19 de Septiembre de 2018

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El ébola, más mortífero que el Sida

Diferencias entre los virus del Sida y el ébola: el primero puede controlarse con medicamentos; el segundo, sin cura ni tratamiento.

El ébola es tan contagioso que ni los doctores con trajes especiales están a salvo del contagio. (AP)
El ébola es tan contagioso que ni los doctores con trajes especiales están a salvo del contagio. (AP)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- Ambos son virus, son mortales y se originaron en África, pero entre el ébola y el VIH hay enormes diferencias, sobre todo en el mecanismo de acción, a pesar de que los científicos creen que ambos virus surgieron de la jungla africana.

El VIH se transmite al igual que el Ébola mediante intercambio de fluidos, pero el primero es mucho menos contagioso.

El VIH incuba dentro del cuerpo por un periodo de varios años, lo que ha hecho que penetre en todos los rincones del planeta.

El VIH es un virus que se adhiere a los linfocitos T, las células encargadas del sistema inmunológico del ser humano que combate infecciones y enfermedades. El virus destruye a dichos linfocitos lo que puede hacer letal una simple gripe.

Una persona sana tiene entre 500 y mil linfocitos T CD4 por mililitro de sangre. Cuando producto del VIH ese conteo baja a menos de 200 linfocitos, la persona desarrolla el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida).

De esta forma, el VIH no mata directamente a un ser humano, sino que lo hace una enfermedad causada por la falta de defensas o el síndrome.

En cambio, el ébola tiene una incubación muy corta, de menos de un mes, lo que deriva en la muerte del paciente en el 92% de los casos en días o semanas.

Ataque directo

Al igual que el VIH, el ébola puede transmitirse por la vía sexual durante relaciones sexuales no protegidas. Altas concentraciones de ébola están presentes en el semen de los contagiados, pero también en la saliva e inclusive las lágrimas.

Pero a diferencia del VIH, el ébola ataca directamente a la persona, la cual sufre de fiebre, dolor de músculos, fatiga, delirio, alucinaciones, sarpullido, sangrado de nariz, orejas, ojos y genitales, vómito, diarrea y deshidratación.

Los pacientes mueren por el choque hipovolémico causado por la pérdida acelerada de sangre.

Mientras que el virus del VIH puede detenerse poniendo una barrera entre una persona infectada y una sana, como por ejemplo un condón durante las relaciones sexuales, el ébola es tan altamente contagioso que ni siquiera los doctores con trajes especiales están 100% a salvo de una infección.

Ni el peor cáncer

El ébola “pudre” los tejidos y la carne, destruye los ojos y convierte a un cuerpo en una masa sin forma dejando intactos sólo los huesos, algo que ni el peor cáncer provocado por el SIDA podría provocar. Es por ello que el ébola es manejado en laboratorios como si fuera un arma biológica. 

El ébola está catalogado como un agente de bioseguridad de nivel 4, así como un agente de bioterrorismo de categoría A por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, por lo que se le considera capaz de ocasionar pánico en la comunidad y generar disturbios sociales.

Mientras que una persona con VIH en estado avanzado y al borde de la muerte puede alcanzar hasta 3 millones de copias por mililitro de sangre, una sola gota de sangre de una persona infectada con ébola puede contener cientos de millones de copias.

Quizá la diferencia más importante es que aunque el VIH puede controlarse mediante medicamentos antirretrovirales -lo que posibilita el mantenerlo “a raya” y que una persona pueda vivir de forma normal- en el caso del ébola no existe cura ni tratamiento efectivo.

(Información de Excélsior)

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