22 de Mayo de 2018

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Cavan fosa en la frontera Afganistán-Pakistán

El objetivo es impedir el cruce de separatistas, contrabandistas y guerrilleros en un esfuerzo por poner orden en una región tribal anárquica.

Un guardia fronterizo paquistaní vigila la zona donde una excavadora cava una zanja a lo largo de la frontera entre Afganistán y Pakistán en el puesto de Chaman en Pakistán. (Agencias)
Un guardia fronterizo paquistaní vigila la zona donde una excavadora cava una zanja a lo largo de la frontera entre Afganistán y Pakistán en el puesto de Chaman en Pakistán. (Agencias)
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Agencias
KANDAHAR, Afganistán.- En un sector disputado de la frontera con Afganistán, Pakistán está cavando una enorme fosa con la que busca impedir el cruce de separatistas, contrabandistas y guerrilleros en un esfuerzo por poner orden en una región tribal anárquica.

Pero igual que el Muro de Berlín o el de la Margen Occidental del río Jordán en Israel, esta fosa de 485 kilómetros (300 millas) está delineando una frontera que la gente de la zona siempre consideró artificial, dividiendo familias y afectando el comercio. También está aumentando las tensiones entre Afganistán y Pakistán, que se acusan mutuamente de hacer la vista gorda ante la presencia de guerrilleros.

La fosa cubre parte de la frontera de dos mil 640 kilómetros de la Línea de Durand, como se conoce al sector de la frontera trazado por el diplomático británico Mortimer Durand en 1893 y que ahora es reconocida internacionalmente. El gobierno actual de Afganistán, sin embargo, jamás reconoció esa frontera, ni tampoco lo han hecho las numerosas comunidades tribales que habitan allí y que están acostumbradas a ir y venir de un lado a otro libremente. Algunos tienen tierras en ambos lados de esa línea.

La hondonada está siendo excavada en la provincia paquistana de Baluchistán, poblada por rebeldes que combaten el gobierno de Islamabad desde hace décadas, exigiendo mayor autonomía y participación en las industrias del petróleo, el gas, el cobre y el oro de la región. Es una obra que arruina el paisaje, un gigantesco surco de tres metros de ancho y 2,4 metros de profundidad que ya vivorea a lo largo de 180 kilómetros de esta zona desértica.

La policía de fronteras dijo recientemente en un comunicado que la fosa "no solo ayudará a controlar efectivamente el movimiento de drogas, armas y municiones de contrabando, sino también a contener las incursiones de terroristas e inmigrantes ilegales". Pakistán teme que las armas que ingresan por allí terminen en manos de los numerosos grupos de insurgentes que operan en el país, incluido el Talibán.

Kabul cree que la fosa es parte de una campaña desestabilizadora de Pakistán, al que considera la fuente de la insurgencia del Talibán, que combate desde hace 13 años con apoyo de Estados Unidos y la OTAN.

La hondonada está siendo excavada en la provincia paquistana de Baluchistán, poblada por rebeldes que combaten el gobierno de Islamabad desde hace décadas

"Para empezar, la gente de aquí jamás aceptó la frontera entre Pakistán y Afganistán", sostuvo el general Abdul Raziq, jefe de la policía de la provincia afgana de Kandahar, fronteriza con Baluchistán.

"Pakistán no está haciendo nada para controlar el terrorismo. Si quieren ponerle fin, que dejen de producirlo", agregó Raziq, quien tiene fama de combatir implacablemente al Talibán. "Esta fosa busca delinear la frontera y apoderarse de tierra que nos pertenece".

Pakistán insiste en que está empeñada en combatir las organizaciones extremistas y destaca la ofensiva masiva que lanzó hace poco en el norte de Waziristán, en la frontera con Afganistán. Pero varios analistas coinciden en que Islamabad hace una distinción entre el Talibán paquistaní, con el que está en guerra, y el afgano, al que tolera y ve como una forma de mantener influencia en Kabul.

En este contexto, los afganos ven la fosa no como una medida contra el terrorismo sino como una afrenta.

"Esto nunca será aceptable para los afganos", afirmó el ex ministro de Asuntos Tribales y de la Frontera afgano Akram Akhbelwak, quien fue destituido esta semana en medio de una renovación del gabinete del presidente Ashraf Ghani.

"La fosa y la frontera tribal son totalmente ilegales. Son medidas que crean problemas entre las tribus y nunca resolverán los problemas entre los dos países", aseguró.

Tras asumir en septiembre, el gobierno de Ghani firmó acuerdos con Washington y con la OTAN que permiten una presencia militar internacional continua una vez que concluya la misión de combate el 31 de diciembre. Los insurgentes, por su parte, han intensificado su guerra contra el gobierno lanzando una serie de sonados ataques en Kabul.

La construcción de la fosa, mientras tanto, continúa ante la desazón de los residentes de la frontera.

"Mi tierra es lo único que me dejaron mis antepasados y ahora parte de ella está del otro lado de la frontera y no puedo hacer nada al respecto", se quejó el anciano Muhammad Ghaffar, quien como tantos otros en la región iba y venía a placer por la frontera.

Para Abdullah Jaanan, que trabaja en la lucha contra el polio, una enfermedad endémica en Pakistán, Afganistán y Nigeria, la fosa puede tener consecuencias devastadoras en esa batalla.

"¿Cómo hago para visitar las casas que quedaron del otro lado de la fosa?", preguntó.

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