16 de Octubre de 2018

Yucatán

Sobrevive José Emilio Pacheco a la marea de recuerdos

El vuelve a su infancia en el mar de Lerma, Campeche, de donde pesca sólo memorias.

José Emilio Pacheco, escritor con raíces campechanas, fue reconocido en Yucatán. (Archivo/NTX)
José Emilio Pacheco, escritor con raíces campechanas, fue reconocido en Yucatán. (Archivo/NTX)
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El reconocimiento de la Filey al escritor José Emilio Pacheco es el segundo que se le otorga en el sureste: el primero fue en Campeche del que recuperamos esta entrevista publicada en el periódico Novedades de Campeche de Grupo SIPSE.

Eduardo Vargas Marín/SIPSE.com
CAMPECHE, Camp.- Campeche se inundó de memoria: los recuerdos del escritor mexicano José Emilio Pacheco llegaron hasta la Universidad Autónoma de Campeche (UAC) que lo nombró Doctor Honoris Causa, tras 50 años de autoexilio de la tierra que lo vio nacer.

Los recuerdos inundaron los ojos del escritor: volvieron su padre, sus amigos, las canicas, el mar, en el instante en que recibía un galardón que valoró aún más que el Premio Cervantes de Literatura que recibiera en 2009.

-¿Su vuelta a Campeche es como la vuelta de García Márquez a Macondo?

-¡Macondo es realismo mágico!… no lo puede entender usted: salir de 18 años y volver de 70 años, es una sensación rarísima que todavía no acabo de asimilar…

Pero asimila bien las preguntas y las responde todas, aun las que no le sientan bien; dice, por ejemplo, que no se atreve ni a opinar de la situación del México actual, pero asesta un comentario mucho más crítico: “Ahora no podríamos salir a jugar canicas porque nos ametrallan”… provoca las risas de los asistentes.

Ataja otra vez las preguntas incómodas…

-¿Asistimos a la muerte de libro?

-No me gusta dar predicciones –contesta, pero agrega-: yo no lo creo… el libro, como objeto tecnológico, es una maravilla, es una cajita de leer, pero, en fin, no sé, pero ustedes ¿puede leer -no una noticia- 500 páginas en pantalla? Es imposible…

Y finalmente todos son opiniones… habla de la muerte de Carlos Montemayor, de quien no fue amigo, pero sí asiduo lector… del premio: “Mi padre estaría más orgulloso de éste que del Cervantes”… de lo que viene en puerta: “Muchísimos, pero tengo supersticiones de torero gitano: si se los cuento ahora, o no lo termino o ustedes van a decir: ‘hay que decepción, el día que no los contó en Campeche parecía interesantísimo y no estuvo a la altura.’”

Para él, lo mejor siempre es lo que viene: “Todo escritor y escritora le respondería lo mismo, lo que está haciendo… uno siempre tiene esperanza de que va a mejorar… a esta edad, ahora sí estoy aprendiendo, pero me falta muchísimo y ya no tendré tiempo... eso es muy dramático…

Pero la pregunta que pareció más cómoda, por su eterna relación con lo natural –presente en buena parte de su obra literaria- llegó con buena mar

-¿La devastación de la naturaleza lo es de la literatura?

-La literatura se tiene que dar en eso… es sobrecogedor México con las inundaciones… no se pude romper con la naturaleza de un lugar lacustre lugar y construir una cosa muy endeble y además horrendas, espantosas… el lago de Chalco era un paraíso, ahora está lo que llaman los ecólogos la memoria del agua: el agua regresa donde estuvo y en las noticias es escalofriante que el lago está resurgiendo y todo la ciudad de México está muy debajo de nivel de desagüe…

Y la otra pregunta cómoda…

-¿Qué le recuerda Lerma?

-Mi más remota infancia, a los seis meses, mi bautismo… afortunadamente encontraron el acto de bautizo… de los seis meses no me acuerdo, pero de los dos o tres años sí me acuerdo y hay fotos. Siempre me ha parecido una idiotez que me pregunten de la felicidad, si soy feliz: la felicidad no pude ser algo continuo, son momentos y para mí un momento feliz es nadar en el mar de Lerma a las seis de la mañana…

Prácticamente lo ha contestado todo y las plumas (bolígrafos) han comenzado a rodear al maestro –término que no acepta: son jóvenes que se acercan a pedirle dedicatorias para algún libro recién comprado del autor…

El cansancio ya hizo su aparición, pero su humor permanece: “Si tuvieran un punto grueso porque mi letra está fea y ha empeorado mucho con edad… Van a decir ‘¿cómo le pueden dar un doctorado si tiene letra de analfabeta?’

"Tengan, tengan" –exclama, mientras busca la mano del dueño del bolígrafo… “yo no robo libros, robo bolígrafos”, advierte y comienza su acercamiento con los lectores y la mar comienza a regresar a su nivel después de haber inundado Campeche.

Sí, es la mar de José Emilio Pacheco… es el agua, esa agua que –como bien dijo el escritor- tiene memoria y vuelve al sitio donde estaba, aunque lo hizo 50 años después…

(La versión original fue publicada en Novedades Campeche, en 2009)

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