12 de Diciembre de 2017

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Calaveras y fe cristiana comparten el poder en Bolivia

El cementerio de La Paz volvió a transformarse en el escenario de la festividad de las 'Ñatitas'.

Indígenas aimaras esperan la misa de las Ñatitas, eL sábado 8 de noviembre de 2014, en el cementerio de La Paz, escenario para la mezcla de fe en los poderes de calaveras y la fe cristiana. (Foto: EFE)
Indígenas aimaras esperan la misa de las Ñatitas, eL sábado 8 de noviembre de 2014, en el cementerio de La Paz, escenario para la mezcla de fe en los poderes de calaveras y la fe cristiana. (Foto: EFE)
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EFE
LA PAZ, Bolivia.- El cementerio de La Paz volvió a transformarse este sábado en un escenario de la mezcla de la práctica de la fe cristiana y la fe en los poderes de las calaveras con motivo de la festividad de las "Ñatitas", cuyos devotos no sienten conflicto alguno por esa combinación.

Como cada 8 de noviembre, los bolivianos creyentes en las llamadas "Ñatitas" o calaveras ocuparon el camposanto para situarlas en pequeños altares improvisados en la capilla, al paso, en los mausoleos y en los nichos para que reciban veneraciones.

La mayoría de los devotos son indígenas aimaras, herederos de una costumbre prehispánica andina de adoración de los cráneos, pero que hoy también es seguida con fervor por clases sociales urbanas.

Creencias y la Iglesia

Desde la antigua cultura Tiahuanaco, que tuvo su epicentro en el altiplano de Bolivia, existe la creencia de que los cráneos de los familiares e incluso de los desconocidos son el origen de poderes mágicos y fuerzas ocultas que dan protección frente a maleficios.

La Iglesia católica boliviana ha advertido varias veces a sus fieles de que esta veneración no está de acuerdo con su fe y que los restos mortales no pueden ser profanados y deben ser respetados hasta la resurrección de los muertos que proclama el cristianismo.

Las reflexiones en ese sentido, en español y en aimara, fueron repetidas hoy dos veces por el sacerdote Jaime Fernández, el párroco del templo del cementerio, ante los centenares de fieles de las "Ñatitas" que le exigían una misa dedicada a sus calaveras.

Hace cinco años que el párroco ya no realiza la celebración eucarística para no fomentar la adoración de los cráneos debido a una instrucción del Arzobispado de La Paz, aunque hoy se vio obligado a hacer las reflexiones ante centenares reunidos en su capilla con calaveras en urnas de cristal o en cajas de cartón.

De lo religioso a lo pagano

Los seguidores de las "Ñatitas", llamadas así porque los cráneos no tienen nariz, dijeron a Efe que las palabras del párroco igual se pueden considerar como una misa para sus calaveras, así que se dieron por satisfechos con su presencia en dos ocasiones.

A esa mezcla de la fe en las calaveras y la fe cristiana se añade un tercer elemento con las fiestas privadas que organizaron los devotos más prósperos, llamados "prestes", con abundante alcohol y comida para decenas de personas, tras abandonar el cementerio.

Uno de los devotos más antiguos, Félix Limachi, que desde hace tres décadas tiene en su casa a las calaveras bautizadas como Martín Cirilo, Rosalita y Edwin, comentó a Efe que no solo las venera en este día, sino cada lunes porque son parte de su familia.

"Viven con nosotros y todos los días lunes las puertas de mi casa están abiertas para que vengan (otros fieles), pero tienen que hacerlo con fe", dijo Limachi, que se siente favorecido con las bendiciones de las "Ñatitas", en especial de Martín Cirilo, en la "salud, el trabajo y el amor".

Agregó que ya que el culto tiene miles de seguidores estos tienen que pedir al Arzobispado de La Paz mayor comprensión sobre sus tradiciones para que otra vez se celebren las misas oficiales.

Nombres y vestuarios

Los cráneos son bautizados con nombres como Hilario, Susy, Marianita, Hortencia, Josefina y Jacintito, que están bordados en gorras de lana o sombreros, lo que les otorga un aire de familiaridad que merma la impresión que causa la manipulación de restos humanos.

Además, los devotos llenan de coronas de flores los cráneos, les ponen cigarros y hojas de coca entre las mandíbulas, pero sobre todo les acompañan durante horas contando historias sobre las almas de esas personas que, según dicen, les fueron reveladas en sueños.

Otro fiel con diez años en la tradición es el periodista paceño Rafael Alvis, quien tiene una "calaverita" bautizada como "chileno".
"Es nuestro nexo con Dios. Nosotros le pedimos a Dios por medio de él. No maldades, sino bondades. Le pedimos que nos ilumine. Me ha ayudado a conseguir trabajo", sostuvo Alvis a Efe.

Los seguidores explicaron que obtuvieron los cráneos de estudiantes de medicina o que son de sus familiares difuntos, pero que son separados de los esqueletos antes de las incineraciones de restos que se acostumbran cuando llevan varios años enterrados.

Esta es la única vez del año que los devotos pueden llevar sin problemas las "Ñatitas" al cementerio porque en otras fechas pueden ser detenidos debido a la sospecha de la profanación de tumbas que, de hecho, es otra forma de conseguir las calaveras. 

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