13 de Diciembre de 2017

Mundo

El violento espectáculo de los señores de la guerra

La lucha de los canes en Afganistán se convierten en un violento espectáculo dominado por señores de la guerra y jefes tribales.

En Afganistán, las peleas de perros se han vuelto más peligrosas, pero el Gobierno no las ha prohibido oficialmente. (EFE)
En Afganistán, las peleas de perros se han vuelto más peligrosas, pero el Gobierno no las ha prohibido oficialmente. (EFE)
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EFE
KABUL, Afganistán.- Las peleas de perros son uno de los principales entretenimientos de los afganos, un pasatiempo violento en el que el espectáculo es menos importante que el honor de líderes tribales y señores de la guerra, y en el que la violencia puede pasar de las fauces de los animales a los pistolas en la grada.

Hay un viejo aforismo afgano que dice que un jefe tribal es rival de otro no importa lo amigos que sean. Tal vez por ello las peleas de animales o pasatiempos violentos afganos -en el buzkashi dos equipos a caballo tratan de anotar con una cabra muerta- en algunas ocasiones terminan convirtiéndose en un teatro violento pero para las personas.

Uno de los acontecimientos más populares de la semana en Kabul tiene lugar cada jueves y viernes en la parte oeste de la ciudad, en un polvoriento terreno rodeado de edificios en construcción, cerca del valle Pagham, la zona de pícnic más atractiva de la capital.

Allí las peleas de perros se convierten en un violento espectáculo dominado por señores de la guerra y jefes tribales que atrae a cientos de espectadores, la mayoría jóvenes desempleados y muchachos en edad escolar que disfrutan gratis del espectáculo.

Noor Jan, de 46 años y 32 de experiencia como dueño de perros de peleas, vino para asistir al evento desde la provincia de Jawzjan, a unos 500 kilómetros al norte de Kabul.

Su gran perro gris, Kharai, derrotó a su rival tras ocho minutos de dura y sangrienta pelea dejándole seriamente herido.

Al acabar la pelea los dueños recogen a sus perros, se los suben a hombros y se los llevan para despejar el terreno a los siguientes contrincantes.

Jan y su hijo de 10 años celebran la victoria de su perro mientras limpian la sangre del cuerpo del animal.

"Me siento orgulloso de mi perro, ganó y dejó al otro perro muy malherido. Disfruté mucho viendo al otro perro cubierto de sangre", dijo a Efe Jan, al subrayar que es una "gran vergüenza" para el dueño que un can pierda una pelea.

A pesar de que las peleas se realizan en un país que se autodefine como islámico, los religiosos las consideran ilegales

Las peleas de cánidos tienen lugar desde hace décadas y han quedado como una especie de tradición que pasa de generación en generación.

Jan dice que su padre ya tenía perros de pelea y que espera que su hijo continué una afición convertida además en negocio familiar.

Asegura que alguna veces recibe cantidades importantes de dinero por sus perros, montos que llegan hasta los 15 mil dólares.

Pero las peleas de perros se han ido volviendo más y más peligrosas. En diciembre pasado cinco hombres armados de dos jefes tribales murieron y otros diez resultaron heridos en la provincia noroccidental de Badghis en una reyerta en una de estas veladas.

"La mayor parte de los perros son propiedad de señores de la guerra, que vienen a los torneos con decenas de guardaespaldas armados", manifestó a Efe Qader Samadi, un joven de 24 años sentado frente al campo de lucha mientras esperaba el inicio de la pelea de su perro.

Su perro gana habitualmente y por ello tiene muchos patrocinadores, normalmente acaudalados líderes tribales y pistoleros interesados en las peleas.

En un país con un 36 por ciento de la población bajo la línea de la pobreza, Samadi ha visto cómo dos contrincantes, uno de ellos paquistaní, apostaban 50 mil dólares a una pelea.

"Cuando mi perro gana recibo buenas cantidades de dinero de mis patrocinadores, que apuestan por mi perro", dijo, al señalar a renglón seguido que en algunas ocasiones cuando pierde la derrota le cuesta la vida al animal.

"Hasta ahora me han matado a tres perros, temo por mi vida cuando uno de ellos pierde una pelea", añadió.

Aunque el Gobierno no ha prohibido oficialmente este tipo de espectáculos, los religiosos -en un país que se autodefine como islámico- lo consideran ilegal.

"Es haram (prohibido) en el Islam y es violencia contra los animales, porque los perros salen muy heridos en estas peleas, no deberíamos tratar así a los animales", opinó Mulawi Noor-ul-Haq, un ulema o doctor en la ley islámica.

Para el viceministro de Cultura e Información, Jalal Noorani, las peleas de perros devuelven a los más jóvenes a los años de "la violencia y el derramamiento de sangre".

"Deberíamos detener el trato violento a los animales y prohibir completamente los entretenimientos violentos", manifestó a Efe.

Las peleas de perros sólo están prohibidas en la provincia central Maidan Wardak, una de las 34 de Afganistán.

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