13 de Diciembre de 2017

Yucatán

La cocina, un alimento para el cuerpo y el alma

Hilda Abou–Kassam de Slaimen publica el libro 'Recetas libanesas, nutrición y más' en donde resalta la importancia de la comida y la oración.

Hilda Abou–Kassam de Slaimen recomienda que durante la comida  "Evitemos las discusiones y los pleitos y enfocar toda conversación a temas agradables y de provecho”. (Luis Pérez)
Hilda Abou–Kassam de Slaimen recomienda que durante la comida "Evitemos las discusiones y los pleitos y enfocar toda conversación a temas agradables y de provecho”. (Luis Pérez)
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Cecilia Ricárdez/SIPSE
MÉRIDA, Yucatán.- Bajo la premisa de que el poder de la oración transforma a las personas y que el alimento saludable es la mejor manera de agradecer a la Providencia el regalo de la vida, la maestra Hilda Abou–Kassam de Slaimen comparte su amor por la cocina y la comunicación con Dios a través del libro “Recetas libanesas, nutrición y más”.

De manera paralela a su afición por la literatura y su aventura como autora, desde hace 20 años es parte de la Misión Peninsular de los Talleres de Oración y vida, fundados por el fallecido sacerdote Ignacio Larrañaga.

Motivada por los beneficios que atestiguó durante su apostolado, próximamente escribirá un libro de autoayuda, pues considera que en los tiempos actuales se necesita más que nunca una labor de autovaloración profunda.

Actualmente está por publicar una traducción al español de un libro de un filósofo ermitaño que conoció en el Líbano, su tierra natal.

Residente en Mérida desde 1984, se considera parte de la comunidad y construyó un hogar acompañada de su esposo, Khalil Slaimen, y sus hijos Alissar e Iskandar.

Herencia de familia

“Para mi madre, Miriena Isaac Ragueb, que sembró en mí, a la edad de los 7 años el amor por la cocina y a desarrollarlo como un arte”, es la frase con la que inicia los agradecimientos de su libro y que a la vez refleja esa herencia culinaria de la que hoy se enorgullece, en la que combina la tradición, el amor y la salud.

Desde niña aprendió a apasionarse de la lectura y la gastronomía, ya que en su país, Líbano, las vacaciones son de tres meses, sus maestros les sugerían leer para que no regresara a clases con la mente en blanco, por eso sus días de asueto estaban llenos de autores y recetas de su madre.

De la familia también aprendió el valor del amor aplicado a las tareas de la vida, con el fin de hacer todo como si fuera para el ser más amado, de esta manera su cocina se caracteriza por la dedicación, el detalle y corazón que pone en cada parte del proceso.

En casa con sus hijos se habla la lengua materna y periódicamente regresan al Líbano para no perder contacto con sus raíces.

De lectora a ser leída

Su estancia en Yucatán comenzó en 1984, cuando por el trabajo de su esposo cambió su residencia para siempre y desde entonces, atrás quedó su etapa de maestra, se dedicó enteramente a la familia. 

El común denominador de su país de origen y Yucatán fueron la lectura y la cocina, esta última apreciada por los miembros de la comunidad libanesa quienes le aconsejaron que considerara escribir un libro de recetas.

La idea, recurrente en su círculo de amigos, le hizo plantearse la posibilidad y se atrevió no sólo a documentar su habilidad sino a darle un valor agregado a todo, incluyendo el dato del contenido calórico de los platillos.

En amena charla para dar muestra de su talento sirvió un plato con mamules (una especie de galleta de sémola rellena), trufas de dátiles con ajonjolí y mazapanes de almendras en forma de flores. 

Este trabajo es resultado de una vida de conocimientos compartidos y la asesoría de la nutrióloga Martha Fajardo, el apoyo del padre Cosme Andrade y su querida amiga Ana María García Gamboa.

“Siempre quise que el texto fuera sencillo, claro, con datos interesantes para que en casa pudieran hacer las recetas y disfrutarlas sin remordimiento, porque ya saben cuántas calorías están consumiendo y esto ayuda a que la alimentación de los miembros de la familia esté controlada y los hábitos saludables sean más fáciles de adquirir”, comentó satisfecha por el trabajo realizado y su aportación a la literatura sobre gastronomía libanesa.

La mística en la nutrición

“Crucificaré mi carne diariamente y daré a mi cuerpo lo que realmente necesita y no todo lo que desea. Desde este día en adelante me niego a comer alimentos que no sea sanos. Las emociones negativas, como la ira, el resentimiento, el temor, la ansiedad y la depresión crean un estrés excesivo.

"Por otro lado, las emociones positivas como el amor, la gratitud,el gozo y la paz, liberan el estrés. Perdonar es simplemente dejar ir las antiguas heridas y hacer que las personas se pongan en las manos de Dios.  Lo triste es que la falta de perdón produce toxinas dentro del cuerpo…

"En pocas palabras, sería muy bueno que nos propusiéramos día con día crucificar nuestros malos deseos y sembrar la divina palabra para centrar nuestra vida en torno a Dios”. 

Al sentarnos a comer hagamos de ese momento el más plancentero del día. Sin distracciones como la televisión, el celular, etc., empezando con un acto de gratitud, por lo que el Señor hace posible que llegara a nuestra mesa, que es rico y saludable.

"Evitemos las discusiones y los pleitos y enfocar toda conversación a temas agradables y de provecho”, aconseja como parte del capítulo mística en la nutrición, ya que está convencida que las emociones que rodean la ingesta de alimentos influyen en cómo el cuerpo reacciona para su salud o su deterioro.

Alimento para el alma

Desde hacer 20 años conoció los Talleres de Oración y Vida a invitación de una amistad y desde entonces es parte de la Misión Penínsular de este apostolado, a través del cual enriqueció su vida y ayuda a transformar otras. Revela que continuará hasta que Dios le preste vida para compartir la dicha y el poder de la oración.

Destacó que como miembro de la agrupación de esta naturaleza la congruencia debe ser el pan de cada día y como parte de este testimonio, lleva sus aprendizajes a través de espacios formativos y en asilos de ancianos donde conoció a personas que si bien no recuerdan ni su nombre y su vida anterior a la demencia senil, pueden reconocer la paz que les otorga el encuentro con Dios.

Incluso logró que la tengan presente y la recuerden a pesar de que se ausenta por los viajes al Líbano, un hecho atípico en la condición de los pacientes y que considera una bendición.

“Cuando una persona tiene un problema de salud mental se encuentra aislada, como en una burbuja, desconectada de su realidad, pero con la oración abrimos un espacio y podemos entrar, podemos ayudarles espiritualmente”,  abundó. 

Perfil

  • Hilda Abou–Kassam de Slaimen nació en  Líbano el 14 agosto 1960. 
  • Trabajó en varios cargos en la Misión Peninsular de los Talleres de Oración y Vida (TOV) y actualmente es integrante activo.
  • Su recetario cuenta además con una página de Facebook donde comparte recomendaciones sobre hábitos saludables, con el fin de proponer la cocina libanesa como una opción rica  y sana. 

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