13 de Noviembre de 2018

Opinión

Reutilizar, intercambiar, consumir consciente

En una ocasión una amiga me preguntó sobre qué ponerse para una salida...

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En una ocasión una amiga me preguntó sobre qué ponerse para una salida de noche. Le dije que me mandara fotos de los vestidos nominados. Me respondió que pensaba comprar uno e inmediatamente le mencioné nombres de tiendas que están en casi todos los centros comerciales de Mérida. Entonces, me envío las fotos de una página de ropa vintage y segunda mano. Aunque tenía en mi predilección ciertos nombres cuyos precios no estaban mal ni los diseños, quedé anonada con las texturas y estilos de blusas, faldas y vestidos.

Empecé a seguir varias de las tiendas hasta que al fin me decidí por una primera prenda. Para entonces llevaba seis meses sin hacer compras y trataba de erradicar poco a poco ese consumismo que me hacía, como a otras personas, comprar ropa cada dos meses. Quería alejar prácticas que no benefician ni a mi entorno ni a mí, pero no había hallado muchas opciones. En el encuentro para recoger la falda conocí a Daniela Camacho, quien es una conocida poeta y dueña de la ropería “La retorno”.

Cuando llegué a mi casa, noté que en mi falda estaba una nota que decía: “Gracias por darle una nueva vida”. Por aquellos mismos días, el tema había llamado tanto mi atención que comencé a investigar más sobre los oscuros secretos de la industria de la moda. Detrás de los maniquíes “fashion”y los pasillos luminosos donde adolescentes compran al ritmo de música estridente, se esconde la explotación laboral a mujeres y niños. Ahora son más conocidos los casos de algunas tiendas españolas que explotan gente en pésimas condiciones laborales, así como la contaminación que provoca la ropa que queda abultada porque nadie la compró y prefirieron quemarla a perder el prestigio de la firma si la vendían más barata.

Recomiendo el artículo de María José Evia Herrero, “Ropa barata, consumo responsable y explotación laboral”, que puede encontrarse en la página web de Letras Libres y de la redacción de la revista online Malvestida: “Este es el destino de la ropa que no se vende ni en las rebajas”.

Si queremos mejorías en nuestra sociedad, el país y el mundo, no podemos dejar de lado cosas tan mínimas que, no obstante, tienen impacto en los estilos de vida de otras personas. Examinar nuestros hábitos y la forma en que nos abastecemos de servicios podría mejorar la calidad de vida de otras personas y no dejarle tantos problemas a las futuras generaciones. Variemos las opciones de compra, espaciemos más el tiempo que vamos a un centro comercial y escribamos nuevas historias sobre ropa que pide una segunda oportunidad.

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