17 de Diciembre de 2017

Yucatán

Retratar difuntos, una costumbre que 'pasó a mejor vida'

MÉRIDA, Yuc.- En la fototeca Pedro Guerra se resguardan 300 fotografías post mórtem del artista yucateco de la lente yucateco.

Los retratos post mórtem sirvieron como recuerdo y consuelo para muchas familias. (Imágenes: Fototeca Guerra)
Los retratos post mórtem sirvieron como recuerdo y consuelo para muchas familias. (Imágenes: Fototeca Guerra)
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Cecilia Ricárdez/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- El yucateco Pedro Guerra documentó en fotografías momentos de la sociedad yucateca, desde nacimientos y  vida cotidiana hasta la muerte, lo cual se puede constatar al revisar el archivo de cerca de 300 imágenes post mórtem que forman parte del acervo de las 500 mil gráficas resguardadas en la fototeca que lleva su nombre.

La cifra de los retratos póstumos y de escenas de funerales de cuerpo presente responde a una costumbre en el siglo XIX, pero que con el tiempo y el cambio en el pensamiento de la gente, se abandonó, pues el registro de los servicios fúnebres son considerados tabú, no obstante, continúan en el caso de personalidades de la sociedad.

En entrevista, el director de la fototeca, Edward Montañez Pérez, destacó que esta práctica es de una raíz "muy mexicana", tomando en cuenta las alegorías a la muerte desde épocas prehispánicas y el culto que se le rinde en la actualidad.

Con la fotografía mortuoria, Pedro Guerra formó parte de los fotógrafos del país que dedicaron su talento a este estilo, tal es el caso de Romualdo García, conocido por su serie de imágenes de niños muertos y los hermanos Casasola, quienes hicieron registro fotográfico de los muertos en la Revolución Mexicana durante los enfrentamientos y en los fusilamientos, así como otros conflictos civiles y militares.

En Yucatán, los retratos post mórtem sirvieron como recuerdo y consuelo para muchas familias, pues en ocasiones era la única imagen que tenían de su pariente.

De acuerdo con Montañez Pérez, este servicio era solicitado en todas las clases sociales, no obstante, existe una clara diferencia en la forma de despedir a sus seres queridos. Las familias adineradas lo hacían con una parafernalia a manera tributo, en capillas o incluso en la Santa Iglesia Catedral, mientras que en la clase baja, los funerales eran sobrios, algunos en el patio, con adornos de flores.

Montañez Pérez explicó que en ese entonces la tecnología influyó en el estilo de los retratos, en todos aparece la gente posando; sin embargo, el fotógrafo captó la aflicción de los dolientes.

"Ese famoso dicho de 'el que se mueve no sale en la foto', en el siglo XIX era más evidente que hoy en día; en el siglo XIX, los materiales eran poco sensibles a la luz, las cámaras eran muy pesadas, de cajón, tenían un manejo más lento, que necesitaba de un tripié, elegir el encuadre con cuidado, posar la escena y ahí el fotógrafo elegía el momento decisivo de hacer el click y registrar el gesto. Era un proceso en el que la exposición tardaba de cinco a siete minutos para lograr la toma como la quería", explicó.

La fototeca Pedro Guerra tiene 500 mil imágenes que datan de 1877 a 1960

De acuerdo con la investigación de Limbergh Herrera, para la tesis doctoral que está en proceso y dedica un capítulo al tema, hay tres posibles categorías en las que se puede encuadrar a la fotografía mortuoria, según la manera en que se retrata al sujeto: la primera consistía en fotografiar al difunto como si estuviera vivo; la segunda, como si estuviera dormido, y la tercera, en hacerlo desde su condición de muerto, es decir, sin tratar de ocultar o disimular que había fallecido.

El académico señala que más tarde las imágenes de difuntos fueron reemplazadas por las del sepelio: el cortejo, la sepultura y la lápida como último recuerdo. Esta fue la última concesión que la cultura otorgó al recordatorio mortuorio.

Preservación

La Fototeca Pedro Guerra de la Universidad Autónoma de Yucatán tiene como tarea resguardar, preservar y conservar material (objetos) fotográfico producido y referente a la memoria gráfica del sureste.

Hurgan en fototeca para recordar a sus muertos

En vísperas del Día de Muertos, familias yucatecas acuden a la Fototeca Pedro Guerra para comprar el recuerdo de su ser querido fallecido, reveló el director del recinto Edward Montañez Pérez, quien asegura que es una de las épocas del año con más actividad.

Esta institución, que pertenece a la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma de Yucatán, brinda al público la oportunidad de revisar en su catálogo en línea más de 20 mil imágenes sobre la historia social y cultural del Estado.

De acuerdo con Edward, mejor conocido en el ámbito fotográfico y académico como Yimmy, el acervo de la fototeca está compuesto por 500 mil imágenes que datan de 1877 a 1960, de las cuales sólo una porción está en internet, en el sitio www.antropologia.uady.mx, donde la gente puede buscar por categorías las fotos que necesita y que se relacionen con su familia.

El director explicó que la gente llega a la fototeca con el conocimiento de que Pedro Guerra retrató a su familiar, por lo que solicitan una imagen, la cual se consulta en la base de datos de los registros para saber si está en existencia y, de ser positiva la búsqueda, se vende en diferentes precios, que van desde los 354 pesos por un archivo de 300 dpi; si requiere impresión, se suman 190 pesos, pues es con una técnica especial y hasta 2 mil 154 se imprime en un formato de 1.70 mts por dos metros.

"Cerca de las fechas de Fieles Difuntos la gente quiere sus retratos para sus altares o ceremonias religiosas para recordar a sus seres queridos, de esta manera todos ganamos, porque ellos se llevan sus recuerdos y nosotros tenemos fondos para seguir conservando el archivo fotográfico que necesita de condiciones específicas para que no se deterioren", comentó.

Ubicación

La fototeca está ubicada en la calle 76 número 455 entre 41 y 43, y forma parte de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady).

El valor de una imagen

La fotografía mortuoria en la Península de Yucatán, según la investigación de la tesis doctoral en proceso de Limbergh Herrera, en el siglo XIX el acto de retratarse era considerado una ocasión memorable y la imagen era una expresión de identidad y de valor individual. La fotografía post mórtem tenía un valor que sobrepasaba el del retrato ordinario, y esto se reflejaba en el precio. Como servicio especial era más costosa que los comunes.

Esto se debía, en parte, a los inusuales requerimientos para su producción. El fotógrafo tenía que ir a la casa del difunto y trasladar su equipo, pero además solía aprovecharse de la situación, como cualquier otro comerciante, y cobraba precios exorbitantes por un producto irremplazable para los familiares del difunto.

Estas imágenes implicaban frecuentemente un sacrificio económico. Así, la foto mortuoria fue incorporada, primero (en la etapa del daguerrotipo) por las clases altas y medio altas -que antes de la aparición de esta técnica solían encargar pinturas de sus muertos- y luego, con la masificación de la fotografía, por las clases menos pudientes, tanto urbanas como rurales.

am/

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