15 de Diciembre de 2018

Un héroe de la vida

Francisco Torres incluye a las personas con capacidades diferentes en su agenda de trabajo como legislador federal y ofrece promover su capacitación.

El candidato del PRI-PVEM a diputado por el IV Distrito federal, Francisco Torres Rivas, platica con Mauro Mex Campos. (SIPSE)
El candidato del PRI-PVEM a diputado por el IV Distrito federal, Francisco Torres Rivas, platica con Mauro Mex Campos. (SIPSE)
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SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Está demostrado que las personas con alguna capacidad diferente sólo necesitan una oportunidad para volverse sumamente productivas y salir adelante en la vida, formar un hogar y crecer hijos, afirmó Francisco Torres Rivas, quien realizó una caminata en la colonia María Luisa.

En esa colonia ubicada en el sur de Mérida, el candidato del PRI y PVEM en el IV Distrito Federal se encontró con don Mauro Mex Campos, de 68 años de edad y quien desde joven perdió ambas piernas en un accidente en el aserradero donde trabajaba, en la Ciudad de México.

Lejos de sentir que su vida productiva terminaba, Mauro regresó a Yucatán y aprendió un nuevo oficio: tejedor de petatillo, con el cual consiguió su casa y sacó adelante a su familia y seis hijos, tres de los cuales hoy son profesionistas.

“Desde hace 38 años trabajo tejiendo petatillo en sillas y sofás que los carpinteros me traen. Cuando vine a vivir a Mérida, después del accidente, yo no tenía nada y vivía con mi suegra”, relató.

Entonces puso en práctica su oficio, que le enseñó una señora hace casi 40 años y empezó a trabajar. “Compré un terrenito en seis mil pesos, que pagué poco a poco, y luego lo vendí para comprar éste, donde ahora vivo. No fue una cosa de un día para otro, pero ya puedo decir que es mi propiedad”.

Ejemplo de superación

En el predio número 292 de la calle 115 por 12 y 14 de la María Luisa, “Panchito” Torres escuchó atento su historia y ejemplo de superación, mientras tomaba un breve descanso en la caminata que en esos momentos realizaba bajo el ardiente sol del mediodía, visitando casa por casa, hablando de sus propuestas y pidiendo la confianza ciudadana para el próximo 7 de junio.

Don Mauro no pide apoyos al Gobierno, ni vive lamentándose. Pero recomendando su trabajo, que es de excelente calidad, y llevándole muebles de petatillo para tejer es una ayuda que no desprecia.

“Este trabajo ya casi nadie lo hace y la gente anda buscando. Yo hago todo tipo de muebles tejidos, hasta raquetas para tenis. También lámparas, esquineros, mosquiteros y mesas. Mi teléfono es 9401634”.

Un juego de ocho o 12 sillas para un comedor me lleva en promedio 15 días terminarlo; depende también de la clase de tejido, pues hay unos tejidos muy tupidos y otros no, explicó.

Torres Rivas dijo que incluirá en sus propuestas como diputado federal que se promueva la creación de un fondo que apoye la capacitación de gente con alguna discapacidad de nacimiento o producida por accidente de trabajo y que tenga deseos de superación.

“Panchito” Torres aseveró que las personas con capacidades diferentes “son unos héroes, porque se pueden caer mil veces, pero nunca se dan por vencidos: se levantan todos los días para trabajar y luchar”. Y, ante un grupo de personas con capacidades especiales, aseguró que no están solos en esa lucha.

Al concluir el  recorrido, Torres Rivas entabló una plática con este sector de la población y les dio un mensaje de superación, el cual estará en su agenda de trabajo como diputado federal en el Congreso de la Unión.

Afirmó que merecen una oportunidad como todos y ser apoyados en su capacitación “porque a pesar de la adversidad o de la situación que viven, a pesar que a veces pueden sentir que el corazón se les apachurra, ven con mucha esperanza y ven con mucha alegría la vida”.

“¡Ustedes son los verdaderos héroes que necesita Yucatán!”, exclamó Francisco Torres, quien mencionó el caso de don Mauro como un ejemplo de lucha, de trabajo y esperanza.

La historia de Mauro Mex

“Yo vivía en Mérida, aunque nací en Huhí en 1946. Desde pequeño fui panadero por años, después me fui a México a buscar más oportunidades. Trabajé de barrendero, de mozo, cocinero, mesero, barman… de todo hice con tal de ganar algo de dinero”.

“Después me metí a Industrias Forestales en Cuautitlán, Estado de México, y ahí me accidenté a los 26 años de edad. Raspábamos troncos para hacer durmientes de trenes. Un día me tocó meterme a limpiar la máquina y arrancó el motor sin querer, me avisaron mis compañeros. Sólo alcancé a levantar la rodilla y me empujó la máquina; todo me lo molió completamente. Me pagaban 55 pesos diarios y después del accidente me pensionaron”.

“Regresé a Mérida y comencé a vender dulces en una mesa, me sentaba a venderlos en la calle. Después, poco a poco, puse mi tiendecita, que ya está a cargo de una de mis hijas, y así fui creciendo a la familia y construyendo mi casita, que gracias a Dios aquí ya tengo. Dios es el primero que nos echa la manita”.

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