19 de Septiembre de 2018

Yucatán

'Que nada pueda apartarnos del amor del Señor'

XVIII Domingo del Tiempo Ordinario; Is. 55, 1-3; Sal. 144; Rm. 8,35. 37-39; Mt.14,13-21.

Este pasaje de la multiplicación de los panes es narrado en los evangelios en seis ocasiones, dos en Mateo y en Marcos, y una vez en Lucas y Juan. La riqueza de este acontecimiento es grande, pues hace alusión al maná del desierto, a los panes de Eliseo, a la simbología mesiánica Judía y alude claramente a la Eucaristía. (YouTube)
Este pasaje de la multiplicación de los panes es narrado en los evangelios en seis ocasiones, dos en Mateo y en Marcos, y una vez en Lucas y Juan. La riqueza de este acontecimiento es grande, pues hace alusión al maná del desierto, a los panes de Eliseo, a la simbología mesiánica Judía y alude claramente a la Eucaristía. (YouTube)
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MÉRIDA, Yuc.- Is. 5, 1-3. Esta parte del Segundo Isaías proviene del siglo VI antes de Cristo, es una invitación a los israelitas que están en el exilio a participar en la abundancia de los bienes de la Nueva Alianza y a buscar la conversión.

Porque muchos de los exiliados, a causa de su laboriosidad, habían acumulado  dinero y obtenido bienestar, lo que implica el serio peligro de olvidarse de su patria y por consiguiente también del Señor Dios, favoreciendo la convivencia y contagio de costumbres paganas.

Es una exhortación profética a no acomodarse a esa nueva situación, pues se asegura que en la patria lejana encontrarán a su regreso agua, vino y leche abundantes, bebidas estas que encierran toda una simbología mesiánica. (Cf. Is. 25,6).

Se pide el rechazo a los gastos inútiles, probablemente la adquisición de bienes inmuebles, que arraigan y estabilizan en tierra extranjera. El profeta insiste, pues, en la gratuidad de los alimentos.

Las aguas se vuelven pues emblema de la vida, de la libertad, y del Espíritu, pues el Señor la dará a los que están a punto de regresar y encontrarán, en el templo recién reconstruido de Jerusalén, la fuente de agua viva.

El vino y la leche son signos de fertilidad de la tierra prometida. El pan es sostén primario y fundamental.

El texto describe a la Nueva Jerusalén, cuando se logre el nivel más alto de intimidad entre Dios y el hombre.

El tema del alimento se continúa en el salmo responsorial, que es el número 144. Este salmo es la última composición alfabética del salterio y exalta la infinita ternura del corazón de Dios, Padre y Creador: Cf. Sal 104.27:

Todos ellos de ti están esperando que les des a su tiempo el alimento, tú se los das y ellos lo toman, abres tu mano y se sacian de bienes.

El alimento adquiere el significado de la providencia paterna y amorosa de Dios con respecto a sus criaturas.

II. Rm. 8,35. 37-39

Estos versículos son la culminación de este hermoso capítulo que ha expuesto “la vida de los cristianos según el Espíritu”. Es un himno al amor de Dios, que de por sí es invencible, y que nadie puede arrancarlo de quien se entrega a Él.

Es de tal manera grande la fuerza de este amor que vence a todos los enemigos, supera todos los obstáculos, triunfa sobre todas las dificultades.

San Pablo propone una lista de los posibles enemigos:

  1. La muerte, por el temor que le tenemos.
  2. La vida con sus atractivos.
  3. Los ángeles y los principados, potencias misteriosas que dirigen los acontecimientos de la historia.
  4. Las cosas que el corazón agrega a ellas en el presente, o que en el futuro generarán preocupaciones y ansias.
  5. La altura y profundidad, elementos de la cosmología de la época

Este listado obedece evidentemente a la mentalidad de la época, pero lo que realmente cuenta aquí es la tesis de que, no obstante los obstáculos, insidias, y las dificultades, el amor de Dios conocido en Cristo, es victoria y saldrá siempre triunfante de toda oposición.

Se trata de un precioso himno de esperanza, que a manera de bálsamo cura nuestras preocupaciones y es como un antídoto que nos rehace de nuestros desánimos y depresiones. (J. Hortet)

Este himno es una palabra de optimismo, de confianza, de serenidad inquebrantable, sólo el mal uso de la libertad rompe este vínculo; pero Dios es infinitamente paciente y espera “el regreso del resto fiel” para hacer que de nuevo florezca el amor.

Podemos recordar a este respecto el hermoso pasaje del profeta Óseas cuando  compara al pueblo de Israel con  la esposa amada y dice: 

"Por eso yo voy a seducirla,
la llevaré al desierto y le hablaré a su corazón...
Yo te desposaré conmigo para siempre,
te desposaré en justicia y en derecho, 
en la compasión y en el amor" (Os 2, 16-21)

También podemos comprender que sólo aquello que es gratuito del amor y de la gracia da satisfacción al abismo y al hambre de Dios que cada uno tiene en lo más profundo de su ser.

El amor de Dios manifestado en Cristo nadie lo puede acaparar, pero  todos  podemos dejarnos conquistar por él, como Pablo dice que "Cristo lo alcanzó".

III. Mt. 14, 13-21

Aunque Marcos conserva en su narración poco más o menos el mismo orden de los acontecimientos que Mateo, la característica de este último evangelista está en los diversos grupos que presenta en relación a la fe en Jesús.

En primer lugar aparece Pedro, luego el grupo de los discípulos, y que se distingue del pueblo en la interpretación de las parábolas y representan el núcleo de la comunidad mesiánica, la Iglesia, asociada al destino del Mesías victorioso sobre las fuerzas de la muerte. En un tercer círculo la gente, como grupo intermedio están Pedro, los discípulos y los adversarios.

La adhesión a Jesús es el criterio de discernimiento, culmen de esa adhesión es la confesión de Pedro en Cesárea de Filipo (Mt 16,18) preparada por la profesión de fe conjunta de los discípulos (Mt 14, 33) después de haberse encontrado con Jesús en medio del lago.

La simbología del alimento es componente de todas las culturas: se celebra la vida, nacimientos y cumpleaños, el matrimonio, las graduaciones, y se fortalece la amistad.

Este pasaje de la multiplicación de los panes es narrado en los evangelios en seis ocasiones, dos en Mateo y en Marcos, y una vez en Lucas y Juan.

La riqueza de este acontecimiento es grande, pues hace alusión al maná del desierto, a los panes de Eliseo, a la simbología mesiánica Judía y alude claramente a la Eucaristía.

Fue preparada por un diálogo con los discípulos, que resalta la gratuidad del don, para ayudarles a superar su poca fe: La narración tiene analogías con la de la cena Pascual pues a los ojos de Mateo la mesa del desierto es anticipación de la cena eucarística; lo mismo el que los discípulos tengan el ministerio de la distribución.

La abundancia y la saciedad (doce cestos) subrayan la perspectiva sacramental y que la comunión del hombre con Dios llega a su culmen.

San Agustín al comentar este pasaje en forma libre compara los cinco panes, con los cinco primero libros de la Biblia (la Torah).

El nuevo alimento del pueblo de Dios no es tan sólo el pan material, sino “toda palabra que sale de la boca de Dios” .

En las dos diferentes relaciones hay una clara alusión a la multiplicación del pan realizada por el profeta Eliseo (2 Re 4, 1-7. 42-44) y el episodio del maná (Ex 16; Núm. 11).

La abundancia de los alimentos, la solicitud de Dios hacia su pueblo, y el gran número de las personas que quedaron saciadas y satisfechas hacen que los autores lo interpreten como preludio a la Eucaristía.

Jesús aparece como Pastor de su pueblo que los conduce a buenos pastos, como un nuevo Moisés que trasciende al histórico; Jesús se manifiesta así como Médico, Pastor y Alimento.

La coincidencia y convergencia de esta realidad en Jesús emana de su divinidad y la revela “La eucaristía es un misterio que florece desde la fuente inextinguible de amor que es el misterio pascual.

Dios en la eucaristía de Jesús toma en serio la propia voluntad de alianza, es decir, la decisión de vivir entre las personas, acogerlos como hijos y a traerlos a la intimidad de su vida (Card. C. Martini, "Atraeré a todos hacia mí". num. 67)

Nuestras celebraciones eucarísticas deben fortalecer la comunión y la alianza que nos conduzcan a la victoria del amor de Cristo, que nos guía a su vez a crecer en solidaridad y justicia.

Conclusiones
  1. En el exilio, el pueblo de Dios experimentó más que la mano poderosa de Dios la presencia de un Dios tierno, amoroso y misericordioso. Nosotros también ante las adversidades de la vida y sus vicisitudes podemos sentir su presencia amorosa que nos invita a reconciliarnos con él.
  2. Con la lectura de Isaías que advierte acerca de los peligros del exilio podemos concluir que, también en nuestro tiempo, en situaciones parecidas tenemos el peligro de olvidarnos del Señor y hacer que otras cosas ocupen hoy nuestro corazón y no su amor misericordioso.
  3. La frase de Pablo "¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo?" la podemos comparar con el tesoro y la perla de las parábolas del domingo pasado. Pues es verdad que cuando el Señor llena nuestro corazón, las relaciones con los demás son sanas y armoniosas. 
  4. Por último, analicemos hasta qué punto vamos haciendo vida en nosotros la presencia eucarística del Señor. Preguntémonos: ¿el Señor es el alimento que nos llena y nos sacia? Pues a través del descubrimiento de su presencia en el Pan Eucarístico seremos capaces de descubrirle también en nuestros hermanos, especialmente en los más necesitados.

Que este tiempo de vacaciones sea una oportunidad para estar más cerca del Señor y de nuestros hermanos.

Mérida, Yuc., 3 de agosto de 2014. 

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
 Arzobispo de Yucatán

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