo que ahora era por medio de la educación como medio de desarrollo comunitario, mientras que fortaleciera lazos con países hispanoamericanos con las llamadas Embajadas culturales.

Filósofos, intelectuales, antropólogos y artistas se suman a la iniciativa alfabetizadora, el muralismo se ve acompañado de esta nueva era cultural, donde Diego Rivera y sus “Dieguitos” pintan en las paredes de los nuevos recintos educativos.

 

Capítulo IV: La filosofía del despertar

-La sombras de Vasconcelos.- En 1923 abandona la Secretaría de Educación Pública para postularse a la gubernatura de Oaxaca, la cual no logra y enemistado con el presidente Plutarco Elías Calles, Vasconcelos regresa al exilio en 1924 y radicaría en Europa y Estados Unidos, desde donde envía sus colaboraciones a periódicos que se oponen al régimen de Calles.

A la distancia, el “Maestro de Hispanoamérica” brinda conferencias en varios países, mientras que la Guerra Cristera explota en 1926 y dos años después se entera del asesinato de Álvaro Obregón, ejecutado por el cristero José de León Toral un 17 de julio, quien al interior del restaurante “La Bombilla” de la Ciudad de México, descargó seis tiros de su “Star” calibre 32 hacia el llamado “manco de Celaya”. Así, iniciaría el “Maximato” de Calles que duraría diez años, con presidentes manipulados por el “Jefe Máximo de la revolución” hasta la llegada de Lázaro Cárdenas en 1934.

Vasconcelos regresa en 1928 para iniciar su campaña a la presidencia en Guaymas, convencido por el descontento popular que lo ovacionaba, los antiguos maderistas, algunos revolucionarios, obreros y en su gran mayoría, estudiantes.

El financiamiento de la campaña era impulsado con donativos, aportaciones de intelectuales, artistas y gente de clase alta que simpatizaba con su causa, una de ellas era Antonieta Rivas Mercado, que en el corazón del candidato presidencial sería llamada “Valeria”.

Los vasconcelistas, por su parte, veían en la candidatura de su líder, no a un presidente, más bien un movimiento social que podría en un futuro, romper con los esquemas que Calles había impuesto y crear el modelo de gobernanza en el que soñaba José Vasconcelos, incluso un procónsul le aconsejaría: “La maquinaria del sistema es muy grande, su labor por democratizar es de gran importancia, espere la derrota, continúe trabajando y en cuatro años la victoria verá será suya”.

El 17 de noviembre de 1929 se realizan las elecciones, los dos principales candidatos eran: el impuesto por Calles, Pascual Ortiz Rubio del Partido Nacional Revolucionario y José Vasconcelos por el Partido Nacional Antirreeleccionista. El autoritarismo del Maximato actuó de forma provocativa, ya que antes de que iniciara el conteo de votos, periódicos norteamericanos ya anunciaba el triunfo de Pascual Ortiz con el 93.58 por ciento de las preferencias electorales.

Vasconcelos se encontraba en Mazatlán. Los estudiantes, algunos campesinos y un pequeño grupo de revolucionarios cansados, esperaban la instrucción del maestro para levantarse en defensa del voto, pero no daría la orden por varias razones, la principal sería -en aquel momento- su oposición al militarismo y detener el derramamiento de sangre hacia los estudiantes.

Aquí iniciaban los años grises de Vasconcelos, atormentado por lo que no pudo ser y hacer, regresa con su fiel compañero… el exilio. En Nueva York encuentra consuelo en las entretelas de Antonieta “Valeria” que sostendría la amargura que marchitaba al escritor del Ulises Criollo, la revista La Antorcha sería la catarsis de la derrota, de la injusticia y en Paris, Antonieta Rivas Mercado se da por vencida, en la Catedral de Notre Dame, después de la confesión -un tanto filosófica- que su amado hiciera sobre el hecho de no necesitarla, la lleva a tomar la pistola escondida de Vasconcelos y se pega un tiro.

De forma que pareciera mandato del destino, Calles es exiliado por Cárdenas y se reúne con Vasconcelos en Estados Unidos a mediados de la década de los treinta, este encuentro sería por un lado una gran nota para los medios y por el otro una noticia no tan bien recibida para los vasconcelistas.

Después de casi diez años de exilio, Vasconcelos regresa a México en 1938 como director de la Universidad de Sonora, sin lograr evitar su crítica al sistema político, es relevado de sus funciones como director y el maestro se aísla, encuentra en la religión católica de sus años de infancia un pequeño respiro, pero su encono por la izquierda se acentúa, dando un viraje en su ideología por la ultraderecha.

El nacionalismo alemán difundido en Latinoamérica, cortesía del abominable asesor mediático de Hitler, Geobbles, llega a los países americanos como un espejismo, en el cual Vasconcelos, como muchos otros pensadores hispanoamericanos, caen en la trampa. La engañosa propaganda facista de un pueblo que enaltecía su nacionalismo, criticaba a la falsa burguesía demócrata, exponía los supuestos abusos comerciales de los judíos, la amenaza comunista de los rusos y expresaba sus ideales de una raza pura, era un discurso que al maestro le sonaba un tanto convincente, así que en 1940 se publica la revista Timón, dirigido por José Vasconcelos, la cual cierra por disposición gubernamental cuatro meses después.

El período de la germanofilia pro-nazista, le duraría poco, en un inicio escuchaba los rumores de las atrocidades de los guetos, los campos de concentración, los genocidios, pero creía que era solo una campaña negra, pero al ver las pruebas en fotografías y reportajes, Vasconcelos reconoce su ignorancia, repudia y rechaza la nacional-socialista, así como el fascismo italiano.

Doña Serafina, su esposa, fallece a inicios de los cuarenta, pero una joven compañera renovaría las penas de Vasconcelos, la joven pianista Esperanza Cruz, 36 años menor que el Maestro de Hispanoamérica, con quien se casaría en diciembre de 1943 y tuvieran un hijo: Héctor Vasconcelos.

Además de colaborar en diversos medios nacionales, Vasconcelos realiza en 1957 una serie llamada Charlas Mexicanas, donde se abordaban temas históricos, políticos y socioculturales. Simpatiza tanto con líderes de derecha como de izquierda en Latinoamérica y España, recomienda a Castro que no fuera blando como Madero, que fuera duro porque si no el pueblo no le va a responder.

El 30 de julio de 1959, José Vasconcelos fallece bajo el amparo de la mística que lo arropó desde sus primeros años, y deja un legado ideológico que nos guía hasta nuestro días, así entre luz y sombras, un personaje que luchara por la democracia, rompió las barreras del analfabetismo nacional y soñó con un México que ahora despierta a su llamado de 1929.

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