22 de Abril de 2018

Yucatán

“Se apropian” de la riqueza arqueológica

En Burrotunich, pueden verse los rastros de la destrucción y robo de vestigios mayas.

Vestigios de pirámides destruídos. (José Acosta/SIPSE)
Vestigios de pirámides destruídos. (José Acosta/SIPSE)
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Jaime Tetzpa/
MÉRIDA, Yuc.- Después de 20 años de constante saqueo, en Burrotunich sólo quedan algunos montículos de lo que pudo ser una zona maya floreciente y el rastro de la destrucción con áreas perfectamente limpias por donde acceden vehículos que continúan con el tráfico de piezas arqueológicas.

El ejido de Burrotunich se localiza a seis kilómetros de Opichén, y para llegar se requiere de un guía. Luego de buscar en el pueblo a un conocedor de los ejidos, el campesino Luis Reyes May Canul accedió a mostrarnos el área, tras acordar el pago por sus servicios, ya que el camino es de terracería y sólo se puede llegar en camioneta.

Además, se necesita conocer bien el trayecto para desviarse de la carretera federal y tomar la vereda que lleva hasta los montículos en donde fue descubierto un monolito, al parecer, de un rey maya.

En el poblado de Opichén también se observa una casa estilo maya construida sobre lo que fue el basamento de una pirámide, ya que sus escalinatas así lo demuestran.

Con una temperatura aproximada a los 30 grados centígrados, se inició el recorrido hacia el ejido, pero hubo que desviarse para conocer la cueva Saya-Actún, un lugar importante para los habitantes de  Opichén, Calcehtok, Oxkintok y Maxcanú, porque en su interior “hay aguas medicinales”.

Luego de caminar unos 200 metros entre el monte se localizó la entrada de la cueva. Previo al descenso, el guía advirtió de la presencia de abejas y murciélagos, “aunque no hacen nada… si no las molestan”.

Explicó que se puede avanzar –hasta donde la luz del día lo permite– porque no hay peligro, y al topar con la pared se verá una especie de vasija, en donde se junta el agua.

“Puede llevarse el agua, y en 10 minutos se vuelve a llenar la vasija. Lo curioso es que el líquido no se derrama. Alcanza un nivel y ahí se queda, hasta que alguien la vuelva a vaciar”, detalló.

“Dicen los antiguos que es medicinal, porque cura a los bebés cuando nacen enfermos. Mucha gente de los pueblos les tiene fe”, indicó.

Al continuar hacia Burrotunich, tras media hora de camino, se llega a la parcela en donde se localizó el monolito. A cien metros se aprecian los montículos cubiertos por la yerba. Al iniciar la caminata entre la siembra, Luis indicó que hay que fijarse bien donde se pisa, ya que en la zona hay mucha víbora de cascabel.

“A partir de esta zona es donde encontraron la piedra del rey maya. No se alcanza a distinguir por el monte, pero si nos acercamos se puede ver que muchas piedras han sido removidas; es decir, hay gente que viene a excavar para ver qué encuentra”, explicó.

“Aquí no hay vigilancia. Si habla con los campesinos y les ofrece dinero, a lo mejor hasta le ayudan a excavar, porque conocen el terreno. Durante 20 años esta zona ha sido saqueada, y muestra de ello es el monolito que está en el Ayuntamiento de Opichén, pero en parte el INAH es culpable, porque se les notificó desde hace muchos años y no han hecho nada”, indicó.

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