20 de Noviembre de 2018

Opinión

Tecnología contra trato humano

Rayaba la una de la mañana, me dispuse a organizar mi agenda del día siguiente...

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Rayaba la una de la mañana, me dispuse a organizar mi agenda del día siguiente y revisar documentos relevantes. Pero la calma “chicha” poco duró. Me asaltó la angustia y la liberación de adrenalina elevó frecuencia cardiaca y poco faltó para llegar al colapso emocional. Esa alarma cerebral fue detonada, durante los momentos de angustia ante presunto extravío de mi disco duro que guarda cualquier cantidad de información. Leve sudor frío perló mi frente, que ipso facto cedió, al encontrar minúsculo equipo –que, cual muñeca fea, se ocultaba entre dos columnas de libros-. ¡Hasta dónde ha llegado nuestra dependencia tecnológica!

Al analizar lo anterior, vino a mi mente cuando estudiaba mi residencia de reumatología en la Ciudad de México.

Durante un lustro, la visita a la biblioteca y extraer centenares de artículos impresos para abundar y cimentar nuestro aprendizaje fueron la constante, logrando almacenar gran cantidad de papel con estudios bibliográficos que se traducirían en conocimiento indispensable. Si bien cumplieron su razón de ser, actualmente los resguardo a sabiendas de que sólo sirven para que el comején obeso sufra finalmente un infarto resultado de adicción fatal.

Los avances en la materia han cambiado el quehacer cotidiano, facilitando aprendizaje y actividades laborales y recreativas. El tiempo y la distancia se han reducido a un equipo portátil, dando paso al mundo virtual. La medicina ha sido una de las tantas áreas que se han visto beneficiadas con su crecimiento.

Mirando la otra cara de la moneda, también tiene sus inconvenientes, me refiero a que este facilitador en la medicina del siglo XXI es frío e impersonal, y pudiese paulatinamente ir desvinculando la relación médico paciente, y desvanecerse el tacto y toque humano que tanto necesitamos durante los momentos de dolor. Lo mencionado sería como leer un libro electrónico, que yugula el placer de los sentidos, que se activan con cada momento que pasamos las páginas, despertando así la creatividad y necesaria imaginación que atrae, envuelve, compromete y embelesa la lectura.

Amable lector, con lo charlado deseo invitarte a la reflexión, y poner en contexto los avances de la tecnología. Estas herramientas han transformado el escenario global, no pocas veces promoviendo el distanciamiento humano. Es obligado escuchar, ver a los ojos del paciente, tocar y palpar. La medicina exige calidez. Les invito a rescatar el contacto humano, planteando estrategias que logren el punto intermedio.

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