25 de Septiembre de 2018

Yucatán

Emilio Vera Granados, grabado en la historia del arte en Yucatán

El artista consagrado en las artes visuales ha realizado escudos de armas de varios municipios, la Medalla Yucatán y la Eligio Ancona, entre otras.

“El arte es algo sublime que yo no aprendí a dominar”, reflexiona don Emilio Vera Granados. (Milenio Novedades)
“El arte es algo sublime que yo no aprendí a dominar”, reflexiona don Emilio Vera Granados. (Milenio Novedades)
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Cecilia Ricárdez/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Talento probado, más de siete décadas de trayectoria, pero con alta modestia, ojos azules, manos delicadas y sonrisa amplia; lector voraz con sencillez  en su andar y hablar, así es Emilio Vera Granados, grabador yucateco, consagrado al arte visual y en compartir su legado.

Tras una vida agitada por el trabajo y los compromisos como padre de familia, ahora transcurren sus días rodeado de la paz al lado de su esposa Guillermina Cruz de Vera, su familia, sus libros, los dibujos y su mascota.

Sigue disfrutando de leer y gozar del trazo de su par francés Gustave Doré, el clásico, y Rius, ubicado en la cima de sus predilectos modernos.

Su labor la desarrolló en distintas áreas de las artes plásticas, pero con acento en el grabado, a través de la cual realizó importantes colaboraciones con la heráldica y la numismática (relativo a las monedas y medallas). 

En el primer caso figura el Escudo de Armas del Estado de Yucatán, del que es autor en lo que corresponde a la parte plástica, al igual que de los escudos de armas de varios municipios yucatecos, y en el segundo destacan la Medalla Yucatán y la Eligio Ancona, las cuales posteriormente recibiría. 

Su acervo se encuentra en el Centro Estatal de Bellas Artes, donde además está montada una exposición a manera de retrospectiva de su obra en la que se exhiben pinturas, dibujos, grabados y reconocimientos.  La muestra termina en la primera semana de noviembre y rinde homenaje a su contribución al arte de este recinto, donde se formó y trabajó más de 40 años como docente.

Comienza la historia

En la memoria, hay vacíos, pero los hechos trascendentales se marcan como nodos en la línea del tiempo para relacionarse con los hechos sucesivos, así pasó en la vida de don Emilio.

Con tan sólo dos años, mientras  dormía en su hamaca escuchó llorar a una mujer por la muerte de sus hijos, se trataba de la madre de Felipe, Wilfrido, Edesio y Bejamín Carrillo Puerto, luchadores socialistas que fueron ejecutados en el Panteón Civil (ahora cementerio general) de Mérida en la madrugada del 3 de enero de 1924.

“Eso lo marcó mucho, no se le olvida”, acotó Guillermina, quien está presente en la charla con el maestro. 

Años después, en edad escolar, descubrió su habilidad para el dibujo. Su tío Eustaquio Vera también fue quien lo llevó a sus primeras clases en Bellas Artes.  

Recuerda que la sede de este centro formativo era el Palacio Cantón y luego se cambiaron a un local del centro de Mérida, el traslado también significó una transformación de la visión en la manera de enseñar, porque en el primer edificio el enfoque era estricto, rígido y en el segundo, la influencia de los pintores mexicanos muralistas y modernos de ese momento permearon en los alumnos de la época.

Otro socialista marcaría su vida, esta vez el General Lázaro Cárdenas, quien en 1937, durante una visita a su escuela, otorgó dos becas, una para un maestro y un alumno, él fue elegido y junto al maestro Pancho Vázquez viajó a la Ciudad de México para estudiar en la Escuela de Artes del Libro y todo lo concerniente al diseño y edición editorial.

Allí tuvo la oportunidad de ser discípulo del eslovaco Kóloman Sókol y de Francisco Díaz de León, justo el redescubridor de Picheta. En el acervo del Fondo Díaz de León se encuentran dos  grabados de tema social realizados por don Emilio a fines de los años 30. 

Al término de su formación regresó de inmediato a Mérida para fundar el primer taller de grabado y comenzó su labor como docente, la cual prolongó por más de 40 años.

Su huella impresa

En materia de artes gráficas ha realizado numerosas portadas e ilustraciones de libros, ha diseñado invitaciones, historietas, carteles y programas de mano. Su labor incluye también importantes colaboraciones con la heráldica y la numismática. 

Llama la atención que los diseños de medallas que realizó posteriormente las recibiría por su valiosa aportación.

“El arte es algo sublime que yo no aprendí a dominar”, dice mirando sus manos, sonriendo tímido y con modestia. “Me hubiera gustado dar más, hacer más, pero también tenía que cubrir los gastos de la familia”, agregó al recordar que durante una época tuvo tres empleos para solventar las finanzas, en ese momento era maestro, laboraba en una imprenta y hacía trabajos encargados en casa, por la noche.

“El arte es su vida, de hecho hay quienes lo consideran el Picheta (Gabriel Vicente Gahona) de este tiempo”, agregó orgullosa doña Guillermina.

Emilio Vera Granados, según el directorio de Artes Visuales, lo ubica como “poseedor de una profunda sensibilidad que le permitió aprovechar las oportunidades que se ofrecieron para aprender y desarrollarse dentro de la técnica del grabado”.

Actualmente un salón del Centro de Artes Visuales lleva su nombre y en su legado destaca la fundación del taller de grabado del Centro Estatal de Bellas Artes.

Conocido en el medio por ser propositivo, nunca ha armado problemas, sino soluciones, así fue como a él se le debe la implementación del primer tórculo (Prensa, especialmente la que se emplea para estampar grabados en cobre o acero) que se tuvo en la ciudad, diseñado por él y elaborado de forma empírica para no tener que importarlo y ahorrar costos, de esta manera desde la Escuela de Bellas Artes hizo posible el arte del grabado en Yucatán. 

Perfil

  • Emilio Vera Granados nació el 23 de abril de 1921
Reconocimientos
  • La Medalla Yucatán, presea que otorga el Gobierno estatal.
  • La Medalla Eligio Ancona, otorgada por la Universidad Autónoma de Yucatán anualmente.
  • La Medala “Belisario Domínguez”, un reconocimiento que otorga el Senado de la República desde 1953. 

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