16 de Diciembre de 2018

Opinión

Valores de la democracia

Junto con los maestros Luis Salazar y José Woldenberg, recordemos algunos de los valores básicos de la auténtica democracia...

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Junto con los maestros Luis Salazar y José Woldenberg, recordemos algunos de los valores básicos de la auténtica democracia moderna y de la soberanía popular: la libertad, la igualdad, la fraternidad y la tolerancia.

Para ser democráticas la participación como votante, como candidato, la convocatoria a un mitin o a cualquiera otra actividad política, deben ser libres, es decir, respetar incondicionalmente la voluntad de los individuos en tanto ciudadanos libres.

Cualquier método que coarte o limite dicha voluntad, cualquier coacción sobre los ciudadanos, pervierte radicalmente el sentido democrático de los procedimientos electorales, al cancelar el valor fundamental de las libertades ciudadanas.

La igualdad democrática implica una ética de la equidad en el trato social, es decir, un reconocimiento y respeto estricto de los derechos civiles y políticos de todos y cada uno de los ciudadanos, independientemente de sus creencias, preferencias y circunstancias personales.

La cultura democrática promueve un trato igualitario, equitativo, hacia todos los seres humanos.

Pero donde los ricos son tan ricos, y los pobres son tan pobres, de modo que los primeros pueden comprar el voto que los segundos se ven obligados a vender por necesidad, no es difícil comprender que las elecciones se vean gravemente deformadas y pervertidas como expresión “auténtica” y “efectiva” de la voluntad popular.

Afirmar que todos los seres humanos deben tratarse como fraternos o sea como hermanos significa, en primer lugar, enfatizar los valores antes mencionados de la libertad y la igualdad. 

A pesar de sus diferencias y conflictos de intereses o de opinión, los miembros de una sociedad no deben verse como enemigos, es decir, divididos en bandos contrapuestos e irreconciliables. La democracia política es imposible en una sociedad que se encuentra desgarrada por polarizaciones extremas. Bajo un esquema integrista los otros aparecen como los enemigos a vencer o a aniquilar.

Pero el código democrático obliga a la tolerancia, a la coexistencia, al trato cívico, a apreciar y evaluar en los otros lo que puede ser pertinente y valioso para todos.

No existe la dictadura de la mayoría, porque no existe mayoría sin minorías. Sin estas últimas, la legitimidad del gobierno de la mayoría deja de tener sentido democrático, deja de expresar la voluntad popular.

La democracia moderna exige que la política no sea una lucha a muerte entre enemigos irreconciliables.

Si se aspira al Estado de derecho, en su confección deben participar juntas mayoría y minorías.

Exhorto a la ciudadanía y a todos los actores sociales y políticos a que  pasemos ya a concebir y practicar la política de un modo distinto, tolerante y racional.

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