23 de Septiembre de 2018

Opinión

Salario mínimo

“Ni el Rey comería… si el labrador no labrase”, escribió Lope de Vega.

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“Ni el Rey comería… si el labrador no labrase”, escribió Lope de Vega. Pero, ¿y cuando el labrador no come aunque labre? Desigualdad y pobreza son dos de los eternos problemas de todas las sociedades. Es común que por el trabajo que realice el labrador para alimentar al Rey, no reciba lo suficiente como para alimentarse a sí mismo. El salario mínimo es uno de los temas que han saltado a foco últimamente tanto en Estados Unidos, México, Alemania e Inglaterra.

Esta semana, el alcalde de Los Ángeles, Eric Gacetti, anunció su propuesta de elevar el salario mínimo en la ciudad un 50% a lo largo de los próximos cuatro años. Siendo ésta una de las ciudades más desiguales, esta medida resulta necesaria. Alrededor de un millón de habitantes de Los Ángeles viven en la pobreza (un 27% de la población). Unas 570 mil  personas viven por debajo del umbral de la pobreza, aun teniendo trabajo.

El salario mínimo cambiará de 9 a 13.25 dólares por hora. Resulta casi inconcebible la enorme diferencia entre éste y el de México, donde actualmente es de 67.29 pesos al día en zonas urbanas. Claro que en la comparación debe tenerse en cuenta el diferente nivel de vida, y la diferencia en el costo de bienes y servicios. Sin embargo, resulta impresionante que lo mínimo por pagar a un trabajador mexicano en un día, sea menor que lo mínimo por hora para un trabajador en todo Estados Unidos.

Resulta esto más decepcionante si consideramos que la Constitución mexicana de 1917 fue la primera de todo el mundo en incluir expresamente los derechos sociales y contemplar la existencia del salario mínimo. El artículo 123 establece que deberá ser suficiente para “satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de los hijos.” 

Debido a la inflación y a la deuda externa, tres décadas atrás México redujo los salarios 70%. Pero mientras en otras partes de Latinoamérica el salario se ha recuperado, aquí incluso se ha rebajado en los últimos años.

Tal como escribió en el periódico El País, Ciro Murayama, Consejero Electoral del INE de México: “Hoy el salario mínimo más que cumplir con su función de procurar un nivel de vida esencial, en México es una mera unidad de cuenta utilizada para calcular multas de tráfico, tarifas públicas o el financiamiento estatal a los partidos políticos”.

Hoy México es un país con 53 millones de pobres (45.5% de la población) y una de las brechas por desigualdad de renta más grandes del mundo. Y en la pregunta ¿cómo puede combatirse la desigualdad?, el aumento del salario mínimo es un componente esencial de la respuesta.

Los dos partidos de oposición son quienes han puesto en marcha el debate. Desde el Gobierno del DF, el PRD presentará al Gobierno Federal un informe, proponiendo el salario aumente 20 pesos a partir del próximo año e ir incrementándolo paulatinamente durante una década. Mientras que el PAN propone llevar el tema a una consulta popular en junio próximo.

En Inglaterra, resulta también notable la medida que se ha tomado, puesto que se planea “avergonzar” ante la sociedad a aquellos empresarios que no paguen a sus trabajadores el salario mínimo. ¿Cómo? Endureciendo la legislación para hacer públicos los nombres de aquellos empresarios, evidenciándolos, para que así la mala publicidad los disuada y lograr poner freno a esas prácticas abusivas.

Hay que recordar que los salarios bajos reducen el poder adquisitivo de las personas, y que cuando reduce ese poder adquisitivo, se detiene la economía. La desigualdad es como la varicela del país; las lesiones no cubren toda la piel, pero sí es todo el cuerpo el que se devasta. Esperemos que en México pronto se tomen acciones como las de Los Ángeles e Inglaterra. Pues se necesita mejorar la política salarial, pero sobre todo lograr que se respete.

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