15 de Octubre de 2018

Mundo

'No son niños, son monstruos y merecen morir'

Ante el temor que han generado en la ciudad, la sociedad y las autoridades han decido terminar con ellos.

Una menor observa a un policía durante una operación de pacificación en la favela de Jacarezinho, en Río de Janeiro. (Reuters)
Una menor observa a un policía durante una operación de pacificación en la favela de Jacarezinho, en Río de Janeiro. (Reuters)
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Agencias
RÍO DE JANEIRO, Brasil.- Los hechos criminales que involucran a niños son cada vez más comunes en las calles de Río de Janeiro. La población está cansada y exige medidas extremas, incluso, responder con más violencia organizada. Muchos llegan a pedir la muerte de los atacantes.

Los teléfonos móviles de última generación son el principal objetivo de las bandas integradas por menores. Los robos a autobuses se multiplicaron y mucha gente hasta tiene miedo de salir de sus casas.

Una de las víctimas fue Isabella, quien viajaba en un autobús cuando "20 niños entraron por la puerta trasera con piedras en sus manos". De allí en adelante, según publicó El Confidencial, para ella todo fue de terror.

"Hubo gritos, peleas, agresiones a los pasajeros, olor a marihuana, un pandemonio". No los dejaban bajar y los amenazaban: "Todo el mundo va a morir".

Cuando finalmente un policía logró hacer descender a los pasajeros, "algunos proyectos de monstruos se reían". El cierre de su historia refleja una sensación cada vez más común entre los cariocas, según publica el sitio web actualidad.rt.com.

"Recordar aquellas expresiones en sus rostros, de maldad y de placer en hacer daño a los demás, me convence de que la maldad existe. Lo afirmo de nuevo: no son niños, no es por falta de oportunidades. Son delincuentes, bandidos, monstruos. Y existe un único lugar para ellos: muertos”.

¿Qué hicieron las autoridades para detener esta ola de violencia en una ciudad que, en menos de un año, recibirá a millones de personas durante los Juegos Olímpicos? Se lanzó a cazar a los menores. De acuerdo con los datos publicados por el portal, 700 policías militares y 300 guardias municipales participaron en un operativo de patrullaje de varias líneas de colectivo en busca de chicos que viajaran solos y sin dinero para pagar su pasaje.

Como consecuencia del procedimiento, decenas de chicos fueron detenidos, muchos eran menores de 12 años. Más allá de la edad, todos compartían las mismas características: eran pobres y vivían en barrios marginales.

Los prejuicios y las estigmatizaciones se volvieron frecuentes: 86.6 por ciento de los arrestados el verano pasado fueron negros, al igual que, según Amnistía Internacional, 77 por ciento de los jóvenes asesinados en Brasil de entre 15 y 29.

Violencia es la respuesta de la sociedad

La violencia se generalizó y se formaron grupos que buscan justicia por mano propia. Son los denominados "justicieros", los "amantes del gimnasio" que salen a las calles y a las playas con sus bates de béisbol para atacar a quienes les resultan sospechosos. No les importa si son delincuentes o no. 

"El próximo fin de semana quiero ir a la playa con los amigos del gimnasio. Seremos 32 con 12 pitbulls y algunos enseres que pueden resultar útiles. Queremos montarnos en el bus 474 y ver quién está allí dentro", fue una de las advertencias.

Las imágenes de violencia racial y de torturas se volvieron comunes. Las redes sociales se hicieron eco de ellas y las impulsaron. Incluso, algunos medios de comunicación realizaron un polémico apoyo a la "legítima defensa colectiva" y les pidieron a los defensores de los derechos humanos que adopten un "bandido" y le hagan "un favor a Brasil".

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