24 de Febrero de 2018

Yucatán

Un rayo 'creó' el cenote Xlacah

El cuerpo de agua se ubica aproximadamente a 15 km al norte de la ciudad de Mérida.

El cenote Xlacah, ubicado a unos 15 kilómetros de Mérida, es una buena opción para visitar, en estads vacaciones. (Sergio Grosejan)
El cenote Xlacah, ubicado a unos 15 kilómetros de Mérida, es una buena opción para visitar, en estads vacaciones. (Sergio Grosejan)
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Sergio Grosjean
MÉRIDA, Yuc.-En esta época de vacaciones, podemos considerar muchos sitios para visitar en nuestro Estado, y uno que vale mucho la pena, por su cercanía, es el cenote de Xlacah en Dzibilchaltún, ubicado aproximadamente a 15 km al norte de la ciudad de Mérida, ya que es un lugar que se localiza en un asentamiento cuyos primeros pobladores llegaron a esa región durante el período Preclásico Medio y el Preclásico Tardío (500 a.C./250 d.C.). Tal vez debido a esa situación, el cenote fue llamado en lengua maya Xlacah que significa “Pueblo Viejo”.

A grandes rasgos, el cenote tiene en la superficie una longitud aproximada de 35 metros de largo por 20 metros ancho. El agua es bastante clara y se observan algunas variedades de peces en la parte somera, así como gran cantidad de plantas acuáticas que, en determinadas épocas del año, son más abundantes.

En el lado oeste, donde se encuentra la parte más profunda del área abierta, el fondo del cenote adquiere una forma inclinada y alcanza los 44 metros hacia el noroeste donde se abre en una amplia galería horizontal. Los antiguos mayas protegieron con muros de retención la orilla del cenote y construyeron una plataforma mediana muy próxima a él.

En su extremo este, que es el menos profundo, hubo otra pequeña plataforma, hoy desaparecida, que llegaba al manto acuífero y permitía a la población disponer del agua con facilidad.

Cuenta la leyenda que un hombre viejo y cansado acudió a la casa de su hijo para pedirle un pedazo de pan y el malagradecido vástago, a pesar de disfrutar de muchas comodidades, le negó la comida a su padre. Un dios, al ver esto, tomó la apariencia del viejo y fue a pedir ayuda al hijo que volvió a negarse. Entonces, ese dios, para castigar al ingrato, hizo caer un rayo sobre su casa donde se hundió el suelo y se formó el cenote Xlacah.

Por otra parte, en la segunda mitad del siglo XVI, después de la Conquista española, los frailes franciscanos construyeron una capilla abierta en el centro de la plaza central con la intención de adoctrinar en la nueva fe a la población local.

Posteriormente, el sitio evangelizador fue trasladado a la comunidad cercana de Chablekal, junto con su patrona Santa Úrsula que, de acuerdo con la leyenda, vivió en el cenote Xlacah hasta que emergió de sus aguas y se fue a vivir a la capilla que está en medio de la antigua ciudad.

De ahí, su imagen fue trasladada a la iglesia de Chablekal y los habitantes de este pueblo dejaron a una niña en la capilla de Dzibilchaltún, reflejando con ello las antiguas prácticas de los sacrificios a cambio de favores solicitados. La hermana mayor de Santa Úrsula todavía vive en el cenote y la menor, llamada Concepción, dejó también el cenote y se fue a Izamal. Entre los habitantes de Chablekal se conserva la creencia de que un sacbé unía su pueblo con Izamal.

Hasta donde sabemos, los primeros en explorar el cenote Xlacah fueron nuestros amigos, don Jorge Urcelay Gutiérrez y Pedro Castillo Peniche, quienes en sus primeras prospecciones en el año de 1956 extrajeron una piedra careada con bajorrelieves, misma que fue entregada al INAH y, de acuerdo con el primero de estos notables aventureros, esa pieza lítica se extravió, o como diríamos vulgarmente, se la “ratearon”.

También el primer croquis de esta cavidad la realizó Jorge Urcelay y uno de sus mayores deseos es ver expuesto el original en el museo del sitio arqueológico, situación que tristemente, hasta el presente, no se ha hecho realidad.

Por esas fechas, Robert Marx, Luis Marden y Fernando Euán formaban parte de un proyecto mayor que se llamó “Programa de investigación de la península de Yucatán”, dirigido por el doctor Wyllys Andrews IV, con recursos de la National Geographic Society y el Middle American Research Institute de la Universidad de Tulane.

Los trabajos de exploración del sitio arqueológico comenzaron en 1956 y duraron cerca de una década. Durante la prospección subacuática realizada entre 1957 y 1959 se rescataron alrededor de 30 mil tiestos de cerámica –vasijas para almacenar y transportar agua y otras para ofrendas– y restos óseos humanos, así como objetos diversos de piedra, madera, hueso y concha.

Finalmente, en 2001, luego de varias exploraciones, se realizó la que mapearon 1,183.50 metros, con una longitud horizontal de 1,160.50 m, llegando a una profundidad máxima de 61 metros. Dicha expedición la realizaron Michel Garman, Sherry Garman, Jtka Hyniova, Jakub Rehacek y Alex Warren.

Mi correo es [email protected] y twitter: @sergiogrosjean

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