14 de Noviembre de 2018

Opinión

Vietnam

El poder de la pluma.

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De la boca de muchas mujeres pende una frase que pareciera aterrizar a su entendimiento justo con la llegada de sus hijos: “Cuando seas madre lo entenderás”. Más que entenderlo, me atrevo a decir que se sentirá. ¿Qué sentiremos exactamente? El instinto maternal en su expresión más potenciada.

En esta semana traigo un poema que viene a romper con todas las maneras que se conocen para contar una historia. Y es que, lector, el encanto de esta obra literaria radica en que se aleja de la manera tradicional que tenemos de decir las cosas.

En muchas ocasiones, al narrar una historia tomamos tales o cuales partes que nos sean fundamentales para dar un contexto exacto y así movernos en puerto seguro a través de letras que nos guiarán hacia el mensaje claro que queremos dar. En la Historia universal, por ejemplo, observamos hechos ocurridos en espacios fijos, con personajes heroicos que se han ganado un renombre gracias a sus hazañas, a sus actos de honor o también a las desgracias ocurridas en ellos.

¿Qué pasa entonces cuando nos encontramos con un poema que de manera magistral rompe con los esquemas establecidos para hablar de un evento histórico? Y no solamente eso. Se trata de un poema que da vida y voz a la parte más humana de una guerra.

La poeta polaca Wisława Szymborska presenta, en su poema “Vietnam”, diez versos conformados por preguntas y respuestas. Advierto de momento que nueve de esas preguntas son respondidas con un “no sé”. “¿Por qué cavaste esta madriguera? ¿A favor de quién estás? Estamos en guerra, tienes que elegir. ¿Existe todavía tu aldea? Mujer, ¿cómo te llamas?”.

Pareciera como si la guerra vietnamita pudiera representar el impacto social destructivo en las respuestas sin rumbo de una mujer sin nombre. Sin embargo, hay una respuesta final, esa que viene a romper las barreras universales y que nos sitúa fácilmente en sus zapatos: “¿Éstos son tus hijos? –Sí”. Ese poema no necesitó más versos, pues concluye con un “sí” que representa la fuerza del instinto; la única certeza necesaria para mantenerse y seguir.

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