25 de Septiembre de 2018

Yucatán

Venden antigüedades olvidadas como joyas de la historia

Cada vez más gente se interesa por adquirir piezas de la Colonia o del esplendor henequenero, pagan hasta 160 mil pesos por pequeñas piezas.

Los objetos antiguos son restaurados para que vuelvan a ser utilizados en las casas y luzcan esplendorosos. (Milenio Novedades)
Los objetos antiguos son restaurados para que vuelvan a ser utilizados en las casas y luzcan esplendorosos. (Milenio Novedades)
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Israel Cárdenas/SIPSE
MÉRIDA, Yucatán.- Aunque a muchas personas les puede resultar excesivo pagar 160 mil pesos por pequeñas piezas, cuyo valor principal radica en su historia, en Yucatán cada vez hay más gente interesada en coleccionar antigüedades, sobre todo “tesoros” de la época colonial y del esplendor henequenero.

Acostumbrados a las negociaciones, la mayoría de dueños de estas tiendas de antigüedades, que en su mayoría se ubican en el centro de Mérida, afirman que los objetos que venden son genuinos y, por tanto, muy valiosos.

Muchas de estas “joyas” han sido encontradas en patios de casonas antiguas y son adquiridas a precios como si fueran “chatarra”, pero que al exponerlas en estos negocios los ofrecen como “tesoros” de la Colonia o que fueron propiedad de reconocidos hacendados.

Por ejemplo, un truck utilizado en alguna hacienda se cotiza hasta en siete mil pesos, una plancha de hierro, que a la vista de un simple comprador no parece tener mucho valor, la ofrecen hasta en 300 pesos, ya que es “una antigüedad”.

Las bateas de la abuela, que muchos ya quieren sacarlas de sus casas porque la madera se deterioró, superan los mil pesos; muchas de estas piezas son adquiridas por extranjeros, arquitectos o decoradores locales que buscan “estar a la moda” y que son expuestas en modernas y remodeladas construcciones.

En este negocio, que en los últimos años ha tenido un auge, no sólo participan los anticuarios sino que, incluso, alcanza para sostener a restauradores, vendedores y los recolectores, al grado que algunos se han especializado en hacer réplicas de muebles estilo Luis XV.

Para posicionarse, algunos establecimientos ofrecen sistema de apartado y transportación, incluso, épocas de remate y la posibilidad de concretar una venta directa en la tienda, o en ocasiones el dueño acude al predio del interesado para hacer valoraciones y negocios.

Ante el crecimiento de esta actividad, algunos piensan hacer grandes subastas al estilo estadunidense, como reveló Julio César Rosado Ojeda, encargado de ventas de una de estas tiendas que abrió este 2013.

“La apertura de la tienda obedeció para aprovechar la ubicación ya que transita mucho turismo y queríamos utilizar este espacio muerto para captar este tipo de clientes”, señaló.

Rosado Ojeda expuso que este tipo de giros, como el que plantea desarrollar, no hay en Mérida,  “queremos hacer algo como el programa El Precio de la Historia; la gente trae sus productos, se maneja la consignación, la venta, la compra”, detalló.

En esta actividad, los propietarios aseguran que tanto compradores como vendedores salen ganando, aunque existe una diferencia entre los clientes extranjeros, que compran a grandes volúmenes y con tarjeta de crédito, y los locales, que adquieren artículos pequeños y al contado.

Lo más buscado
  • La venta de puertas de madera que adornaron las antiguas casonas, conventos y haciendas figuran entre los objetos más demandados en las casas de antigüedades.
  • También los baúles, roperos, mesas y bancas de madera y herrería están bien cotizados. Asimismo, las lámparas de baccarat, candiles y ruedas de haciendas henequeneras.
  • Lo que no se vende. Artículos electrónicos, porque genera un contraste y son considerados artículos modernos.

Extranjeros valoran más las antigüedades

En los últimos años, los extranjeros no sólo adquieren antigüedades, sino que compran predios antiguos, y aunque parezca mentira, están recobrando el esplendor que tenía Mérida en la época colonial, señalan expertos en el tema.

Para poner precio a una pieza se considera si es única, su material y si está hecha a mano, etc.

Indicaron que adquieren artículos de lo que queda de la época colonial porque tienen conocimiento y aprecio de lo que vale una antigüedad, además del poder adquisitivo. Aunque sean jubilados, sus dólares se convierten en mucho dinero. 

Ejemplificaron que un objeto que en esta ciudad puede costar cinco mil pesos, en Estados Unidos vale cinco mil dólares. 

Estas personas no sólo decoran sus casas, sino que muchos estadunidenses las ofrecen en renta o venta en Estados Unidos.

Advierten de circulación de piezas “falsificadas”

Mientras tanto, Mérida vive un segundo auge de negocios de antigüedades, con la particularidad de que ahora interesa a un nuevo mercado: los jóvenes, los cuales incluso llegan con el conocimiento previo sobre las piezas que pretenden adquirir o vender; sin embargo, advierten, se debe tener sumo cuidado para que no le den “gato por liebre”.

El anticuario Ricardo Mir Aguiar, con más de 50 años de experiencia, rememoró que en los años 70, el boom de la moda de la decoración del art decó se fusionaron piezas antiguas, se abrieron muchas tiendas de antigüedades, pero hace dos o tres años proliferaron locales de los cuales más del 70 por ciento ya cerró.

“Esto obedece a que al principio las piezas prácticamente se compraban a un precio risible, y cuando la gente tomó conciencia de lo que tenía las empezó a vender más caras; entonces la inversión es mucha a largo plazo; tienes que tener un capital muy fuerte atrás que te respalde para que puedas sostener tantos meses en los que no haya venta, a eso se debe que queden pocas tiendas de antigüedades”, explicó.

Ricardo Mir dijo que en su mayoría se comercializan piezas antiguas, “pero hay mucho mobiliario que son copias; en Mérida, presumo, tenemos artesanos maravillosos que sacan una copia fidedigna del original, y eso se llama engañar al público, no voy a decir nombres, pero es lo que hacen, no se trata de piezas auténticas”. 

Respecto que si esta actividad tiene futuro, el entrevistado manifestó que “no sé cuántos vayamos a quedar, quizá muy pocos, porque cada día es más difícil adquirir piezas, tanto porque ya no hay, como por lo económico, por sus precios; sostener una tienda de antigüedades se vuelve más difícil”. 

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