21 de Junio de 2018

Opinión

Orbelina

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Letras atrás, he dicho que hay lecturas que nos encuentran, ya sea porque vienen de la mano de alguien o porque se manifiestan oralmente como invitación a leerlas. En esta última posibilidad, vive el caso de Orbelina (2017), novela corta del autor chetumaleño Miguel Manjarrez Torres. Quisiera, de entrada, invitar a sentir los aires femeninos que danzan en el título de la novela; como si una primera lectura imaginaria surgiera a partir de la vocalización y sonido que emitimos al leerlo.

Adelanto que se trata de una historia que se va construyendo con aires de magia, donde las presencias familiares permanecen en el mundo de los vivos aun cuando se les ha despedido y llorado tiempo atrás. Sabemos que las costumbres cotidianas son las más difíciles de erradicar, por lo que no podemos juzgar el hecho de que un espíritu continúe bebiendo la taza de café vespertina o se manifieste en el polvo de la casa, que quiera abrazarnos y confortarnos; guiarnos.

Partimos de dos historias que se van construyendo paralelamente con muchos años de diferencia entre ellas, y que aparecen en el texto de forma intercalada. Esta dinámica, naturalmente, se agradece en la espera que significa querer devorar las letras siguientes. En la primera historia, sabemos que Orbelina migró desde El Salvador hasta nuestra Mérida, conocemos su llegada a través de los recuerdos narrados de su hija Mary y la reconocemos en el eco de un restaurante que dejó el sabor de sus días. También la encontramos en una muerte intermitente con licencia para permanecer.

La segunda historia también parte de una llegada, el nacimiento de una niña que vio la luz entre una tribu que supo adivinar su destino trágico y un padre que la nombró Sigualepa, que significaba “mujer jaguar” en el vocablo lenca. Los nacimientos están marcados, el suyo no era la excepción.

Entre tiempos y mundos lejanos, las posibilidades de unión resultan mágicas, somos conducidos hasta un punto de encuentro donde las heridas sanan y los ciclos se cierran. El autor guía y nos recuerda que nuestro pasado es presente.

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