24 de Enero de 2018

El Cónclave más largo de la historia

Se llevó a cabo entre 1268 y 1271 en Viterbo, con solo 17 cardenales y fue también uno de los más famosos.

Los cardenats Gianfranco Ravasi (izq) y  Angelo Sodano durante un consistorio en el interior de la Basílica de San Pedro. (Agencias)
Los cardenats Gianfranco Ravasi (izq) y Angelo Sodano durante un consistorio en el interior de la Basílica de San Pedro. (Agencias)
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Agencias
ROMA, Italia.- Hubo una reunión que duró más de 100 días para elegir al Papa, lo que motivó a la Iglesia Católica a instituir oficialmente el Cónclave. El sitio web vaticaninsider.lastampa.it lo recuerda con motivo de la renuncia de Benedicto XVI, y quien a partir del jueves 28 de febrero es Papa Emérito. Esta es la historia:

Érase una vez, hace ocho siglos, un Cónclave (que además fue el primero de la historia digno de llamarse con este nombre, porque fue la primera vez que los cardenales fueron encerrados bajo llave, “clausi cum clave”) duró alrededor de tres años.

No solo es el más largo de la historia de la Iglesia, sino también uno de los más famosos, porque llegaron incluso a quitarle el techo a la sala del Palacio arzobispal de Viterbo, en donde se encontraban reunidos los cardenales, para que se decidieran de una buena vez.

Hubo una Sede vacante que duró 1006 días. Terminó finalmente en 1271 con la elección de Teobaldo Visconti (archidiácono de Lieja), que se encontraba co los cruzados en la Tierra Santa. Tomó el nombre de Gregorio X y fue coronado en marzo del año siguente, cuando volvió a Roma.

Así que no hay que sorprenderse de que dos años después, durante el Concilio de Lyon, él mismo promulgara la constitución apostólica “Ubi periculum”, documento con el que la Iglesia instituyó oficialmente el Cónclave y estableció reglas severísimas, aunque después se irían suavizando con el tiempo.

Cuando murió Clemente IV, el 29 de septiembre de 1268, los 17 cardenales estaban divididos en dos “partidos”

Cuando murió Clemente IV, el 29 de septiembre de 1268, los 17 cardenales estaban divididos en dos “partidos”: 7 u 8 eran filofranceses o güelfos, el resto (aunque dos habrían perdido la vida durante el Cónclave) eran filogermanos o gibelinos.

Esta división, además, no era la única. Los cardenales también estaban divididos por razones diferentes (familiares e incluso personales), por lo que había por lo menos cuatro grupos. Eran solo 17 “electores” y, con todos estos problemas, la posibilidad para llegar a un acuerdo era casi imposible, porque era necesaria la mayoría de dos terceras partes de todos los votos.

Lo que sucedía es muy curioso. Tal vez lograban ponerse de acuerdo y encontrar a un candidato, como cuando el cardenal Octaviano de los Ubaldini propuso la elección de Filippo Benzi, prior general de lso Siervos de María en olor de santidad.

Claro, cuando el propuesto se enteró, rechazó tan gran honor (y sobre todo responsabilidad) y huyó para encerrarse en una gruta en el Monte Amiata, que todavía hoy lleva su nombre. Parece que incluso Bonaventura de Bagnoregio, séptimo sucesor de San Francisco de Asís como general de la Orden Franciscana, se negó rotundamente al trono de Pedro.

Mientras tanto, en Viterbo la historia continuaba su curso y seguían sucediendo cosas muy significativas. Más bien dramáticas, como el asesinato de Enrico di Cornovaglia (sobrino de Enrique III de Inglaterra) durante la Misa en la Iglesia de San Silvestre. Lo mató a sangre fría el 13 de marzo de 1271 su primo Guido de Montfort, Vicario en Toscana de Carlo d’Anjou.

La ciudad ya no soportaba la situación y después de un poco de tiempo la máxima autoridad civil, Alberto de Montebuono, en compañía del Capitán del pueblo Raniero Gatti, ordenó la clausura de la sala para que los cardenales estuvieran alejados de las presiones exteriores en la gran sala del que hoy se conoce como Palacio de los Papas.

Era el primero de junio de 1270 y la medida, un poco drástica, obligó a los cardenales a tomar una decisión. Como no lo hacían, les redujeron los alimentos y comenzaron a quitar parte del techo de la sala en la que se encontraban los cardenales.

Pero la cosa duró todavía algo más de un año, por lo que tuvieron que nombrar a una comisión para que decidiera. Estaba compuesta por seis cardenales electores y debían decidir quién sería el nuevo Papa. Sorprendentemente se pusieron de acuerdo inmediatamente. Bastaron solo dos horas para que eligieran a Gregorio X.

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