24 de Febrero de 2018

Mundo

Estar a punto de morir los unió para toda la vida

Dos activistas que lograron evadir la pena de muerte y terminaron liberados, se enamoraron, se casaron y hoy luchan para erradicar esa práctica.

Sunny Jacobs, de 68, se salvó de la silla eléctrica y Peter Pringle, de 77 años, iba a ser ahorcado. (petersfraserdunlop.com)
Sunny Jacobs, de 68, se salvó de la silla eléctrica y Peter Pringle, de 77 años, iba a ser ahorcado. (petersfraserdunlop.com)
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AFP
OSLO, Noruega.- Ella estaba condenada a morir en la silla eléctrica en Florida, Estados Unidos, y él en la horca en Irlanda, pero terminaron siendo liberados, se enamoraron, se casaron y ahora luchan juntos para que varios países abolen la pena de muerte.

Las posibilidades de que se encontraran eran mínimas. Ella, Sunny Jacobs, de 68 años, pasó cinco años aislada en una pequeña celda donde esperaba el día en que iban a ejecutarla con una descarga de dos mil 400 voltios.

Al mismo tiempo, pero a miles de kilómetros de distancia, Peter Pringle, que ahora tiene 77 años, barba y pelo blanco, esperaba que le pusieran una soga alrededor del cuello para morir en la horca.

“No hablamos mucho de eso Peter y yo, pero a veces nos acordamos de la detención, o de cuando salimos libres”, explicó Sunny, quien se encuentra en Oslo para participar en el sexto Congreso Mundial contra la Pena de Muerte, que inició el martes y concluye este jueves.

“Muy pocas veces pronunciamos la palabra prisión. Cuando la decimos nos provoca sensaciones viscerales”, explicó la mujer que fue encarcelada en 1976 por el asesinato de dos policías.

Según su versión —que algunos todavía hoy cuestionan—, la policía descubrió un arma en el coche en el que estaba junto a su pareja de entonces, Jesse Tafero, un amigo suyo y los dos hijos de la pareja. Luego se desató un tiroteo en el que murieron los dos agentes.

De acuerdo con Jacobs, fue el amigo de su esposo quien tenía el arma en la mano y luego se puso de acuerdo con el fiscal para incriminar a la pareja en un trato. El amigo solo fue condenado a prisión, mientras que Jacobs y Jesse recibieron la sentencia de la pena de muerte.

“Estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado”, aseguró la mujer. Al cabo de cinco años, su pena de muerte fue conmutada en cadena perpetua y finalmente fue liberada en 1992.

No obstante, Jesse Tafero sí fue electrocutado y en circunstancias espantosas, recordó la activista. Su cara se quemó por un problema técnico y los verdugos tuvieron que intentarlo tres veces. En total la ejecución duró siete minutos.

Como un animal

En Irlanda, Peter Pringle se escapó de la muerte 11 días antes de que lo colgaran. Este activista, conocido por la policía por su independentismo, fue condenado por error en 1980 acusado de la muerte de dos policías durante un atraco.

En la celda donde esperaba la muerte, vigilada día y noche, oía hablar a los guardias de la prima que iban a recibir por la ejecución o de las instrucciones que tenían de tirarle de las piernas una vez muerto para asegurarse que se habían roto bien las cervicales al colgarlo.

“Si los carceleros empiezan a conocer y a respetar a un prisionero, les será muy difícil matarlo a sangre fría”, explicó Pringle. “Por eso, para su propia protección, te tratan como un animal, como a un don nadie”, detalló.

Pocos días antes de la ejecución le anunciaron que su pena había sido conmutada por 40 años de prisión. “En esa época habría sido un suicido político ejecutar a alguien”, recordó el irlandés.

Pringle se había resignado a la idea de morir, pero no a la de quedarse en prisión. Por eso se puso a estudiar derecho y finalmente fue exculpado después de haber estado 15 años tras las rejas.

Fue en un pub de Galway, en Irlanda, donde conoció a Sunny, quien había viajado a ese país para hablar sobre la pena de muerte. Se dieron cuenta que tenían mucho en común, no solo por haber escapado a la muerte, sino también por su afición al yoga y a la meditación, que ambos practicaban en la cárcel.

En 2011 se casaron y desde entonces tienen en Irlanda un centro de acogida para las víctimas de errores judiciales, al mismo tiempo que siguen militando contra la pena de muerte en los foros que intentan erradicar esa práctica.

De acuerdo con la organización Amnistía Internacional, mil 634 personas fueron ejecutadas en el mundo en 2015, una cifra récord desde 1989.

“La pena de muerte no es una cuestión de disuasión”, explicó Pringle, “es una cuestión de venganza, una situación en la que la sociedad no consigue alejarse del abismo”, concluyó.  

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