16 de Diciembre de 2017

Yucatán

Don Andrés García Lavín, un hombre de familia

“Ser padre, qué dicha”, aseguraba a quienes lo rodearon a lo largo de su vida.

En imagen, Don Andrés García Lavín y su esposa Ana María Gamboa Fajardo (ambos ya fallecidos) durante la celebración de sus Bodas de Oro. (Milenio Novedades)
En imagen, Don Andrés García Lavín y su esposa Ana María Gamboa Fajardo (ambos ya fallecidos) durante la celebración de sus Bodas de Oro. (Milenio Novedades)
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Joaquín Tamayo/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- A lo largo de su existencia, Don Andrés García Lavín supo cimentar las bases de una familia que lo extrañará siempre y que, asimismo, agradece haberlo tenido y disfrutado durante tantos años.

Su estilo de hacer las cosas, su particular visión del ser humano, su ética moral y profesional, así como su profunda capacidad afectiva y generosa, conforman apenas unas cuantas de sus muchas señas de identidad que seguramente sus descendientes habrán de capitalizar para seguir honrando la luz de su recuerdo, junto con la sencillez y la plenitud de su alma.

Así, Don Andrés se casó el 16 de enero de 1953 con Doña Ana María Gamboa Fajardo; producto de ese vínculo nacieron sus hijos Andrés, Alicia, Juan Camilo, Alejandro, Ana María y Gerardo.

Cuando alguien le preguntaba qué le faltaba por hacer, Don Andrés no dudaba en señalar que “Dios ha sido siempre misericordioso conmigo” y que siempre habría de estar agradecido por la familia que le correspondió tener. “Ser padre, qué dicha”, aseguraba.

Un hombre bueno y valiente, así lo definieron algunas de las voces que lo trataron de cerca. Y no se equivocaron. Ese fue Don Andrés García Lavín, quien jamás se dio por vencido y que afrontó las adversidades con la humildad propia de la grandeza.

Su muerte, ocurrida el 9 de julio de 2007, puso fin a una época y a un estilo de asumir la vida que no volverá. Una manera de ser yucateco, de ver el mundo a través de la sencillez, la gratitud y la libertad. Esa fue quizá una de las lecciones más importantes que le terminó dando a todos aquellos que lo rodearon, tanto en el trabajo como en los detalles de su existencia cotidiana: “Lo único que tengo es lo que soy”.

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