19 de Noviembre de 2018

Opinión

Patines corruptos

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Hace unos días, el famoso y carismático actor mexicano Diego Luna estuvo de visita en Mérida para presentar el libro singularmente titulado “Corrupcionario mexicano”, cuyo prólogo es de su autoría. En la amena charla que sostuvo con universitarios y público en general, el histrión afirmó que, desgraciadamente, la corrupción es parte de la vida misma de los mexicanos, aunque no por ello hay que tolerarla; sino, por el contrario, combatirla ferozmente.

Esto viene a cuento –como casi siempre se dice; en realidad no se me ocurrió otro enunciado chafón- por el reciente paro de los ex “hombres de negro” (es que sus ropajes actuales suelen ser hasta de colores rosadito y morado kanisté), o sea, los árbitros futboleros de la llama Liga MX que rige el balompié nacional y que puso en jaque a los propietarios de las escuadras por las pérdidas millonarias –se habla de hasta 600 millones de pesos- y condenó a millones de fanáticos y aficionados de este deporte a ver en sus ‘teleras’ otras programaciones venidas a menos de las ya nada afamadas cadenas televisivas.

Ni modo, como los machines no pudieron gozar de los balonazos, pues no les quedó más remedio que salir a botanear con sus familias y, chance, acudir a determinado servicio religioso para pedirle a los santitos de su preferencia que los árbitros fariseos se pudran en los infiernos por privarlos de tan viril… y corrupto deporte.

Pero retomando el asunto de los “pitos negros”, desgraciadamente el movimiento arbitral fue por reacciones a la corrupción que impera entre los altos mandos de la Federación Mexicana de Fútbol (FMF), la cual controla la Liga MX y que, a su vez, es dominada por los dueños de los equipos y sus demás achichincles.

Y toda la corrupción imperante se demostró –más todavía- cuando los federativos se negaron a sancionar conforme a los reglamentos a dos jugadores, uno de los zopilotes del América, Pablo Aguilar, y otro de los choriceros del Toluca, Enrique Triverio, paraguayo y argentino, respectivamente, que agredieron a los árbitros después de ser expulsados por casi matar en arteras faltas a sus rivales de juego.

En lugar de que los mandamases reprendieran con dureza a ese par de caníbales, les dieron en principio, si acaso, algunos juegos de suspensión. Aquí reventó el asunto. La corrupción entre federativos que reciben jugosos sueldos de los propietarios y de cientos de negocios que realizan en lo oscurito se evidenció con el paro arbitral. Los hombres del pito en la boca exigieron un año de castigo para los sudamericanos y se salieron con la suya.

PRIMERA CAIDA.- No obstante ese “triunfo”, la corrupción sigue en el fut mexicano y los árbitros también forman parte de esa lacra, pero ahora se hicieron ver como unas blancas palomas.

SEGUNDA CAIDA.- ¿Acaso no fueron corruptos los del pito cuando botaron a su entonces líder Edgardo Codesal porque éste no cedió a sus caprichos?

TERCERA CAIDA.- El fut mexicano: una mezcla de intereses corruptamente manejados. Diego, tienes razón.

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