18 de Diciembre de 2017

Opinión

Signos de la realidad, columna de José G. Huchim: El rescate del Templo del Adivino de Uxmal

El Templo del Adivino de Uxmal es uno de los edificios más importantes del sitio por su volumen y dimensiones.

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El Templo del Adivino de Uxmal es uno de los edificios más importantes del sitio por su volumen y dimensiones. Hoy sabemos que la falta de mantenimiento, la acción del tiempo y la integración de registros de luz y sonido contribuyeron al deterioro del inmueble. Aunado a esto, el huracán Gilberto, que azotó el sur del Estado en 1988, impactó enormemente en el deterioro del edificio.

Las grandes cantidades del agua que cayeron en la región, a raíz del meteoro, se filtraron al interior del monumento, propiciando serios problemas estructurales que ocasionaron el reblandecimiento de los materiales y generaron derrumbes parciales, al grado de que de no intervenir oportunamente se hubiera desplomado totalmente.

Después de diez años de trabajo logré estabilizar el edificio. Para preservarlo fue necesario realizar un programa permanente de mantenimiento y restructuración. Esta labor de conservación se planteó desde la perspectiva de la arquitectura a partir de lo que representa el edificio, y desde la óptica de la restauración, ya que en la práctica se aplicaron los criterios de conservación internacional aprobados por la Unesco y el propio INAH y demás instancias. Desde la visión arqueológica se aplicaron técnicas especializadas para recuperar la información del edificio. Podemos decir que la interdisciplinaria fue nuestra mejor aliada para atender el problema estructural del Templo del Adivino de Uxmal.

La arqueología, la arquitectura, la restauración y el conocimiento de los materiales y sistemas constructivos de los edificios prehispánicos permitieron mirar con mejores ojos el problema estructural y recabar una mayor cantidad de datos para lograr la interpretación tanto del edificio como de su contexto espacial. Se obtuvo información de las descripciones de los primeros viajeros exploradores de mediados del S. XIX, de los informes de las primeras intervenciones desde 1920 hasta 1970, año en el que concluyó la restauración total del edificio.

La excavación de calas exploratorias, el registro detallado y la restauración permitieron estabilizar el inmueble; también encontramos restos de pintura de color azul y rojo, trazos sobre los pisos de estuco, aplanados de estuco, fachadas que los mismos mayas enterraron para edificar otras fases constructivas, piedras con diseños grabados con una gran habilidad. Pero lo más importante de esta ardua labor fue conseguir que el Templo del Adivino aún permanezca en pie.

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