20 de Septiembre de 2018

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La confesión no debe ser una tortura: Papa Francisco

El Pontífice exhorta a confesores dejarse 'educar por el sacramento de la confesión y hacer la experiencia de la vergüenza de sus propios pecados'.

El Pontífice recordó, entre los aplausos de los presentes, que hoy es el 57 aniversario de su ingreso a la vida religiosa. (AP)
El Pontífice recordó, entre los aplausos de los presentes, que hoy es el 57 aniversario de su ingreso a la vida religiosa. (AP)
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Agencias
CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Francisco afirmó hoy ante los participantes del curso en la Penitenciaría Apostólica que "incluso el más grande pecador que viene frente a Dios a pedir perdón es tierra sacra", según informó el sitio web de Ansa.

"Y también yo, que debo perdonarlo en nombre de Dios, puedo hacer cosas más feas que las que hizo él", agregó Francisco, que con palabras no preparadas pidió ayuda a la Virgen: "Ella sabe cómo ayudarnos a nosotros pecadores, ella que siempre es refugio de los pecadores y busca el camino para que El perdone todo, que El nos enseñe este arte".

"El Sacramento de la Reconciliación hace presente con especial eficacia el rostro misericordioso de Dios, lo hace concreto y lo manifiesta continuamente", dijo Jorge Bergoglio al recibir hoy a los participantes del curso anual sobre el Foro Interno organizado por la Penitenciaria Apostólica.

El curso tiene como fin pastoral ayudar a los nuevos sacerdotes y candidatos al Orden Sagrado a administrar rectamente el Sacramento de la Reconciliación. El Pontífice recordó, entre los aplausos de los presentes, que hoy es el 57 aniversario de su ingreso a la vida religiosa.

"No lo olvidemos nunca -subrayó el pontífice- ya sea como penitentes que como confesores: no existe ningún pecado que Dios no pueda perdonar. ¡Ninguno! Sólo lo que es sustraído a la divina misericordia no puede ser perdonado, como quien se sustrae al sol no puede ser iluminado ni reconfortado".

"Tantas veces se confunde la misericordia con el ser un confesor de manga ancha, pero piensen: ni el confesor de manga ancha ni el confesor rígido son misericordiosos, porque ninguno de los dos toma de la mano al penitente como un hermano, no lo toma de la mano, no lo acompaña en el recorrido de conversión". "En cambio el misericordioso lo escucha y lo acompaña, porque la conversión comienza quizás hoy pero debe continuar con perseverancia", subrayó el Papa.

"El confesor de manga ancha -explicó Francisco, siempre improvisando- es el que te dice 'sigue adelante, esto no es pecado'; el otro confesor rígido sólo sabe decir 'la ley dice', pero ninguno de los acompaña el proceso de conversión. En cambio el confesor misericordioso" sí lo hace "porque misericordia significa tomar por la mano al hermano o la hermana y ayudarlos a caminar".

El confesor misericordioso es el que "reza, llora, sabe que es más pecador que el penitente y que si no hizo la cosa fea que dice el penitente, es por simple gracia de Dios".

El Papa exhortó a los confesores a dejarse "educar por el sacramento de la confesión y hacer la experiencia de la vergüenza, avergonzarse de los propios pecados".

"La confesión no debe ser una tortura, sino que todos deberían salir del confesionario con felicidad en el corazón, con el rostro radiante de esperanza: aunque a veces, lo sabemos, mojado por las lágrimas de la conversión y de la alegría que de ella derivan", subrayó.

Francisco precisó que el sacramento y los actos del penitente no implican que éste se transforme en un pesado interrogatorio, fastidioso e invasivo, sino que por el contrario "debe ser un encuentro liberador y rico de humanidad, a través del cual poder educar a la misericordia, que no excluye, es más, incluye también el justo compromiso de reparar, en lo posible, el mal cometido".

En la confesión "también el modo de escuchar debe ser sobrenatural, es necesario escuchar al penitente de modo sobrenatural, en modo divino, respetuoso de la dignidad y de la historia personal de cada uno, para que pueda comprender qué quiere Dios de él". "Somos ministros de la misericordia, por misericordia de Dios no tenemos que perder nunca esta mirada, somos pecadores y tenemos que sentirlo", concluyó el Papa.

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