18 de Octubre de 2018

Opinión

Peligrosa tentación centralista

El controlar la crisis mediante la centralización del poder, además de atentar gravemente contra la autonomía municipal, es una señal de alerta para el Congreso federal, que es el facultado para limitar y detener esta medida.

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En los últimos 60 días, se ha desatado en el país una seria crisis que pone en riesgo la estabilidad del Estado mexicano. La violenta desaparición o ejecución de 43 estudiantes, sumada a otros factores como son: el hartazgo de la sociedad ante la inseguridad y violencia, el desprestigio generalizado de la clase política, la inquietud surgida por la inestabilidad económica y las fracturas en los altos grupos del poder mexicano, han sido los dinamizadores de esta crisis política por la que atraviesa la nación.

La debacle política y económica que se está viviendo en el país amenaza al sistema democrático, más aún cuando el Gobierno Federal responde con enorme torpeza y propone como solución medidas centralistas características de los regímenes totalitarios.

La tentación de controlar la crisis mediante la centralización del poder, como parece ser la intención presidencial al proponer la desaparición de las policías municipales, además de atentar gravemente contra la autonomía municipal, es una señal de alerta para el Congreso federal, que es el facultado para limitar y detener esta peligrosa medida.

El centralismo, a diferencia del federalismo, termina siempre por desfigurar la democracia, cuyo elemento fundamental es la participación ciudadana. El centralismo político del Estado niega en la práctica la participación de la sociedad y favorece a las élites en el poder, lo cual es contrario a los ideales democráticos.

Las medidas propuestas por el presidente, de ser aprobadas por el Congreso, representan un enorme retroceso en la lucha por la transición democrática que los mexicanos hemos dado en los últimos 25 años.

El gobierno de Peña Nieto ha demostrado su ineficiencia en el manejo de la economía y la seguridad pública. La desaprobación ciudadana de su gestión supera el 60%, según estudios serios de opinión. De concretarse sus intenciones de dotar de mayor poder al Gobierno Federal mediante estas medidas centralistas, terminará por asfixiar a la iniciativa privada, anular la participación ciudadana y detener el difícil e inacabado tránsito a la democracia.

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