22 de Octubre de 2018

Yucatán

Tendejones y estanquillos sobreviven 'de milagro'

Mayor competencia y las cadenas de tiendas de conveniencia han dejado en situación de vulnerabilidad a pequeños comercios.

El Gallito es un ejemplo de la crisis que viven los pequeños comercios. (Google Maps)
El Gallito es un ejemplo de la crisis que viven los pequeños comercios. (Google Maps)
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Jesús Mejía/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Don Miguel Ramayo recuerda con nostalgia los mejores tiempos del negocio “El Gallito, el Famoso 13”, que le heredó su padre hace 40 años, cuando estaba instalado frente a la Plaza Grande, junto a la farmacia.

“Ahora –dijo-, estamos sobreviviendo de milagro”.

Instalado en un local sobre la calle 63, en el costado sur del Ayuntamiento de Mérida, a donde fue reubicado en tiempos del gobernador Loret de Mola, el señor Ramayo dice que el surtido de su tienda es escaso: “Sólo vendo billetes de lotería, refrescos y frituras, porque otra cosa no se puede”.

Culpa a las tiendas de conveniencia de su situación y de los otros estanquillos y tendejones. “Están por todas partes y no podemos competir con ellos”. 

Comenta que antes vendía 15 ó 20 cajas de refrescos a diario, pero hoy día sólo dos o tres.

“Es difícil la situación”, dice el heredero de “El Gallito”, que era el mote que tenía a su padre hasta que fue reubicado su estanquillo cuando mataron -recuerda- a  Efraín Calderón “El Charras”, dirigente obrero, en 1974.

El caso del señor Ramayo es el de las tiendas familiares surgidas y operadas por varias generaciones y hoy se encuentran en el nivel de subsistencia o a punto de cerrar por la competencia y los costos de los insumos.

Lealtad de los clientes

“Aquí estamos gracias a la lealtad de los clientes; de otra forma, ya hubiéramos cerrado”, comentó Roger Puerto, a quien los vecinos conocen como “El Güero”, quien atiende un expendio de refrescos, salbutes y tortas en la entrada de un vetusto edificio, en sitio conocido como “El Paso del Estudiante”.

“Aquí –dice con su índice hacia la acera de la calle 63, enfrente del estacionamiento del Ayuntamiento de Mérida- era un paradero de camiones y combis, pero lo quitaron y encima pusieron los Oxxos”, lamenta el comerciante, quien dice que su fuerte es la venta de alimentos y los refrescos.

La señora Rosalba Góngora, encargada del expendio “La Marianita”, ubicada frente al Templo de las Monjas, sobre la calle 63, culpa a las tiendas de conveniencia como las causantes de la crisis de ventas que enfrenta, al igual que otros estanquillos del centro de la ciudad.

“Ellos –dice en alusión de la cadena de tiendas del corporativo Femsa- compran al mayoreo y ofrecen ofertas y nosotros no podemos competir. Yo doy el refresco a ocho pesos y ellos lo dan a 7.50 “.

El fiado, su gancho

“Mire, tenemos más de diez años este negocio que administramos mi cuñado, mi hermana y yo, pero estamos con la posibilidad de cerrar si las cosas siguen igual”, señala la dependiente del negocio, al momento en que llega un maestro y le pide fiado, a lo que ella responde afirmativamente.

“Vamos a seguir hasta donde se pueda”, advierte la señora Góngora, quien no deja de lamentar la presencia de “tantas” tiendas de conveniencia, ya que tan sólo alrededor de la Plaza Grande existen cinco y han tenido que cerrar, indica, algunos tendejones de los alrededores.

Algo similar ocurre con la tienda de abarrotes “La Isabelita” ubicada en la calle 64 entre 61 y 63 de las hermanas Manzano, un ejemplo de lucha cotidiana por subsistir en el competido sector comercio.

Tuvo que devolver neveras

Crítica es la situación del tendejón de la calle 45 por 74-A del centro llamado “Lulú”, donde su propietaria Eloina Góngora tuvo que retirar las dos neveras que le proporcionaron empresas refresqueras por el alto costo de la energía eléctrica.

“Me llegaban recibos de tres mil y hasta cinco mil pesos el bimestre. Pues ¿cómo? Llegó un momento en que le dije a los refresqueros: mejor llévense las neveras”, dice la señora, quien explica que las tarifas comerciales que aplica la Comisión Federal de Electricidad son más altas que las residenciales.

Reconoce que su tienda cada vez tiene menos mercancía, por lo que se ha dedicado a la venta de alimentos preparados.

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