26 de Septiembre de 2018

Yucatán

Un mimo nunca se va en blanco

Pastor Góngora Ruiz tiene 45 años de pintarse la cara de blanco, pero eso ya no le tapa las arrugas que son muestra de su infinita experiencia en el teatro.

Pastor Góngora Ruiz está por cumplir 45 años de trayectoria como mimo, pero también como maestro. (José Acosta/SIPSE)
Pastor Góngora Ruiz está por cumplir 45 años de trayectoria como mimo, pero también como maestro. (José Acosta/SIPSE)
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Joel González/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Inicia la cuenta regresiva, de hoy al sábado. En el umbral de cumplir 45 años de carrera artística, el mimo yucateco Pastor Góngora Ruiz asegura que, mientras tenga un halo de vida y respire, seguirá presentando su trabajo.

Son cuatro décadas y un lustro viviendo en el silencio, con una vida ardua y dinámica. Y, como en sus inicios, sigue acumulando seguidores, a quienes les encanta verlo trabajar. 

El  actor reconoció que fue difícil levantarse en un arte que la gente desconocía, pero en el que, afortunadamente, con el tiempo, logró el reconocimiento del público hasta presentarse en un teatro “José Peón Contreras”, abarrotado, que lo aplaudió de pie.

En 1970, además de convertirse en una figura nacional como mimo, destacó también como impulsor del teatro infantil en la capital yucateca, porque era el único artista yucateco que con este género teatral ha conseguido con localidades agotadas durante 50 funciones ininterrumpidas.

Un aspecto primordial dentro de su trayectoria ha sido la docencia, la cual inició como profesor de Misiones Culturales, en Cocoyoc, Estado de Morelos, y le siguieron una gran cantidad de instituciones educativas como la Normal de Pensionados del Gobierno del Estado, que estaba ubicada en la calle 65 por Centenario; luego en la escuela normal Rodolfo Menendez de la Peña; así como la Normal de Educadores, el Cbtis 120, la escuela Cri Cri de la colonia Miguel Alemán, y la Normal Superior de Educación Física; asimismo durante muchos años fue instructor en el teatro del Seguro Social.

En 1983 impartió el primer curso de pantomima en Yucatán, al que se inscribieron 160 alumnos. Debido al impacto, posteriormente se llevaron más ediciones del curso al que fueron asistiendo  personas que llegaban de otros estados para tomar las clases.

“Por mis clases han pasado un promedio de mil doscientos alumnos por año; pienso que si volviera a nacer volvería a hacer lo mismo, tratando de inducir a los jóvenes a través del arte para que desarrollen una carrera digna”, indicó.

Góngora Ruiz expresó que estos 45 años han sido de entrega y sacrificios, en los cuales al principio la gente no comprendía su arte, sin embargo poco a poco fue cultivando su público con sus risas y llantos en el escenario, el cual define el artista, como el amante más cruel que ha tenido y el lugar que le ha proporcionado  más alegrías y tristezas,  sitio que, de acuerdo con la asistencia del público, le ha dado de comer y también, lo ha dejado con hambre.

Compartió que durante su trayectoria el máximo recuerdo que conserva es cuando su madre lo vio por primera vez en una presentación en el teatro “José Peón Contreras”.

“La subí al escenario, me abrazó y dijo que le gustaba cómo trabajaba yo. Lo que no me gustó es que la gente se riera de mí, porque era un payaso; así que me dijo que dijera a las personas que hacían mis pósters que, si no tenían madre, porque en los carteles solo aparecía el nombre de Pastor Góngora, sin el apellido Ruiz, de mi madre; a partir de ese momento siempre  aparece en mi publicidad mi nombre completo”, recordó el histrión.

Asimismo, relató que lo más difícil que vivió en este tiempo fue a principios de su carrera cuando se presentaba en el teatro de la universidad, donde al levantar el telón había solo tres o cuatros personas en la sala que pagaban un boleto que costaba 75 centavos, adultos y 50 centavos los jóvenes, cuando en contraparte tenía que pagar 50 pesos de renta del local y 10 pesos por concepto de limpieza y técnicos.

Actualmente, el artista silente se siente limitado debido a que algunas autoridades  de la cultura han desconocido la disciplina y no se le abren las puertas para continuar mostrando su arte.

“Los entiendo, mas no los comprendo; el horizonte de la cultura es amplio y no es un punto determinado sino infinito, no hay un parámetro que indique que de aquí a acá existe este conocimiento o este adiestramiento que aquí se acaba y hasta ahí debe llegar”, aseveró.

Trayectoria
  • La pantomima la lleva en el corazón, alma y cuerpo; ella lo convirtió en los años 70 en el primer mimo en el país y el mundo orgullosamente yucateco.
  • Apoyado por las autoridades con dinero para que continuara su formación, en 1977 fue invitado para integrarse a la primera compañía de pantomima de Estados Unidos, ingresando a la Escuela Superior de Arte de San Miguel Allende.
  • Con el grupo estadounidense participó en el encuentro internacional de esa especialidad en Morelia, Michoacán, donde interpretó el personaje principal  del espectáculo basado en el cuento infantil Pinocho; fue confundido como actor del teatro Kabuki japonés.

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