19 de Septiembre de 2018

Opinión

Salir de la habitación (II)

El flâneur es atractivo literario para todo aquel que disfrute la ciudad a través de los pies...

Compartir en Facebook Salir de la habitación (II)Compartir en Twiiter Salir de la habitación (II)

El flâneur es atractivo literario para todo aquel que disfrute la ciudad a través de los pies. Son muchos los escritores que se entregaron con creatividad a perderse tras los pasos de otros, empezando por el máximo exponente que es Charles Baudelaire.

Pero qué pasaría si, a la manera de Woolf en “Una habitación…”, imagináramos a una hermana de Baudelaire interesada en observar las complejidades sociales de la urbe: ¿Su madre la dejaría vagar por la ciudad? ¿Le permitiría el ocio creativo que produce el vagabundeo? Y una vez fuera de la casa: ¿Se integraría con facilidad al grupo literario del Barrio Latino? ¿Podría observar los excesos y la bohemia de París como una más de esos poetas?

Me atrevo a decir que habría sido difícil. Aunque el estilo de vida de Baudelaire de por sí fue conflictivo en relación con su familia, para esta hipotética hermana las posibilidades de salir a las calles parisinas serían casi nulas.

El padre fue quien acercó a Baudelaire a las letras a una edad muy temprana. También en los estudios superiores el poeta contó con el apoyo familiar. No cabe la menor duda sobre la posición de desventaja que tendría la hermana de haber tenido el deseo de estudiar.

En otra parte del ensayo, Virginia idea un futuro más favorecedor para las escritoras: “En cien años, pensé al llegar a mi puerta, las mujeres ya no serán el sexo protegido. Participarán en todas las actividades y esfuerzos que les están vedados ahora”. Cuesta comprender que el cambio no haya sido tan drástico como lo suponía Woolf a pesar de que en la actualidad las mujeres votan, escriben y estudian –si sus recursos lo permiten– y trabajan para satisfacer sus necesidades básicas.

Tenemos ya la habitación propia mas no el mundo. Los caminos de las mujeres son limitados a causa del miedo de que la única blancura que vuelvan a ver sea la de la muerte.

Un desenlace que podría evitarse si los espacios que nos rodean aseguraran que no vamos a ser violentadas por nuestro sexo. 

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios