19 de Noviembre de 2018

Opinión

Strombus gigas: del plato a la extinción

La pesca de caracol rosado para comercialización, una vez concluida la veda establecida hasta el 28 de febrero de 2017, luego de cuatro años y tres meses de “interdicción”...

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La pesca de caracol rosado para comercialización, una vez concluida la veda establecida hasta el 28 de febrero de 2017, luego de cuatro años y tres meses de “interdicción” (jajajajaja… perdón por el exabrupto) pudiera significar el fin de la especie en Banco Chinchorro, donde los pescadores cooperativistas se han apretado el cinturón para respetar, no sólo la ley, sino el ciclo natural de crecimiento del apreciado molusco.

Pero no aguantan más y ya han anunciado que, de pretender la autoridad federal ampliar la prohibición dos años adicionales, harán caso omiso y se despacharán en la medida de lo necesario o más.

En la práctica, esta Reserva de la Biosfera siguió siendo objeto de saqueo a manos de pescadores ilegales, que colocan su botín con compradores de Belice y también del territorio mexicano, donde los propietarios de restaurantes han sido cómplices, por años, de este ilícito. Basta con sacar una factura por la compra en 2012 y argumentar que lo mantuvieron congelado un lustro y listo. Suficiente para los inspectores de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente. Los otros encubridores, los realmente culpables, somos los consumidores. De no haber mercado, no habría contrabando.

Cuentan pescadores de Xcalak que en la cara oeste del atolón, por el lado de Cayo Lobos y hacia mar abierto, es común ver lanchas beliceñas extrayendo caracol, incluso, por la madrugada. Pero también de este lado de la frontera hay saqueadores.

Los dispares enfrentamientos entre cooperativistas y furtivos no han cobrado en sangre el precio de tal osadía, pero estos últimos cuentan con motores más grandes, poderosos… y con armas largas.

Luego de la reducción de los volúmenes de captura decretados por el Centro Regional de Investigaciones Pesqueras de Puerto Morelos después de 1998, las cooperativas asumieron la necesidad de auto restringirse en la captura de caracol, pues la tendencia en ese momento era de clara disminución en talla y cantidad.

Y así lo propusieron, pero con la condición de que la Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (Semarnap) de entonces garantizara la vigilancia de la reserva, impidiendo la pesca clandestina.

La historia es la ya conocida: la dependencia federal no cumplió y los pescadores continuaron con el aprovechamiento, al igual que los salteadores, estos, sin tocarse el corazón.

La subsecretaría de Pesca ha sido redundante al señalar que no cuenta con el suficiente personal para vigilar la zona, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, a cargo de la administración de la Reserva de la biosfera de Banco Chinchorro, tampoco tiene capital humano ni recursos para la encomienda.

La cosa se pone peor cuando la Armada de México recién dio a conocer que los pescadores furtivos resultaron ser, además de escurridizos y agresivos, numerosos, y hasta pidió el apoyo de los cooperativistas para ubicarlos en el basto mar.

En tales condiciones, lo expresado por Jaime Medina Flores, presidente del Consejo de Administración de la Sociedad Cooperativa de Producción Pesquera Langosteros del Caribe, hace apenas unos días, cobraría sentido en términos de supervivencia, no de la especie, sino de los pescadores organizados.

Un especialista de la Universidad de Quintana Roo propuso ampliar la veda un par de años más para que los jóvenes de la colonia de caracoles alcanzaran la edad adulta, y con ello la talla apropiada para aprovechamiento, a lo que el líder de los cooperativistas expresó un rotundo “no”.

Ahora, la especie quedaría condenada a desaparecer por la explotación propiciada entre pescadores legales y clandestinos, con autoridades fungiendo como simples espectadores y un público consumidor ajeno al drama que significaría la extinción de este manjar del litoral quintanarroense.

Entre tanto, tráiganme un ceviche grande de caracol y una tanda de cervezas bien frías, tanto, como las secretarías y organizaciones involucrados en el exterminio del strombus gigas.  

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