18 de Diciembre de 2017

Opinión

Una vasija, una mala experiencia

Los tesoros enterrados no siempre representan bondades para quien los encuentra.

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De plática en plática a veces se mencionan experiencias raras y a las que no sabemos qué explicación darles; otras veces no sabemos a quién atribuir lo sucedido. También quedamos asustados, sorprendidos o no le damos importancia.

Hace algunos meses, durante una jornada en el campo, encontré a mi amigo Andrés, un joven muy dedicado al trabajo, muy amable y buena persona. Me comentó que un día, mientras realizaba su trabajo, vio que del suelo sobresalía algo que le llamó la atención, y por curiosidad se acercó y comenzó a raspar la tierra para descubrir eso que apenas se veía. De manera gradual esa cosa fue tomando la forma de una vasija completa.

Entonces la extrajo, la limpió y decidió llevarla a su casa. Le mostró la vasija a su esposa y le pareció muy bonita y decidieron guardarla en su ropero como si fuera el más valioso tesoro, que literalmente lo es.

Durante varios días, Andrés despertaba súbitamente asustado y también tenía sueños raros. En el trabajo le iba muy bien, Andrés no fumaba y muy rara vez tomaba. Con el producto de su esfuerzo logró buenos ahorros con los que se compró una camioneta. Varias noches le sucedió que se despertaba muy asustado porque escuchaba que alguien le hablaba; eso le dio miedo, pero no se explicaba por qué le ocurrían esas cosas.

Después de varia veces que sucedieron esas misteriosas llamadas, un día hizo algo que nunca había hecho: tomó los tragos, se accidentó y para la reparación de los daños tuvo que sacar todos sus ahorros, hipotecó su casa, vendió su herramienta de trabajo y se quedó sin nada, pero lo peor fue que estaba muy asustado, contrariado, arrepentido y se encerró por varias semanas.

Me dice que, en esos momentos muy difíciles, se puso a pensar todas las cosas raras que le habían ocurrido a partir de haber llevado aquella vasija a su hogar.

Sin pensarlo más, decidió sacar la vasija de su ropero y llevarla nuevamente al lugar de donde la había sacado. Me invitó un día para mostrarme la vasija y fuimos al sitio pero nunca la encontramos.

Hoy Andrés lleva una vida tranquila y trabajando duro para cubrir sus deudas y continuar adelante. Aún le queda la duda de si lo ocurrido fue un mal momento o fue a causa de la vasija. ¿Ustedes qué opinan?

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