22 de Septiembre de 2018

Opinión

Templo de las Tortugas III

Después de las intervenciones parciales de José Erosa Peniche en el Templo de las Tortugas...

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Después de las intervenciones parciales de José Erosa Peniche en el Templo de las Tortugas en agosto de 1945, pasaron 25 años para que otro arqueólogo continuara la restauración. En un artículo publicado en el boletín del INAH en 1972, César Sáenz da cuenta de las labores que realizó entre 1970 y 1971 en esa construcción y en el Edificio Poniente del Grupo del Cementerio, el costado norte del Cuadrángulo de las Monjas y el Templo del Adivino.

Los trabajos se centraron en las fachadas de los costados norte y sur y en el muro divisorio entre crujías, en su eje norte-sur. En la fachada norte, en 1945 se restauraron parcialmente los muros laterales de la entrada. En 1970 se repusieron jambas y dintel con concreto para definir la única entrada en este costado. Sobre la entrada principal se reintegró el friso compuesto por una moldura media de tres miembros, las columnillas, la cornisa y el caballete. Se impermeabilizó el techo a fin de frenar el deterioro.

En el costado sur, recordemos que en 1945 se liberó el derrumbe, por tanto, la primera labor de Sáenz fue la limpieza de la entrada en el piso interior. Esta minuciosa labor expuso las huellas del arranque de los pilares que junto con los muros laterales definieron las tres entradas del cuarto sur. Al igual que en el costado norte, las jambas y los dinteles del costado sur fueron reconstruidos con cemento y acero.

En el costado norte, después de integrados los elementos arquitectónicos de las entradas, se precedió a restaurar la decoración del friso formado por la moldura, las columnillas y la cornisa en la que van empotradas esculturas de tortugas. El muro intermedio que divide al cuarto norte del cuarto sur estaba parcialmente desplomado, sobre todo el sector superior de la entrada a ambos aposentos. Además, faltaba el dintel y las jambas estaban por caer. Se restauraron las jambas y se integró el dintel de concreto. Sobre el dintel se reintegraron las piedras en forma de “bota” que forman el intradós de las bóvedas.

En 1995, el arqueólogo Ricardo Velázquez Valadez realiza labores de consolidación menor en el aposento poniente, consolidando el núcleo del friso, e integra el dintel de madera en la entrada de la crujía sur. Hoy estamos elaborando el diagnóstico de deterioro de este edificio. Esperamos que la Secretaría de Cultura dimensione la labor del INAH y la importancia de este sitio patrimonio mundial por la Unesco.

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