18 de Noviembre de 2018

Opinión

Palabras de amigos

Sintiéndose solas e incomprendidas por el mundo vivieron gran parte de su vida...

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Sintiéndose solas e incomprendidas por el mundo vivieron gran parte de su vida Emily Dickinson y Alejandra Pizarnik; aunque jamás se conocieron por las distancias del tiempo, sí surgió un diálogo poético a través de sus obras, pues Pizarnik escribió un breve poema a Dickinson, con quien seguramente sintió una gran cercanía por el tono expresivo y nostálgico de los cientos de poemas que escribió recluida, por voluntad propia, en la soledad de su habitación y que resguardó ahí hasta su muerte; descubiertos años después por su hermana, quien decidió mostrárselos a uno de sus pocos amigos, Thomas Higginson, quien mantuvo correspondencia con Dickinson y la impulsó a seguir escribiendo, a pesar de que en su momento no comprendió del todo el uso de signos de puntuación que la autora, como señal distintiva, marca en su poesía. Finalmente fue él quien también impulsó la primera publicación de la obra completa y gracias a él, uno de los primeros en preocuparse por el fomento literario, una gran autora es hoy de las más leídas y reconocidas por su genialidad. Esta misma genialidad y la soledad que marcó la vida y obra de Dickinson fueron seguramente lo que sedujo a Pizarnik para escribir en el último verso del poema que le dedica: “Ella piensa en la eternidad”.

La vida de Pizarnik estuvo rodeada de soledad y muerte, las crisis depresivas que padecía fueron cada vez más constantes después de regresar a Argentina, su país natal, llevándola a varios intentos de suicidio. Sus últimos años los pasó internada en un centro psiquiátrico, pero en 1972, con tan sólo 36 años de edad, siete poemarios y una intensa producción crítica y epistolar, decide quitarse  la vida en su casa, en su día de permiso, ingiriendo una sobredosis de barbitúricos. Meses antes había escrito a su amigo Julio Cortázar contándole de sus intentos de suicidio y el escritor le respondió en un tono fraternal intentando persuadirla de su genialidad poética: “El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos”.

Las cartas entre amigos pueden ser una salvación, una esperanza o, por lo menos, un rayo de luz en la obscuridad o en las tinieblas de la mente y el corazón de alguien. Dickinson encontró en las palabras de Higginson un aliento para seguir escribiendo, y Pizarnik tuvo momentos felices gracias a las cartas de Cortázar. Dos mujeres envueltas por la soledad y la tristeza, como muchas, como tantas. Escribir o dedicar unas palabras debiera seguir siendo un gesto que afiance los lazos de amistad, sin embargo, con los nuevos canales con los que contamos hoy más inmediatos se escribe mucho, pero pocas veces con franco sentimiento de amistad. 

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