14 de Diciembre de 2017

Viajes

Pomuch, el pueblo donde los muertos 'saben' a chocolate

Este poblado es un perfecto sitio para conocer profundamente las tradiciones mayas.

Pomuch es un poblado de campeche conocido por sus tradiciones relacionadas con los muertos.  (Imágenes de Javier Brandoli/ Notimex)
Pomuch es un poblado de campeche conocido por sus tradiciones relacionadas con los muertos. (Imágenes de Javier Brandoli/ Notimex)
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Agencias
MÉRIDA, Yuc.- Comienzan las vacaciones de Semana Santa, lo que representa una perfecta oportunidad para conocer diferentes sitios de la Península de Yucatán, así como sus tradiciones y su cultura.

Un lugar perfecto para conocer, debido a la riqueza de sus tradiciones es Pomuch, población ubicada a poco más de 120 kilómetros de la capital yucateca y a la que se puede llegar por la carretera Mérida-Campeche.

Este lugar resulta enigmático para algunos visitantes, ya que hasta hace algunos años se tenía la tradición de beber un chocolate preparado con agua de difuntos, es decir, los familiares de una persona que ha muerto lavaban el cuerpo con un trapo humedo y con el agua que escurría preparana un cacao, el cual se bebía para "quitar los pecados del muerto", y que este puede tener un mejor viaje hacia otra vida:

El portal del diario español El Mundo publicó una nota de Javier Brandoli sobre esta peculiar tradición. A continuación se reproducen unos fragmentos.

La muerte fue lo último en mudar. Antes todo se había ido arrinconando, prohibiendo y olvidando por desuso. Pasó cuando llegó el huracán de los blancos y los mestizos y se fijaron en aquellos ritos arcaicos. Su estricto orden de la salud y la moral aconsejaba defenestrarlos también. Y entonces los muertos de los mayas empezaron a ser algo menos sus muertos para convertirse poco a poco en los muertos de los otros.

"Hasta no hace mucho en nuestras comunidades los compadres bañaban a los fallecidos con un trapo húmedo que iban escurriendo y con el agua que se recogía en un recipiente se hacía un chocolate que todos los allegados tomaban", anuncia a Crónica el investigador y profesor de la Universidad de Oriente (Valladolid, Yucatán) en Lingüística y Cultura Maya Lázaro Hilario Tuz.

Charlamos en su casa familiar del pueblo de Pomuch mientras comemos un pan famoso en toda la región horneado. ¿Por qué se hacía esa costumbre del chocolate? "Para repartir los pecados del difunto; con tanta carga uno no puede subir arriba", explica Tuz. La costumbre, de la que no hay apenas ningún documento que la haya reflejado al realizarse en pueblos retirados de las zonas rurales de la Península del Yucatán, se conoce por el boca a boca de los mayores siempre temerosos de ser identificados y relegados por ser indígenas. "En las zonas más apartadas del estado de Quintana Roo puede ser que aún se practique" señala el también investigador maya Nehemías Chi.

"En Xkulok se realizaba este rito. Es un sitio apartado, sin avances donde la gente vivía a la antigüita. No había médico sino que se practicaba la medicina natural" señala Nehemías que describe el proceso: "El moribundo era cuidado por sus familiares en la casa. Cuando fallecía eran los más cercanos los que en el velatorio realizaban el P'O'Keban. Con mucho cuidado hacían una limpieza del cuerpo sin tocar las zonas sexuales con un trapo húmedo. Con ese agua, según los medios económicos de la familia, se realizaba un chocolate, los más pudientes, y los que tenían menos recursos un pozole que se distribuía entre los allegados. Al beber ese caldo se pasaba todas las características del difunto a ellos", explica el profesor Nehemías.

"La creencia es que los muertos más brillantes transmitían así su conocimiento y los menos brillantes distribuían sus pecados. La realidad es que antes de la Conquista española siempre se hacía el ritual con chocolate, que era un fruto barato, pero luego subió su costo y algunas familias comenzaron a hacer pozole", señala Chi.

"Algunas personas mayores me contaron que con el agua de lavar a los muertos se realizaba el relleno negro. Se hace con un chile de árbol rojo que crece en las milpas. Se muele, se cuela su jugo y se hace oscuro, símbolo de la muerte. Eso se pone a la carne y así se compartía el pecado del difunto desde un sentido comunitario", narra la también profesora maya Cessia Chuc.

El cementerio

En Pomuch, que en maya significa "lugar donde se asolean los sapos" se encuentra un singular cementerio. La construcción es una sucesión de nichos en los que hay cajas con paños blancos con calaveras y huesos a la vista de todos.

"Hasta que pasan tres años el cadáver está en un nicho tapado. La persona cuando fallece está corrompida y la carne se considera pecaminosa. En esos tres años se pudre y separa de los huesos que son recibidos después como reliquias por las familias. Santos a los que pueden rezar.

Es entonces cuando se desentierran y se veneran de forma abierta", explica Hilario Tuz. Hay un escrito del siglo XVIII del párroco de la cercana población de Hecelchakán en la que habla de una misa cantada en Pomuch el día de todos los santos mientras sacaban a sus muertos.

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El sincretismo del rito no es sólo maya y cristiano, también hay influencias de la cultura nahual cuando en el siglo XIII arribaron los aztecas a estas tierras del sur: "En Puebla hay un lugar donde se colocaban los restos de los ancestros en las cuevas. Eran osarios de antes de la conquista. Es una costumbre nahual a la que el maya aporta la tradición de la veneración al tronco familiar", señala Hilario.

El cementerio está lleno de calaveras y huesos en los que sobresalen, por singular y distintos, las tumbas de las familias de ascendencia española o de los que se convirtieron a la religión protestante. Sus tumbas son tapadas, como la de cualquier panteón occidental, en medio de un mundo de huesos colocados en cajas sobre nichos entre pasillos estrechos.

Los españoles, como los llaman aún en el pueblo, son en realidad familias que llegaron con sus carruajes, mulas y caballos a mediados del siglo XIX, en el México ya independiente, y se dedicaron a prosperar alquilando sus bestias de carga y sus carros a los mayas. Ganaron dinero y poseyeron tierras hasta que la Revolución Mexicana de principios del siglo XX les quitó sus haciendas. Algunos sobrevivieron haciendo un pan especial que es hoy famoso en toda la zona.

 

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