17 de Noviembre de 2018

Opinión

Tiempo de cambios

Sobra decir que quienes ganen la Presidencia y las gubernaturas no cambiarán nuestra vida ni nuestro destino.

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Nunca me gustaron los cambios, quizás era el temor a lo desconocido. Me aferraba a mi escuela, a mi barco, a cada una de mis comisiones. Aunque luego del corto periodo de adaptación, me hallaba como pez en el agua... hasta que llegaba el nuevo cambio. Y era volver a empezar. Hoy son tiempos de cambio, nos dicen, pero siempre ha sido así. La vida es dinámica, una constante que nos obliga a adaptarnos a las circunstancias, acumulando experiencias.

En 48 horas, el país vivirá la jornada electoral más importante de los últimos tiempos. Histórica por todo lo que conlleva. Yucatán no es la excepción. En medio de la polarización en que nos han colocado partidos y candidatos, producto del descrédito de los gobernantes, no debemos olvidar que México demanda responsabilidad, no solo de actores políticos, también de los ciudadanos. Se lo debemos a nuestro pasado, al presente y, sobre todo, a nuestro futuro y el de nuestras familias.

Sobra decir que quienes ganen la Presidencia y las gubernaturas no cambiarán nuestra vida ni nuestro destino. Esto solo lo podemos lograr con nuestro trabajo, dedicación y esfuerzo, y todo lo que así hemos construido nadie puede quitárnoslo. Acaso solo quienes viven de la política se verán beneficiados en lo inmediato, pero eso lo decidimos nosotros, y para ello tenemos el voto, no ejercerlo es rechazar un derecho que nos da la ley para elegir a nuestros gobernantes.

El próximo lunes, usted, yo y millones de mexicanos nos levantaremos, como de costumbre, para ir al trabajo, a la escuela o a nuestras actividades cotidianas; unos con la alegría porque su candidato o partido resultó ganador; otros, con la tristeza de la derrota, que ni siquiera es nuestra, pero que la asumiremos como tal. Sin embargo, pasado el periodo de adaptación, estas elecciones quedarán para la historia, en el anecdotario. Y entonces veremos que México es el mismo, que, si hubiera un cambio, éste tardará años, no tres ni seis.

Quien resulte ganador debe esperar cinco meses para asumir la Presidencia, el 1 de diciembre. Ese lapso debe ser de tregua, reconciliación y reflexión para comenzar una nueva etapa con fe, no en un hombre, sino en el país que hemos construido desde el tránsito de un régimen de partido único al pluripartidismo. Confiemos en nuestra decisión. Mientras tanto, sigamos trabajando, aportando nuestro mejor esfuerzo por nuestro país, por la comunidad, por nuestra familia, que debe estar por encima de todo.

Anexo "1"

El capitán que no fue

En junio de 2013, en mi colaboración "El capitán Enrique", escribí:

“Es momento de soltar amarras y conducir a México hacia el rumbo correcto (...), trabajar juntos para llevarlo al puerto de la paz (…) y de la prosperidad “. Así se expresó el  presidente Enrique Peña Nieto el pasado Día de la Marina.

Siguiendo las metáforas marineras, soltar amarras es una de las maniobras más fáciles  a bordo; lo difícil es cumplir la misión, regresar y atracar en puerto seguro y entregar el  buque al relevo en mejores condiciones que cuando se recibió. Durante la travesía, constantemente se pierde el rumbo, hay que corregirlo echando mano de los conocimientos de navegación, ello le permitirá sortear mares embravecidos que amenacen la nave si no se tienen el valor y la preparación; esto sólo se adquiere con muchas singladuras.

Los viejos marinos dicen que un comandante puede ser una fuerza del bien o una fuerza del mal. Conducir un gran navío requiere que conozca su trabajo, conozca a sus hombres y se conozca a sí mismo, sólo así podrá navegar con buenos vientos y buena mar.

***

Hoy, cinco años después, se entregará el navío en peores condiciones en que se recibió. Es la percepción generalizada. No tuvimos un buen comandante, pero sí buenos tripulantes. Esperemos a ver quién sube al puente de mando para iniciar la nueva travesía, confiemos en que concentre todas sus energías en hacer bien lo que se tiene que hacer.

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