18 de Diciembre de 2018

Opinión

Viejos y sin dinero…

Crecemos menos, en términos demográficos, y nos hacemos viejos rápidamente...

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Crecemos menos, en términos demográficos, y nos hacemos viejos rápidamente. Recientemente la Consar publicó un estudio efectuado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el que se refiere al gran “tsunami demográfico que se avecina”, cuyos efectos presionarán fuertemente los esquemas de seguridad social y de pensiones; México no será la excepción.

Dos factores incidirán fuertemente en el envejecimiento de la población: reducción de las tasas de natalidad y de las de mortalidad.

No obstante que la tasa de natalidad se reduzca, el crecimiento poblacional continuará incrementando el número de personas; para el año 2060, estima la ONU, la población de México empezará a decrecer; para entonces, México ya será un país de viejos. El aumento en la esperanza de vida y la disminución de la fertilidad también incidirán en el bienestar social y en los sistemas de pensiones.

Lo anterior será provocado por la disminución de la mortalidad infantil; mejora en la salud materna; tratamiento de enfermedades perniciosas y crónico degenerativas, e incremento educacional en materia de salud.

Se estima que, en México, entre 2015 y 2020, la esperanza de vida en las mujeres será de 74.3 años y en los hombres de 69.7; para 2050-2055, será de 79.9 y 75.4 años, respectivamente.

Al prolongarse la esperanza de vida y reducirse la tasa de fertilidad, el envejecimiento es inevitable.

El estudio en comento refiere que la población que más aumentará en el mundo, a partir del año 2050, será la de 60 años de edad o más; en México, la tasa de crecimiento será del 5.6%; para el año 2060, este segmento representará el 24.6% de la población total del país.

¿Qué hacer ante esas perspectivas?

A nivel gobierno son pocas las opciones: incremento de impuestos, cuotas y aportaciones para la seguridad social; pauperizar aún más a la clase trabajadora reduciendo las tasas de reemplazo (esto ya se hizo al establecer el sistema de capitalización individual); homologar los cientos de esquemas de pensión que hoy día existen, con marcadísimas diferencias entre ellos, y ampliar la edad de retiro, en por lo menos 2 años. La Consar y las afore necesitan definir mecanismos que garanticen la duplicación del ahorro para el retiro, al menos una vez cada diez años.

A nivel personal, la única alternativa viable es el ahorro y creación de patrimonio, especialmente intelectual/educativo e inmobiliario, para vivir de las rentas.

De no hacer nada, la presión social será tan grande que bastará un chispazo para detonar la mecha y encender el “México bárbaro” que hoy aún duerme, pero que “escucha ruidos” que empiezan a inquietar su letargo.

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