22 de Septiembre de 2018

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Se desata el 'infierno' en cárceles de Brasil

Una de las prisiones no ha podido ser controlada por la autoridad; la semana pasada, motines dejaron 18 reos muertos.

Organismos de derechos humanos denuncian las severas precariedades de las prisiones brasileñas y denuncian que la autoridad no tiene voluntad de mejorar las condiciones de los reos. (EFE)
Organismos de derechos humanos denuncian las severas precariedades de las prisiones brasileñas y denuncian que la autoridad no tiene voluntad de mejorar las condiciones de los reos. (EFE)
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EFE
RÍO DE JANEIRO, Brasil.- Una rebelión de presos en el centro de detención provisional de Putim, en la ciudad de San José dos Campos, en Sao Paulo, inició las primeras horas de este jueves sin que hasta el momento la autoridad tome el control del complejo penitenciario.

Imágenes de la televisión brasileñas mostraron a los presos en el tejado del edificio, algunos armados con palos, exhibiendo mensajes en los que reclaman mejores condiciones de confinamiento.

Al menos un agente penitenciario fue retenido por los presos, mientras policías de cuerpos especiales trataban de acceder a las zonas amotinadas del recinto para contener la violencia, evitar fugas y negociar el fin del motín.

La mayoría de los 18 muertos de los motines de la semana pasada no han sido identificados debido a que sus cadáveres fueron calcinados

La esposa de uno de los presos dijo al portal de información brasileño G1 que los encarcelados exigen mejor calidad en la alimentación, mejor trato a visitantes y mayor espacio para albergar presos, ya que el centro tiene capacidad para 525 personas y en la actualidad tiene mil 172 internos.

La muerte de 18 presos -registradas hasta este momento- en motines en cárceles del noreste de Brasil es el último capítulo de la historia negra del sistema penitenciario del país, marcado por la violencia, el hacinamiento y la incapacidad de las autoridades para atajar el problema.

"Es desgraciadamente común en Brasil que ocurran motines como ese y tiene mucho que ver con el hacinamiento del sistema, lo que genera una situación de falta de control por parte de las autoridades", señaló a Efe el investigador de Human Rights Watch (HRW), César Muñoz.

Muñoz se refiere a los motines registrados en cinco cárceles del estado de Ceará que el pasado fin de semana. La mayoría de los muertos aún no han sido identificados porque sus cuerpos quedaron calcinados por los incendios que se desataron en las revueltas.

El hacinamiento, continúa, es uno de los factores desencadenantes de la mayoría de los motines en un sistema penitenciario colapsado, con una población carcelaria de 622 mil 200 personas pero con capacidad solo para 371 mil 884 plazas, según el último informe del Ministerio de Justicia.

Enorme cifra de muertes

De acuerdo con el investigador español numerosos presidios están sometidos al control de organizaciones criminales cuya "rivalidad" genera situaciones "espeluznantes" y provoca un "número enorme de muertes" e incluso algún caso de "canibalismo".

Una de las situaciones más graves, recuerda, se produjo en una prisión del estado de Maranhao, donde durante un enfrentamiento entre bandas, "mataron a una persona, la desmembraron y cocinaron ciertas partes de su cuerpo", comentó Muñoz.

El experto documentó la existencia, en presidios del estado de Pernambuco, de los llamados 'llaveros', presos que dirigen el interior de las cárceles en connivencia con las autoridades.

"La superpoblación tal vez sea el mayor de los problemas, porque lleva a las rebeliones que producen violencia, secuestros y muertos", concordó el exdiputado Domingos Dutra.

En 2011, el entonces diputado por el Partido de los Trabajadores, defendió en la Cámara Baja un proyecto para la creación de un Estatuto Penitenciario Nacional que acabó enterrado en el limbo legislativo.

Sistema podrido

Dutra defiende desde hace años que la adopción de medidas que alivien la situación de hacinamiento y mejoren las condiciones de vida en los presidios no solo "beneficiaría" a los presos sino que redundaría en una caída de la criminalidad en el país.

"El sistema carcelario brasileño está podrido. Es una fábrica de criminales, de la que las personas salen peor de lo que entraron", denunció Dutra.

En similares términos se expresó Ilona Szabó, directora ejecutiva del Instituto Igarapé, un 'think tank' con sede en Río de Janeiro, que tiene como objetivo la integración de los planes nacionales de seguridad, justicia y desarrollo.
"En presidios dominados por la principal facción criminal paulista, es la propia facción quien se encarga de las familias de los presos", afirmó Szabó, quien añadió que esta situación provoca que "ante la falta de Estado, aparecen los criminales" de forma que, cuando salen, esos reos no tienen "otra opción que pagar su deuda".

Existe explotación

En Río de Janeiro se encuentra el Complejo Penitenciario de Gericinó, popularmente conocido como Bangú, que agrupa un total de 26 prisiones, entre ellas el presidio Laércio da Costa Pellegrino, de máxima seguridad, compuesto por cuatro galerías separadas, en la que hasta 48 presos cumplen períodos de aislamiento por causas disciplinarias.

Allí, cada una de las tres principales organizaciones criminales de Río de Janeiro -Comando Vermelho, Terceiro Comando Puro y Amigos dos Amigos- tiene su propia galería, como reconoció el responsable de la Secretaría Estatal de Administración Penitenciaria de Río de Janeiro (SEAP-RJ), el coronel Erir Ribeiro Costa Filho.

"Si colocamos en una misma unidad facciones diferentes y ocurre alguna muerte, (la responsabilidad) va a recaer sobre nosotros que estamos administrando el sistema penitenciario", defendió Ribeiro Costa Filho.

"Existe una cierta explotación de otros presos, sí; pero también son ellos los que más combatieron la violencia en el sistema penitenciario. Si no fuera por esas facciones criminales, tendríamos mucha más violencia en los presidios", reconoció el padre Valdir João Silveira, coordinador nacional de la Pastoral Carceária, una institución que lleva años denunciando esta situación.

Elaine, una mujer de mediana edad que visita regularmente a su marido, que cumple cinco años de condena en Bangú, coincide con Silveira: "los presos se respetan entre sí".

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