21 de Septiembre de 2018

Opinión

La sonrisa de cada día

El poder de la pluma

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Alguien le dijo a un compañero de trabajo que le gustaba encontrarlo siempre de buen humor y eso hacía muy agradable la experiencia de tratar con él; la sonrisa asoma a su rostro de manera discreta pero constante, reflejando siempre una abierta cordialidad hacia quien tiene enfrente; su humor agradable, sencillo y sin poses viene acompañado de una sonrisa cálida que te hace sentir a gusto, casi como en casa, despertando simpatía en compañeros.

Decía Pablo Neruda que la sonrisa es el lenguaje del alma, también es su reflejo; la sonrisa habla de lo que el alma es, la sonrisa trae al mundo exterior el reflejo de la vida interior. Existen sonrisas nerviosas, de burla o desprecio, sonrisas que más que dar vida logran congelar la sangre; hay sonrisas que matan y aun peor seres humanos que matan sonriendo. Esas sonrisas que más que revelar nuestro interior tratan de enmascararlo para ocultar la profunda putrefacción que llevamos dentro. Convirtiendo la sonrisa en máscara tratamos de evitar que contemplen nuestra realidad.

Afortunadamente, en este mundo hay mucho bien, mucho más del que imaginamos, hay sonrisas limpias de una conciencia tranquila, sanas porque buscan el bien, contagiosas porque es tal su alegría que sólo quieren compartirla, cariñosas porque provienen de un corazón colmado de amor, amables porque tratan a los demás con el corazón de quien es comprensivo, amorosas, ya que del amor se engendraron y hacia él se dirigen, amor que hecho carne en el ser humano se ama a sí mismo y se dona generoso hacia los demás.

Es cierto que puede uno perderse en una sonrisa para siempre porque cura tus heridas, sana tus dolores, aleja la soledad infértil y renueva la esperanza en ti mismo y en el otro; logra esto porque es producida por una alegría interna, reflejada en el buen humor y coronada por la sonrisa, esa que tan poco cuesta y que tanto vale, esa que nadie es tan pobre que no pueda darla ni tan rico que no pueda necesitarla. Sin duda sonreír es uno de las más altos logros de la humanidad, la sonrisa no sólo es divertida, sonreír nos perfecciona, la sonrisa nos convierte en seres más plena y auténticamente humanos.

Muy fácil es enamorarse de una sonrisa plena, cierta, que refleje todo lo que el corazón atesora, sonrisa que se inicia en los labios y se magnifica en los ojos, con miradas que realmente saben sonreír y logran vibrar de amor entre dos rostros, para acabar sonriendo con el rostro, las manos, el cuerpo entero. Afortunado todo aquel que puede contemplar frecuentemente en el rostro amado estos relámpagos de gloria.

Esta sonrisa se hereda y se construye al mismo tiempo, se hereda de los abuelos, padres y familia; cuando en el ambiente de una relación de amor, confianza y respeto se van tejiendo día a día las sonrisas que de niños nos habituamos a ver en el rostro de quienes nos rodean. Cuando la caricia de unos rostros sonrientes inunda la convivencia familiar nuestro rostro reproduce aquello para lo que entiende que el rostro existe, la sonrisa divertida, tierna y cariñosa.

También se construye en el día a día, la construye quien tiene esperanza en el corazón, confianza en los demás y cree en la bondad y en el bien por sobre todas las cosas; la construye aquel que se ama tanto a sí mismo como ama a los demás; el que ama sonríe, por lo tanto la sonrisa está vedada para los orgullosos, amargados, prepotentes o envidiosos, porque la elección de este tipo de vida y actitudes imposibilita llevar de su interior al exterior una sonrisa verdadera, si acaso esbozarán una mueca, burda imitación de la sonrisa auténtica.

Así es como vamos acercando nuestra existencia a la felicidad, cuando a través de la sonrisa compartes con los que te rodean tu riqueza y dicha interior y ésta se traslada, se contagia y se multiplica en los rostros de nuestros semejantes. Sonriamos ante lo bueno, pero tengamos la capacidad de sonreír ante lo no tan bueno, sonriamos ante nuestros errores, tonterías e imperfecciones, entendamos que son parte de nuestra existencia y después de reír un poco de nosotros mismos, volvamos al sendero de la construcción de nuestra humanidad, esforzados día a día en ser un poquito mejores que ayer.

Construyamos una vida a base de sonrisas, transmitiendo a través de ellas vida, dulzura y esperanza a los demás, seamos obstinados en sonreír y al sonreír y continuar sonriendo reflejar en nuestras vidas y las de los demás la gran sonrisa de Dios.

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