23 de Septiembre de 2018

Yucatán

Qué hacer cuando se pierde el compañero o compañera de vida

Mal manejado, el duelo puede bloquear emocionalmente y generar una sensación de aturdimiento e incredulidad, que a su vez produce síntomas físicos y psicológicos.

La pérdida más fuerte para un abuelo es la muerte de su pareja. (idey.com)
La pérdida más fuerte para un abuelo es la muerte de su pareja. (idey.com)
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MÉRIDA, Yuc.- Platicando con los abuelos comentábamos que hay que estar muy atentos ya que, de manera especial, la muerte de nuestros seres queridos desafía nuestro deseo y capacidad de “ser felices”.  Cuando nos topamos con la realidad inevitable de la muerte, tratamos de convencernos de que es tonto, más aún, imposible siquiera pensar que la vida pueda continuar sin nuestro ser querido.

La verdad es que no tenemos por qué sentirnos “infelices” aún en esos momentos difíciles de “tristeza”. Ya que no es lo mismo “sentirnos tristes” que “ser infelices”. La tristeza es pasajera; la felicidad, perdurable.

El segundo gran desafío del envejecimiento humano –continué platicándoles- es cuando perdemos a la compañera o compañero de toda la vida; cuando perdemos a una hermana o hermano, a algún familiar cercano o algún contemporáneo muy cercano.

Ante la pérdida de los seres queridos, todos transitamos, inevitablemente, por un fenómeno psicológico llamado sentimiento de duelo.

Los tanatólogos consideran que el duelo, cuando no se enfrenta desde la perspectiva espiritual, puede llegar a ser una verdadera catástrofe psicológica.

El sentimiento de duelo, mal manejado, puede bloquearnos emocionalmente y generarnos una sensación de aturdimiento e incredulidad ante la pérdida que acabamos de sufrir, acompañado de una gran variedad de síntomas, tanto físicos como psicológicos.

El proceso de duelo es una larga materia en la ciencia de la Tanatología, de la que hablaremos con más detalle en el futuro.  

Por hoy, mencionaremos tres sensaciones naturales, que todos tendremos que experimentar  algún día ante la pérdida de un ser querido y que, para no quedarnos atorados en alguna de ellas, se sugiere abordarlas desde una perspectiva trascendente o espiritual:

  1. La sensación natural de impotencia ante la muerte, sin visión de trascendencia, puede convertirse en un sentimiento de ira que se volverá incontrolable.
  2. La sensación natural de pérdida que experimentamos al morir un ser querido, si la tratamos desde la perspectiva simplemente material, puede transformarse en un sentimiento de vacío existencial, soledad y desesperanza.
  3. La sensación de culpa que suele surgir por lo que hicimos o dejamos de hacer por nuestro ser querido difunto, si no la enfrentamos con una clara visión espiritual, puede producirnos agresivos y recurrentes remordimientos que nos acompañarán hasta el día de  nuestra propia muerte.

En conclusión, cuando la muerte de tus seres queridos la enfrentas con una perspectiva espiritual y de trascendencia, la sensación de impotencia se transforma en certeza, que tu vida y la de tus seres queridos, creyentes o no, están en manos de Dios; la sensación de pérdida se disipa ante el amor y la compañía de los que aún siguen caminando junto a ti y la sensación de culpa podrás cambiarla por una sana autoestima que sabe perdonarse -y perdonar- para seguir adelante.

Antonio Alonzo Ruiz, [email protected] . Especialista en psicoestimulación y psicoterapia. Consulta privada: Centro Crehas Mérida 999 340 2321  CEMI, Las Américas 688 2660.  www.crehas.org.

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