19 de Octubre de 2018

Yucatán

Los pasadizos subterráneos de Mérida, un mito

Se han hallado estructuras bajo tierra en algunos inmuebles del centro, pero solo servían como bodegas.

Algunos sitios subterráneos fueron rescatados. (Milenio Novedades)
Algunos sitios subterráneos fueron rescatados. (Milenio Novedades)
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Ana Hernández/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Varios edificios históricos de Mérida tienen subterráneos, pero no se trata de pasillos que comuniquen a otro inmueble, sino de espacios que por lo general, durante la época de la Colonia, fueron utilizados como sitios de almacenamiento.

“En Mérida existe el mito de que muchos inmuebles, tanto de Gobierno, pero de manera especial de la Iglesia Católica, tenían una conexión subterránea, pero que hasta hoy no se han comprobado”, señaló el arqueólogo del Centro INAH en Yucatán, Rafael Burgos Villanueva.

En opinión  del investigador  del Instituto Nacional de Antropología (INAH) en la entidad, se debe a que desde la Colonia “las personas hablaban de los subterráneos y con el paso del tiempo se fueron consolidando como leyenda, muchas veces distorsionada, pero así ocurre al pasar de una generación a otra”.

Enfatizó que la tradición  oral es una cosa, aunque ha jugado un papel importante en la historia, y otra es el estudio arqueológico; en las excavaciones que realizaron en un 90 por ciento encontraron material de la época de la colonia.

Señaló que mucho se ha mencionado la presunta existencia de túneles que comunicaban a la Catedral de Mérida con las iglesias de Monjas, Tercera Orden y el convento de San Francisco (ex Ciudadela de San Benito) e incluso hasta La Mejorada, pero en ninguno de los casos que se han investigado se ha comprobado su existencia.

El arqueólogo, quien ha realizado estudios de algunos de estos sitios, señaló que en la biblioteca del INAH existen dos libros con más detalles sobre este tema, uno fue impreso en 2006 y trata de “La casa de los ladrillos, subterráneos y pasadizos de Mérida, Yucatán” (este edificio es también conocido como la Casa Cárdenas).

Considera que esta confusión se debe en parte a la interpretación de la información de algunos historiadores, cuando en 1690 el gobernador de Yucatán Juan José de Barcena le comunica al Virrey que después de las murallas de Campeche, el ingeniero Zezera “se ocupa de levantar las puertas de los camynos de esta ciudad…y está excavando frente a los conventos francyscanos concepcionistas, Catedral  y la Casa de la Compañía para hacer los subterráneos en donde abrygue en caso de la entrada de piratas (sic)”. Los cuales al parecer no se concluyeron.

Así consta en el libro que escribió “La casa de los ladrillos”, donde incluye aportaciones de Luis Millet Cámara, Sara Dzul Góngora y José Estrada Faisal, en  el cual señala también que después de esa referencia escrita en el siglo XVII no se vuelve a hacer mención de los subterráneos en Mérida hasta finales del siglo XIX, cuando en la prensa escrita un ingeniero anunció la realización de depósitos subterráneos y a principios del siglo XX se informó que un incendió en el centro de Mérida amenazaba el licor almacenado en un depósito subterráneo.

El arqueólogo Burgos Villanueva indicó que, como parte de su trabajo, tuvo la oportunidad de excavar la casa Cárdenas, ubicada en el cruce de las calles 62 por 63, y durante los trabajos en el traspatio una parte se desfondó y evidenció un subterráneo. En el sitio obtuvieron fragmentos de botellas, loza, cerámica, y comprobaron que no tenía comunicación con otro, no salía del patio de la casa. Por lo cual consideran que sólo servían de almacén o bodega.

El resultado de estos trabajos hace pensar que incluso estos sitios se creaban también por cuestión de higiene para tirar basura, incluyendo desechos de los caballos que tiraban de los carruajes.

Casa Cárdenas, un ejemplo de túneles

La Casa Cárdenas, que es mejor identificada como la de los ladrillos y que se ubica en el cruce de la calle 62 por 63 del centro, tiene en la parte posterior de su estacionamiento subterráneo, unos pequeños pasadizos. 

Este edificio, que tiene en su fachada una decoración de ladrillo de color rojo y donde ahora se ubica la Plaza Diamante, tiene en el estacionamiento subterráneo ubicado sobre la 63, al fondo de la entrada el acceso a unos “túneles”.

Los dueños del inmueble han restaurado y mantienen estos pasadizos restaurados, y en algunas ocasiones los han abierto para hacer recorridos turísticos, con iluminación y un poco de información sobre los supuestos usos que tenían.

Este lugar representa la oportunidad de conocer cómo eran estos sitios que servían de bodega o almacén en la época de la Colonia o de dejar volar su imaginación al encontrar una pared tapiada o derrumbada, que hace pensar en los mitos que tiene Mérida sobre los subterráneos que conectaron algunos de los principales edificios, en especial iglesias.

La Casa Cárdenas lleva a cuesta los mitos de la tradición oral, que también señalan que los aljibes ubicados en el patio central de la Facultad de Arquitectura, comunicaban a calles aledañas del lugar, pero no hay un estudio que verifique esta historia, sólo supuestos de algunas personas que en su niñez, y a oscuras o con la ayuda de una lámpara se aventuraron a conocer el lugar.

Aunque varios investigadores han revisado el sitio, no han encontrado indicios que los lleven a pensar en la comunicación que los aljibes tenían en alguna parte.

En el libro “La Casa de los Ladrillos”, que escribió el investigador del INAH, Rafael Burgos Villanueva, señala que “todos los datos históricos y arqueológicos que hay actualmente nos apoyan para afirmar que hasta hoy no hay evidencia de un sistema de subterráneos que se comuniquen a través de la ciudad de Mérida. Aunque la información histórica es escasa, y la carta enviada al Virrey en 1690 menciona la construcción de subterráneos, en ellas nunca se afirma la edificación de pasadizos y menos que estén intercomunicados”.

El suelo de la ciudad complica excavar túneles

La mayor parte de los subterráneos e incluso cenotes que abundan en el Centro Histórico de Mérida, especialmente estos últimos, han acabado como sistemas de drenajes de los edificios e incluso se han “fragmentado” para crear más espacios comerciales, señaló la investigadora, Marisol del Carmen Ordaz Tamayo.

Explicó que como parte de su trabajo también ha revisado algunos sitios con subterráneos, y aunque considera que hace falta más evidencia arqueológica que pudiera ayudar a determinar si hay algo más detrás de algunas paredes tapiadas o derrumbadas que han encontrado, lo cierto es que construir pasadizos hubiera representado un trabajo titánico.

La entrevistada, quien es investigadora y docente de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady) y asesora de Proyectos de la Comisión Diocesana de Arte Sacro, comentó que por el tipo de construcción, estos sitios servían más para conservar que como túneles. “Hubiera sido una obra titánica para hacer un subterráneo de la Catedral a Monjas, al menos y el abovedado tendría que haber sido de buena calidad porque a estas alturas ya pudiera haberse afectado por la humedad”.

Además, en las inspecciones que han realizado tampoco han encontrado derrumbes o huecos sospechosos que los haya hecho pensar en la posibilidad de hacer una exploración más intensa e incluso solicitar un apoyo, por ello considera que todo esto ha servido para mantener los mitos de la existencia de túneles subterráneos en Mérida.

Declaró que en los trabajos de investigación que han realizado, han constatado que la Catedral tiene criptas bastantes amplias, que la propia Facultad de Arquitectura en su patio central tienen unos aljibes del tamaño de un cuarto.

El tipo de suelo que tiene la ciudad complica la excavación, más allá de los materiales que debieron utilizar como soporte, el hecho de hacer los cortes en la roca, implicaba un “trabajo titánico”, es cierto hay sascab, pero no todo es suave, además debajo de edificios importantes en plena plaza central de Mérida hay vestigios arqueológicos de los primeros asentamientos mayas en la zona.

Indicó que acaban de concluir un proyecto de prospección en la iglesia de Monjas, uno de los sitios que la tradicional oral también ha señalado que tiene subterráneos que comunican con otras iglesias y la Catedral,  pero después de los trabajos, no han encontrado túneles, ni nada de esa naturaleza.

“Monjas por la función que tenía era una microciudad, ubicada en el costado poniente de la Plaza Grande, abarcaba varias cuadras, aún ahora se pueden distinguir en edificios ubicados en la calle 68 las paredes que formaban parte del complejo que había sido parcelado”, explicó.

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