16 de Agosto de 2018

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El abuelo gentil de los geranios era un asesino nazi

Erich Priebke, exoficial de Hitler y quien participó de la matanza de 335 civiles, murió este viernes a la edad de 100 años.

Imagen del 19 de julio de 1996, cuando Erich Priebke, arribaba a una corte militar en Roma. (AP)
Imagen del 19 de julio de 1996, cuando Erich Priebke, arribaba a una corte militar en Roma. (AP)
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Agencias
BUENOS AIRES, Argentina.- Nadie lo podía creer en Bariloche, 1,300 kilómetros al sur de Buenos Aires, en 1994, cuando de pronto se supo que ese abuelito gentil que regaba puntualmente los geranios rojos de su jardín y se hacía llamar don Erico, era Erich Priebke un feroz asesino nazi.

El ex oficial de las huestes de Adolfo Hitler que participó de la matanza de 335 civiles en las Fosas Ardeatinas, en las afueras de Roma, durante la Segunda Guerra Mundial, y que murió este viernes en la capital italiana, se había ganado simpatías en esa localidad patagónica, enmarcada por montañas nevadas y hermosos lagos azul profundo.

Tras la guerra, escapó a Argentina, primero a Buenos Aires y luego, en 1954, se instaló con su mujer en la pintoresca Bariloche.

Había sido en sus años jóvenes un Hauptsturmfuhrer de las SS y autor de uno de los más terribles crímenes de guerra hasta entonces conocidos. 

Un vecino ejemplar

Don Erico había alcanzado el máximo prestigio en una comunidad turística tranquila, solo sobresaltada, de a ratos, por el rumor de las aguas del lago Nahuel Huapi.

Incluso había estado al frente del Instituto Cultural Germano Argentino de Bariloche, y su colegio primario y secundario: el Instituto Primo Capraro.

Todo eso, junto a su delicado ademán al saludar a las mujeres, lo había convertido en "un vecino ejemplar" y un pilar de la sociedad de ese punto patagónico.

La difusión de su verdadera historia causó un impacto enorme en la sociedad de Bariloche, que en 1994 se resistió a creer que aquel prístino ejemplar de los suburbios berlineses era lo que la prensa internacional y la justicia decían de él.

Hasta un periódico local realizó una campaña mediática a favor de Priebke, en la que se resaltaban las acciones de bien llevadas a cabo por él y en la que se ponía en seria duda que un afable abuelo y ciudadano ejemplar fuera portador de un pasado tan sórdido.

Y no faltó un grupo de vecinos entusiastas y solidarios que, molestos por la presencia policial en torno al jardín de geranios de Priebke, denunció a las fuerzas de seguridad.

Periodista lo descubrió

Fue descubierto, en 1994, por un equipo de la cadena de televisión estadounidense ABC, que admitió que lo detectó gracias al trabajo de investigación del periodista local Esteban Buch en su libro "El pintor de la Suiza Argentina".

En ese encuentro, un Priebke ya mayor, con la apariencia de un jubilado gentil y amable respondió sobre los hechos de 1944 con increíble cinismo. "Sí, estaba allí", dijo. "Pero eso fue ordenado por nuestros (comandantes)", se excusó sobre la matanza de las Fosas Ardeatinas.

"No cometimos un crimen. Una orden era una orden y yo tenía que ejecutarla", afirmó en la entrevista que, una vez divulgada, dejó perplejos a los habitantes de Bariloche, quienes tenían a Priebke como "un vecino ejemplar", un destacado miembro de la comunidad.   

En una entrevista que concedió al diario argentino La Nación en 1998, Erich Priebke insistió varias veces en que no estaba arrepentido. Tampoco lo hizo más tarde.

"Nunca oímos disculpas, ni de su propia boca o de sus abogados, que pidiera disculpas. Podría haber dicho: 'Tenía 20 años, era joven, no lo haría otra vez'. Pero no lo hizo", dijo alguna vez en Buenos Aires Sebastiano di Lascio, el abogado que representa a la asociación de familiares de víctimas de la matanza de Roma.

Priebke fue extraditado a Italia en 1995 y sentenciado a prisión perpetua en 1998, pero por su edad se le permitió el arresto domiciliario.

Vivió en el último piso de un edificio de una tranquila calle de un barrio cercano al centro de Roma. 

Allí tenía una terraza con una parra a cuya sombra crecían geranios rojos, que el nazi solía regar como en sus plácidos días en Bariloche.

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