23 de Septiembre de 2018

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Venezolanos se refugian en el Evangelio

Cerrados desde los años 80, los cines de Caracas fueron convertidos en templos evangélicos donde acuden cientos de habitantes domingo a domingo.

Las viejas salas de cine fueron adquiridas por el importante consorcio religioso de Brasil, cuyo slogan es “Pare de sufrir”. (taringa.net)
Las viejas salas de cine fueron adquiridas por el importante consorcio religioso de Brasil, cuyo slogan es “Pare de sufrir”. (taringa.net)
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Agencias
CARACAS, Venezuela.- Los cines de Caracas, otrora sitios para el divertimiento y la recreación, fueron convertidos en templos evangélicos, donde domingo a domingo cientos de caraqueños acuden masivamente en busca de un milagro para sus males.

“La mayoría de estas viejas salas de cines, prácticamente abandonadas, fueron adquiridas por un importante consorcio religioso de Brasil, cuyo slogan es “Pare de sufrir”, precisó el cineasta y dramaturgo Luis Montañez, autor de la obra “Radiografía de una ciudad”.

Montañez, en conversación con Notimex, destacó que el cierre de las salas de cine se acentuó a partir de los años 80, con la aparición de los reproductores de video (Beta y VHS), la televisión por cable y el incremento de la inseguridad personal en las calles de Caracas.

“Este último fenómeno definitivamente ahuyentó de las funciones de cine nocturnas a los caraqueños, quienes prefirieron y aun prefieren quedarse en la comodidad del hogar, compartiendo una película en video con su grupo familiar”, afirmó.

Señaló que la escasa asistencia a los cines produjo poco a poco el cierre de estos, y que “asimismo muchas de estas salas fueron demolidas haciéndose hoy difícil determinar donde estuvieron ubicadas, ya que no quedó vestigio alguno de ellas”.

“Otras vetustas salas como el Broadway, Rivoli, Imperial, Propatria, Mis Encantos, Continental, Ayacucho y Principal fueron adquiridas por iglesias evangélicas, y en su interior aún permanecen arrumados los viejos proyectores y latas de película”, añadió.

El cineasta resaltó que en la década pasada el Rialto, el primer cine del país, que para el momento de su inauguración en 1936, tenía nada menos que mil 900 butacas, desapareció ante el avance de la modernidad.

José Mogollón, exoperador del teatro Radio City, lamentó que tantas salas de cine fueran devastadas como si no valieran nada, cuando muchas de ellas fueron construidas por grandes arquitectos, como Gustavo Wallis, Carlos Guinand, Alejandro Chataing, o Rafael Bergamín.

Comentó que la modernidad hizo desaparecer estas salas, tan diferentes unas de otras, cada una con una personalidad marcada. “Salas con palco, gradas y en algunas ocasiones hasta con teatro y restaurante a la carta, como el cine Lido.

“De las viejas salas queda muy poco, pues ningún organismo se ocupó nunca de protegerlas como bien patrimonial, como recuerdo y testigo de toda una época. Solo quedan unas pocas fachadas, y visto el poco interés que despiertan, pronto pasarán también a la historia”, remató Mogollón.

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