23 de Septiembre de 2018

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Aviadores japoneses, lo primeros 'kamikazes' de la historia

Durante la batalla de Leyte, en Filipinas, aparecieron los pilotos que sacrificaron su vida por una causa, "el Emperador y el Imperio".

Los raid contra naves estadounidenses y aliadas fueron una medida desesperada en las batallas por el control del Pacífico. (ansa.it)
Los raid contra naves estadounidenses y aliadas fueron una medida desesperada en las batallas por el control del Pacífico. (ansa.it)
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Agencias
TOKIO, Japón.- Hace 70 años, el 21 de octubre de 1944, en plena batalla de Leyte, en Filipinas, tenía lugar el primer ataque "kamikaze" de la historia, cometido por aviadores japoneses que sacrificaron su vida por una causa, "el Emperador y el Imperio", según publica el sitio web ansa.it.

Se trató, en su significado literal, del "viento divino" que debía alejar a los enemigos, como ocurrió con el tifón que en 1281 arrasó con la flota de invasión mongol que se aprestaba a atacar el oeste de Japón. Ese episodio es el que dio vida al mito sobre la inviolabilidad del "sagrado suelo" nipón.

Cuatro años más tarde, el 25 de octubre, en el golfo de Leyte ocurrió la primera misión sin retorno de la Kamikaze Special Attack Force, la unidad especializada que fue imitada varias veces en el último año de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Fue la que atacó el imaginario colectivo global, con el significado ampliado de su término, el sinónimo de hombre que elige la muerte por odio o por guerra, como continúa sucediendo en países de Medio Oriente.

La tradición de la muerte en lugar de la derrota, la captura y la vergüenza se arraigó en la cultura de los militares japoneses

Los raid contra naves estadounidenses y aliadas fueron una medida desesperada en las batallas por el control del Pacífico.

La falla en los choques navales y aéreos convencionales para frenar la ofensiva y la avanzada estadounidense no dejaban espacio para el sacrificio extremo.

El capitán Motoharu Okamura, un as de los cielos y piloto de aviones experimentales desde fines de los años 30, estaba convencido.

"Creo firmemente que el único modo para llevar la guerra a favor nuestro es recurrir a los ataques suicidas con nuestros aviones. Habrá voluntarios más que suficientes para lograr salvar a nuestro país", dijo.

La primera fuerza kamikaze estaba compuesta de 24 pilotos voluntarios del 201° grupo aéreo de la Marina Imperial. Los objetivos eran los portaaviones de escolta estadounidenses. Uno, el San Lo, fue atacada por un caza A6M Zero y se hundió en menos de una hora, llevando a la muerte a 100 estadounidenses. Más de cinco mil pilotos suicidas murieron en el golfo, destruyendo 34 naves. La tendencia iba a repetirse. Y los candidatos fueron luego pilotos adolescentes, de apenas 18 años.

El sacrificio extremo no impidió la conquista aliada de Filipinas, de Iwo Jima y Okinawa, hasta la capital de Tokyo.

Para sus incursiones, los kamikaze emplearon vehículos convencionales y aviones repletos de explosivos o benzina, preparados especialmente y a los que los japoneses llamaron Ohka ("flores de cerezo"). Los estadounidenses los llamaron Baka ("engaño"), al ver que se trataba de vehículos-cohetes desenganchados de los bombarderos.

La tradición de la muerte en lugar de la derrota, de la captura y de la vergüenza percibida se arraigó profundamente en la cultura de los militares japoneses. Fue la base de los principios de la vida y su código de samurai, Bushido: lealtad y el honor hasta la muerte.

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