12 de Diciembre de 2018

Mundial Brasil 2014

La historia del futbol de Brasil se ha escrito con triunfos

Además de nacer con el balón en los pies, los brasileños han salido de enormes fracasos y logrado las mayores conquistas.

Con participación en todas las Copas del Mundo desde 1930, la selección brasileña se convirtió en la única pentacampeona: Suecia 1958, Chile 1962, México 1970, EU 1994 y Corea-Japón 2002. (AP)
Con participación en todas las Copas del Mundo desde 1930, la selección brasileña se convirtió en la única pentacampeona: Suecia 1958, Chile 1962, México 1970, EU 1994 y Corea-Japón 2002. (AP)
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Agencias
RÍO DE JANEIRO, Brasil.- En gran parte de su historia, la selección nacional de Brasil ha sabido representar a un pueblo que, en términos reales y sin demasiadas metáforas, nace con el balón de futbol en los pies y, de paso, ha salido de los peores fracasos rumbo a las mayores conquistas.

Hasta el momento no hay, según Notimex, en el redondo mundo del balompié, una representación deportiva tan llena de glorias como la que, generosa y amorosamente, su gente ha llamado la escuadra “verdeamarela” y la “canarinha” por la envoltura verde, amarilla y azul que ha ganado cinco cetros universales del deporte más popular del planeta.

Única pentacampeona

Con participación en todas las Copas del Mundo de futbol desde que estas se inauguraron en Uruguay 1930, la selección brasileña se convirtió en la única pentacampeona –Suecia 1958, Chile 1962, México 1970, Estados Unidos 1994 y Corea-Japón 2002-, además de poseer en definitiva la Copa Jules Rimet que simboliza esa supremacía.

El debut del futbol brasileño aconteció el 7 de junio de 1903, un domingo de sol intenso, en Salvador, en el estado de Bahía, antigua capital de un imperio que, trasplantado de Portugal y durante más de la mitad del siglo XIX, tuvo en don Pedro II uno de los grandes símbolos de aquella época.

El juego fue promovido por los socios del Clube Vitoria, quienes se atrevieron a desafiar a los ingleses residentes en la ciudad, reforzados por marineros de la misma nacionalidad, de paso y anclados momentáneamente en ella.

El técnico y capitán del Bahía, Álvaro Tarqüínio, reforzó su cuadro con atletas de los equipos Bahiano y Sao Salvador, lo que demuestra el entusiasmo incipiente de los brasileños por un deporte que, practicado rudimentariamente, ya despertaba interés y pasión inusitados.

Aparece el uniforme verde-amarillo

Cuentan que, en los dos días y noches que antecedieron al encuentro, varias costureras se afanaron intensamente en la confección de los uniformes del combinado al que vistieron con bastante mal gusto, según críticos que nunca faltan, con telas en colores verde y amarillo a rayas verticales, calzones blancos y medias negras.

Programada para ese día para no olvidarse, a la gran jornada asistieron cinco mil personas que se situaron en torno al Campo de los Mártires, hoy conocido como el Campo de la Pólvora.

Enmarcado en un jolgorio extraordinario, el partido se transformó en la primera confrontación internacional de un grupo de futbolistas compuesto exclusivamente por brasileños, vistiendo, además, los colores de la bandera de la patria.

“De no haber sido un empate sin goles –recordó Jorge Amado, escritor nacido en esa tierra del cacao, cuna de la negritud, autor de cantidad libros de un lirismo conmovedor, de enorme prestigio en el país y en el mundo entero- los brasileños hubiésemos contemplado un comienzo perfecto”.

Y llegó la primera revancha

Sin embargo, rememoró el autor inmortal de “Gabriela, clavo y canela” y “Doña Flor y sus dos maridos”, la revancha, el 28 de julio siguiente, fue un 3-0 para los jugadores locales, quienes, junto con la ciudadanía, celebraron el merecido triunfo con cientos de tambores y mucha cachaça, el famoso aguardiente de caña originado en los interminables cañaverales nordestinos.

En 1914, cuando el equipo británico Exeter City desembarcó en los muelles del puerto de Río de Janeiro, corrió el rumor de que sus futbolistas podían correr con un balón dominado por toda la cancha sin que nadie lograse quitárselo.

También se decía que sus disparos acostumbraban perforar las redes contrarias y que, en algunos casos, con balones que parecían balas de cañón, eran capaces de romper los postes de la portería de enfrente.

Apenas eran profesionales de la tercera división inglesa, según datos basados en las minuciosas estadísticas registradas desde 1863, cuando se pusieron las bases del futbol modernamente organizado.

Apalean a los ingleses

La afición local –conocida desde entonces como “torcida”- ya esperaba lo peor cuando entró al campo de juego una improvisada selección brasileña, formada con jugadores de Río y Sao Paulo, que impusieron un verdadero baile a los ingleses, que quedaron atónitos y desorientados.

El equipo de los cracks de Brasil marcó el primer gol a los cinco minutos de iniciado el encuentro y el segundo a los 15, de modo que, sin ocultar su furia e impotencia, cuatro ingleses quisieron abandonar la cancha; pero regresaron ante la intervención enérgica del árbitro.

El juego no se desarrolló en el tiempo reglamentario y acabó con ese marcador de 2-0, aderezado además con un episodio cruento, en el que el gran astro de entonces, el cañonero Artur Friedenreich, se quedó sin los dientes incisivos por una patada de un rival.

En nombre del rubio agresor no lo reportó el juez debido al tumulto que tuvo lugar al concluir aquella inolvidable contienda que, hace cien años, entró a los libros más antiguos de la historia del futbol de Brasil.

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