18 de Septiembre de 2018

Yucatán

“Regreso a la Casa del Padre”

La Ascención devela la auténtica realidad de Hijo de Dios y el destino glorioso de la persona humana redimida por Jesús.

La Ascensión es la expresión plena y definitiva de la Pascua de Cristo y del cristiano. (SIPSE)
La Ascensión es la expresión plena y definitiva de la Pascua de Cristo y del cristiano. (SIPSE)
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MÉRIDA, Yuc.- Fiesta de la Ascensión del Señor

Hech. 1, 1-11; Sal. 46; Heb. 9,24-28; 10, 19-23; Lc. 24, 46-53

I. Introducción

Hoy, en la solemnidad de la Ascensión del Señor, el destino glorioso de Jesucristo devela la auténtica realidad de Hijo de Dios y el destino glorioso de la persona humana redimida por Jesús, devela la auténtica realidad de que en Él somos hijos de Dios, o “hijos en el Hijo”.

La Ascensión es la expresión plena y definitiva de la Pascua de Cristo y del cristiano.

Por ello la vida humana tanto en las coplas de Don Jorge Manrique como en la concepción de Francois Mauriac, usa la analogía de la vida con un río: sereno y fresco en la fuente, tumultuoso y precipitado cuando baja de la montaña, sinuoso y fatigado cuando prosigue, hasta llegar al estuario que se amplía y desemboca en el mar.

Este destino último de Cristo señala y precede el de toda vida humana, nos precede Jesús en su muerte, nos precede en su Resurrección y Ascensión puesto que Él es la primicia de toda la humanidad.

Él es el primero que como líder y guía cumple este éxodo para la salvación, guiando a su Iglesia que viene siguiéndolo en pos de Él (Mt. 4,19; 8,22; 10,38).

El texto de los hechos de los Apóstoles que habla del tema es de un determinado género literario y subraya la encomienda de Jesús a sus Apóstoles: La Iglesia debe continuar la obra de Cristo.

La segunda lectura usa un lenguaje particular propio de la literatura hebrea clásica, pero ambas describen una experiencia de éxodo de Jesús: se va para llegar.

II.- Hebreos 9, 24-28; 10, 19-23

Con estos dos grandes temas el del 'cielo' y el de la 'exaltación' que comprendemos muy bien en el contexto de esta fiesta de la Ascensión. Viene así la Cruz plantada entre la tierra y el cielo, que se puede ver como un puente entre lo finito y lo infinito, sobre la que pasa Cristo para conducirnos a Dios.

La carta a los Hebreos es una refinada homilía de la Iglesia de los orígenes, que busca una aplicación para el fiel.

Por ello usa la imagen del Templo, que viene sustituido por el celestial. Según el ritual judío, en el área más sagrada del mismo, “el santo de los Santos”, sólo entraba el Sumo Sacerdote, una vez al año, en la solemnidad del Kippur de la Expiación, con la sangre de las víctimas.

Con Cristo y su sangre, derramada en la cruz, nos ha ofrecido a todos la posibilidad del santuario celestial, en donde obtenemos el encuentro perfecto y definitivo con Dios.

“Él nos abrió un camino nuevo y viviente a través del velo que es su propio cuerpo” (Heb. 10,20).

No debemos cumplir con rituales de purificación, sino que se abre un nuevo camino 'viviente' que es el Cuerpo de Cristo, que lleva en su interior el Misterio de Dios.

Sobre esta dirección y en este camino que seguimos al Señor Jesús, como guía, modelo, maestro; que nos lleva a la plenitud de la vida y de la intimidad con Dios. Acogiendo otra invitación de la misma carta: 
“Esforcémonos pues, por entrar en ese descanso”. (Heb. 4,11).

III.- El mensaje del Evangelio

Cristo, se dirige a sus apóstoles y les da algunas indicaciones y consignas muy precias, les transmite su misión, los hace ir comprendiendo que no circunscriban a los límites de espacio y tiempo, aquello que está hecho para superar los confines.

Cuando le preguntan del tiempo en que será reconstituido el Reino de Israel, no responde directamente, sino trata de hacerlos superar esa visión nacionalista: “Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra” (v.8), testigos de un anuncio y en su nombre se predicará a todas la gentes el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén” (Lc. 42,46). Una predicación que se base en la promoción integral de la persona, que se funda en la conversión y el perdón. Con Jesús, la persona entra en la intimidad con Dios de manera nueva e inaudita. La conversión conduce a la persona a los caminos de Dios; y el perdón atrae a Dios a los caminos del hombre, favoreciendo el encuentro de ambos.

Jerusalén es citada cuatro veces, pero no tanto como punto geográfico, sino como realidad presente doquiera que se lleva a cabo el misterio de la salvación como ciudad de la estirpe de David.

“No es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lc. 13,33) y ahora la Iglesia recibe la consigna de que a partir de ahí, realiza su camino.

Y la “nueva Jerusalén” es la meta hacia la cual tiende la humanidad, en el camino de la salvación.

Estos textos son una invitación a la misión, como camino de discipulado, compromiso y testimonio; pero al mismo tiempo de lo provisorio y pasajero de la vida humana; para que sepamos elegir lo que vale, lo que permanece, lo que tiene significado trascendente.

La fe no es algo adquirido, estático; sino es compromiso con llevar adelante la obra de Cristo, es una peregrinación bajo la luz y la acción del Espíritu. 

Otra característica de la comunidad primitiva es el gozo y la alabanza. Regresaron a Jerusalén con alegría y estaban siempre en el templo, alabando al Señor (Lc. 24,53).

IV.- Conclusiones

1) Esta celebración pascual es una conjunción de Esperanza y de realismo; que es la forma de vivir la vida cristiana.

2) Ellos reciben el mandato de llevar la Buena Nueva a todas las gentes “… vayan a Jerusalén, Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra”, o sea: Dilata tu corazón, abre  tus horizontes, mira al cielo desde tu compromiso humano.

3) Vemos también la secuencia bíblica y pedagógica de Transfiguración que anuncia la Pascua y que preludia la Ascensión. Que en el cristiano será: vivir el testimonio de su bautismo, en el Espíritu y la Liturgia, por la predicación que lleva a la conversión y el perdón, y con la gracia de Dios vivir en el gozo, sin temor, en santidad y justicia. (Lc. 1, 68-79).

4) Así lo vemos en Santo Tomás Moro, que muere decapitado el 6 de julio de 1535, Canciller del Reino con Enrique VIII; fiel a su conciencia y a su credo, escribe a sus seres queridos: No se entristezcan, porque confío que una vez llegado al cielo, nos volveremos a ver gozosamente, allá estaremos seguros de vivir y amarnos todos juntos en gozosa dicha, para siempre eternamente.

5) María es la primera creatura que inició esa experiencia con su Asunción al cielo, y con Ella los hombres y mujeres justos de todos los tiempos, que caminan con firme esperanza al encuentro del Amado y esperado a lo largo del éxodo de esta tierra.

6) Hoy celebramos la fiesta de la Esperanza, la celebración de la eficacia plena de la Redención, para que nosotros algún día participemos también de este anhelo y de esta gracia.

7) Tengamos en cuenta las palabra del Santo Padre en Fátima: “que algunos políticos, intelectuales, y profesionales de la comunicación, promueven y profesan una cultura única y desdeñan la dimensión contemplativa y religiosa de la vida e intentan silenciar la fe”, en numerosas partes del mundo (Benedicto XVI- Fátima-13-05-10).

8) Que Tu Espíritu Señor: abra nuestra mirada, dilate nuestro corazón, aumente nuestra fe y fortalezca nuestro compromiso humano para proclamar a todos la certeza de que Tú eres el Viviente, que nos dice: ¡“Ánimo, acá te espero!”.

Amén.

Mérida, Yuc., a 12 de mayo de 2013.

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
  Arzobispo de Yucatán

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